sobre el barco de Boat Refugee Foundation

María Villar, enfermera de Sesto, en el camino difícil hacia Europa

María Villar, enfermera de Sestao, después de dos años en Inglaterra, viajó al Mediterráneo para salvar vidas y trabajó en el rodaje de ‘Juego de Tronos’

Deia, Un reportaje de Igor G. Vico, 14-11-2016

Se le zurcían los jirones a María Villar (Sestao, 1986) a base de agua salada. A base de lágrimas. “No es malo llorar”, relata con una sonrisa. Es la purga del alma. El retrovisor se le atasca, es una noria. El tiempo, que dijo Miguel Hernández, es un carnívoro cuchillo que amarillea las fotografías. A la enfermera sestaoarra el reloj le cambió la conciencia. Vio pararse el minutero a miles de personas en el mar Mediterráneo, sobre el barco de Boat Refugee Foundation mientras el mundo corría a toda velocidad, a contrarreloj, porque las vidas se derretían sobre una mar que a veces es un plato y a veces es un frenetismo absoluto. La relatividad del reloj, que hiere más que las espadas. Entretanto, 10.000 vidas buscaban escapar del invierno africano al verano europeo entre el 2 y el 4 de octubre en dos noches de auténtica locura. El fin de una historia que acaba “el 80% de las veces” o en la fosa común debajo del agua o en el regreso a África, un zarzal.

Ahí nace la falta de sueño de María, que viajó con la ONG holandesa a la frontera entre la tierra olvidada y la prometida. “La idea de la cooperación me venía de lejos. Al finalizar mis estudios de enfermería busqué opciones, pero no estaba preparada. Después de dos años trabajando en las urgencias de un hospital de Inglaterra se me abrieron muchas puertas”, describe Villar. La primera idea fue Médicos Sin Fronteras, pero con todo avanzado tuvo que posponer su colaboración por “motivos personales”. Se aparcó el tema y comenzó a trabajar en Osakidetza. Pero la idea le rondaba la cabeza. “Valoré ir a un campo de refugiados en las Termópilas, pero salió lo del mar y me lancé a ello”, cuenta. Lo sencillo hubiera sido contactar con un ente estatal, pero “ellos se volcaron conmigo”. La sestaoarra partió a Malta el 22 de septiembre. “Me pusieron todo fácil”, desgrana.

Así las cosas, define Villar que “imaginas lo que puede haber en el agua, lo hemos visto en mil fotos, lo puedo contar, pero no es ni la mitad de lo que hay. Es terrible”. El Mediterráneo es una pesadilla. Recuerda cómo los migrantes tenían ataques de ansiedad y “peleaban por sobrevivir”. “Se muerden y se pegan. Es supervivencia”, asevera la enfermera, quien agrega que “cuando te encuentras con gente que ha perdido a su familia y ha navegado kilómetros con los cadáveres al lado, ¿qué les dices? No hay consuelo en este mundo para ese dolor. Hasta que no lo vives no eres consciente. Muchas veces lo pensábamos y cualquiera de los que estábamos en el barco hubiera peleado igual por vivir”.

Así las cosas, los enemigos se encuentran en tierra y en la mar las lágrimas desaparecen. Igual que los cuerpos. “Hay sirios, libios y yemeníes que escapan de la guerra. Son gente como nosotros, con móviles mejores que el que tengo yo, ropa de marca y colonia cara. Ellos siempre se quedaban los últimos y eran los que siempre nos ayudaban. También hay africanos, de Gambia o Congo, que vienen sin nada. Algunas llegan embarazadas, con niños y lo aguantan todo. Nunca se quejan. ¿Cómo tienen que estar para jugarse la vida en el mar?”, pregunta la enfermera. La chispa en los ojos no se le apaga, a pesar de encontrarse “disgustada” con el tratamiento de Europa y los Gobiernos a los refugiados. Cuenta que los hay que escapan de dictaduras, de la muerte o del hambre; que los hay que viajan uno o dos años recorriendo África y acaban siendo robados y derrotados, y vuelven a huir hacia las costas de Trípoli; que a las chicas las pueden violar por el camino, o que los más afortunados son salvados por un barco. Los hay que mueren, a otros los matan y otros están en el fondo del mar. “La posibilidad de ahogarse sigue siendo una alternativa mejor que quedarse en sus países de origen. Nosotros también fuimos refugiados, que nadie lo olvide”, afirma con aplomo.

Sobre su experiencia con BRF explica que hay momentos de furor adrenalínico “en el que te sientes invencible”. “Pasas 24 horas sin casi ir al baño, sin comer, sin dormir, sin agotamiento. Sientes que puedes con todo”, desbroza. También existe el momento del bajón. De lágrimas. De coser el alma deshilachada. “El peor momento fue el desembarco. Había niños que corrían hacia nosotros y los mayores nos mandaban corazones desde los autobuses”, argumenta. Allí, conoció a Gift, una niña africana que le marcó. De ahí iban a los centros. Después, muchos regresaron a su continente. Y vuelta a empezar. “El 80% no pisa Europa. Se hizo el Tratado de Ginebra para los refugiados y se les criminaliza, denigra y se les expulsa. Son gente como nosotros que huye igual que lo haríamos nosotros”, dice. Sí. Huyen. Del miedo. Con María Villar en el Mediterráneo, del 2 al 4 de octubre, 10.000 personas se asaban sobre barcazas a la espera de ayuda y, por ahora, se contabilizan más de 3.000 muertes en el agua este año. Una tragedia. “Hay barcos visibles e invisibles. De lo que engulle la mar después no se sabe nada. Las mafias tampoco quieren que ellos lleguen a tierra”, asevera Villar. Y el cronómetro de la vida se pone en marcha en la costa libia y dura hasta que la gasolina se evapora. Las mafias juegan con las cartas marcadas. La banca siempre gana.

Con la llegada a puerto el 6 de octubre empezaron las pesadillas. La primera semana, María durmió mal. “Me despertaba sonámbula, tensa, cansada. Son cosas que pasan. Por ejemplo, un integrante del equipo se rompió tres costillas. Hay que saber llevarlo. En esos momentos lloras y pasas un mal rato, pero hay que pensar en la gente que has salvado”, asegura la sestaoarra, quien agrega que “sigo enganchada al barco y al Mediterráneo. Volvería. Cuento los días para la próxima misión. Espero regresar en primavera, pero ahora toca conseguir fondos. Estoy muy agradecida a BRF”. La vizcaina ya ha convencido a varias de sus amistades para embarcarse en un proyecto para sacar recursos desde Bizkaia. “Se nos ocurrió la idea de un mercado solidario de segunda mano. Nuestra primera parada será el domingo 27 de noviembre en el Open Your Ganbara de la antigua fábrica Artiach de Bilbao, cuyos beneficios irán completamente a BRF, que exprime los recursos en salvar vidas”, analiza. En una misión en el agua, cada día puede valorarse en más de 2.000 euros. La enfermera sentencia que “estamos en contacto con BRF y, de hecho, viajé a Ámsterdam y me reuní con la ONG para cerrar algunas cosillas”.

Inglaterra y ‘Juego de tronos’ María Villar llegó a Boat Refugee Foundation después de dos años viviendo en Chichester, al sur de Inglaterra, donde le dieron la oportunidad de encontrar la estabilidad que no tenía en Bizkaia. “Me marché el 14 de marzo de 2014. En un principio, solicité ir a París, pero no sé cómo acabé en el Reino Unido. Era algo que tenía pendiente”, señala la sestaoarra, que trabajó en la emergency floor en turnos de doce horas. “Valoro muy positivamente aquella etapa de mi vida. Conocí a gente que ya forma parte de mi familia. A nivel profesional tuve una oportunidad que nunca se me dio aquí. Teníamos apoyo total y cursos formativos”, agrega. Regresó el 27 de abril de 2016, ya que “echaba de menos a mi familia y a mis amigos”.

Otra de las peculiaridades en la vida de la joven de Sestao ocurrió mientras estaba en el Mediterráneo. “Diferentes amigos me dijeron que buscaban enfermeras para el rodaje de Juego de Tronos con buen dominio del inglés. Me convencieron, eché el currículum y me mandaron un correo en el barco. Les dije que no tenía cobertura porque estaba en la misión y me llamaron inmediatamente. Creo que les atrajo que estuviera con una ONG en la mar”, desvela. Llegó a Sestao el domingo 9 de octubre y el lunes se incorporó a su nuevo desempeño en San Juan de Gaztelugatxe. “Estuvimos dos semanas montando el set y para mí ha sido una experiencia bonita que me puede abrir nuevas puertas. Aun así, fue más curioso que entretenido. El rodaje era top – secret y llegaron a expulsar a dos trabajadores por sacar fotos”, remarca Villar.

10.000 vidas. María Villar presenció en dos días cómo 10.000 migrantes se encontraban en el Mediterráneo pidiendo ayuda. A raíz de su colaboración con BRF lleva a cabo un proyecto de recolección de fondos para nuevas misiones con la ONG holandesa. Fotos: Borja Guerrero y Boat Refugee Foundation

Texto en la fuente original
(Puede haber caducado)