Un presidente de consenso en la era del populismo

La canciller democristiana Merkel pone la Presidencia de Alemania en manos del socialdemócrata Steinmeier

La Vanguardia, CARMEN VALERO BERLÍN, 15-11-2016

Frente al populismo e intereses partidistas o personales, consenso y respeto absoluto a las instituciones democráticas. Ésa ha sido la lección que los partidos que integran el Gobierno de la canciller Angela Merkel han dado al mundo a la hora de elegir sucesor en la Presidencia de la República Federal al independiente Joachim Gauck, que ha decidido no presentarse a la reelección por considerar que su avanzada edad le impide garantizar al pueblo alemán un buen ejercicio del cargo.

Gauck, de 76 años, cederá el 12 de febrero el relevo al ministro de Exteriores, Frank-Walter Steinmeier, y ahí está la clase magistral de la esfera política alemana. Steinmeier no había mostrado interés en el cargo, no era candidato de la Unión Cristiano Demócrata (CDU) de Merkel y tampoco el de la Unión Social Cristiana (CSU) del primer ministro bávaro, Horst Seehofer. Era el caballo de carrera del Partido Social Demócrata (SPD) que lidera el ministro de Economía Sigmar Gabriel.

Merkel anunció que su partido respaldaría a Steinmeier por ser «un candidato excelente», un representante del «centro político» y para dar «una señal de estabilidad en tiempos de convulsiones internacionales». Dicho de otro modo, un político con talante conciliador en la era del populismo que abre el presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump.

Pese a las alabanzas, la designación de Steinmeier no ha sido para la CDU un hueso fácil de roer. Tampoco para el designado. Para el ministro, el político mejor valorado del país en las encuestas, su elección supone la jubilación política en un cargo protocolario del que no hay retorno. Para la CDU-CSU, la aceptación de un candidato ajeno a sus filas que podrían haber bloqueado con la mayoría de votos que tienen en la Asamblea Federal, órgano formado por las dos cámaras parlamentarias que elige al presidente.

«Steinmeier era el mejor candidato posible para el cargo», declaró Gabriel después de que la CDU-CSU decidieran poner fin a una batalla política que «perjudicara» la Jefatura del Estado como institución y enturbiara las elecciones legislativas de 2017. Y ésa es la madre del cordero. Porque la elección de Steinmeier, más allá de la capacidad de anteponer intereses de Estado a los partidistas o enviar un mensaje anti-Trump a los populistas europeos, cambiará el escenario político alemán.

La primera incógnita que despeja la designación de Steinmeier es que no repetirá como candidato del SPD en las elecciones de otoño, lo que deja el camino libre a Gabriel si éste decidiera postularse como cabeza de lista socialdemócrata. El SPD no ha elegido aún candidato, pero es evidente que mejoran las cartas del debilitado secretario general. La sorpresa podría venir de la remodelación de Gobierno que deberá hacer Merkel cuando Steinmeier deje el Ejecutivo. El nombre que ya se baraja para su sustitución es el del presidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz. En el supuesto de que Schulz decidiera volver a la política alemana, nadie mejor que él en las filas del SPD para asumir Exteriores. Y, como ya especulan algunos analistas, nadie mejor que él para concurrir contra Merkel si Gabriel no recupera fuelle entre las filas en el SPD.

Del lado de la CDU-CSU, la aceptación de Steinmeier les otorga grandeza política, pero con sabor algo amargo. Merkel ha fracasado en su intento de lograr candidato propio, pese a contar con el 43% de votos en la Asamblea Federal. Que se sepa, llamó a las puertas del ministro de Finanzas, Wolfgang Schäuble; de la titular de Defensa, Ursula von der Leyen; del presidente del Bundestag, Norbert Lammert, y a las del presidente del Tribunal Constitucional, Andreas Vosskuhle. Todas se abrieron, pero para decir«no, gracias».

Y es que Merkel nunca ha tenido suerte con la Jefatura del Estado. Sus dos últimos fichajes, Horst Köhler y Christian Wulff, terminaron en tongo. El primero, independiente, dimitió en 2010, un año después de ser reelegido, tras ser duramente criticado por unas declaraciones sobre la participación del ejército alemán en Afganistán. El segundo, de la CDU, dimitió tras dos años al ser acusado por la Fiscalía de un presunto delito de «soborno» del que posteriormente fue exculpado en los tribunales.

Steinmeier no le hará a Merkel perder la cara. El riesgo que asume la canciller es otro. Con la mirada puesta ya en las elecciones, el SPD, Los Verdes y La Izquierda ya hablan abiertamente de formar una alianza progresista con la que desbancar a la CDU-CSU del Gobierno si la suma de sus resultados permiten ese tripartido. La canciller, que aún no ha formalizado su candidatura a la reelección (aunque hay pocas dudas de que lo hará), dejaría en ese caso a la CDU-CSU fuera de juego. A no ser que la estratega Merkel haya desactivado con Gabriel esa posibilidad y Steinmeier sea un pago adelantado.

Texto en la fuente original
(Puede haber caducado)