Zaporeak se mantendrá en Chios pese al creciente riesgo de sufrir ataques

La ONG continuará con el suministro de comidas a los refugiados del campo griego de Souda, que han sufrido agresiones en los últimos días

Diario Vasco, JAVIER GUILLENEA | SAN SEBASTIÁN. , 21-11-2016

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«Después de lo que ha pasado le estamos dando vueltas a la idea de que seguro que nos va a tocar, pero no nos vamos a retirar», asegura Pello García Amiano, promotor del proyecto Zaporeak, que da de comer diariamente a 1.500 personas en la isla griega de Chios. Esta semana varios desconocidos han atacado por dos veces consecutivas el campo de refugiados de Souda, a unos dos kilómetros del lugar donde la ONG guipuzcoana tiene instaladas sus cocinas. García Amiano teme que los siguientes sean ellos. No sería la primera vez.

En el campo de Souda, donde viven como pueden un millar de desplazados, la tensión ha aumentado en las últimas semanas. «En los dos últimos días grupos de entre 30 y 60 personas, identificados como fascistas y por lo que se conoce vinculados a Amanecer Dorado, han irrumpido en el campamento durante las noches y han realizado brutales ataques. Han pegado a la gente, han quemado muchas de las carpas en las que se alojaban, han arrojado desde la altura piedras de gran tamaño destrozando muchas tiendas, carpas e instalaciones, e hiriendo a algunas personas, por suerte pocas. No me explico cómo no ha habido más heridos o incluso algún muerto. Llevan dos noches repitiéndose estos ataques, la gente está muy asustada», relata Ainhoa Agós, una pamplonesa que ha participado como voluntaria en Zaporeak.

A mediados de octubre la ONG estrenó en Chios sus nuevas cocinas, después de los continuos sabotajes que habían sufrido dos meses antes sus antiguas instalaciones. En su nueva ubicación todavía no han sufrido agresiones, pero lo sucedido en Souda ha activado todas las alarmas.

El ataque se da por descontado. «Esperemos que sea lo menos posible», dice García Amiano, que insiste en que Zaporeak va a mantener su actividad salvo causa de fuerza mayor. «Nosotros vamos a seguir cocinando, la gente nos dice que los refugiados nos tienen un aprecio impresionante por lo que hacemos y porque ven que cuando hay bronca nos nos movemos», afirma.

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