5 años a una islamista arrepentida

El Mundo, , 11-11-2016

«Me arrepiento de todo lo que he hecho. Yo entonces estaba muy mal y no sabía lo que hacía. Sólo quiero recuperar a mi hijo». Eso es lo que dijo ayer en el turno de última palabra Samira Yerou, una marroquí residente en Rubí (Barcelona) que fue detenida en Turquía hace dos años cuando intentaba entrar en Siria con su hijo de tres años para unirse a las filas del Estado Islámico (IS).

Yerou, juzgada en la Audiencia Nacional, acordó con la Fiscalía reconocer su integración en la organización terrorista y cumplir una condena de cinco años y dos meses de prisión, además de 15 de inhabilitación y otros 10 de libertad vigilada. Sus palabras ante el tribunal quedan muy lejos de las que grabó la policía turca tras su arresto, cuando llamó por teléfono a un «destacado» miembro del Estado Islámico llamado Omar.

Samira, a su hijo.– Dile: «Quiero ir contigo».

Niño.– Quiero ir contigo.

Omar.– Venga vente, vente.

Samira.– Dile: «Degüello al policía y voy».

Niño.– Degüello al policía…

Samira.– ¿Cómo le vas a hacer? Así… gjjjjjjj. Ah. Va a degollar al policía y va a verte…

En otras conversaciones hacía repetir al niño frases como «quiero ir con los muyahidin que matan». «Él sólo quiere lo del cuchillo y el degollamiento… eso es lo que quiere», decía la madre, satisfecha.

El fiscal Vicente González Mota justificó la rebaja de los nueve años de cárcel que pedía en un principio en el arrepentimiento mostrado y en que desde el principio la mujer colaboró con los investigadores reconociendo los hechos y aportando nueva información, una actitud «muy distinta» a otros detenidos por terrorismo. Además, pese a su relación «cualificada» con islamistas, nunca participó en una acción terrorista concreta. A juicio del fiscal, se trata de un arrepentimiento sincero, no impostado, que justifica imponer una pena inferior a las que vienen produciéndose en los juicios a islamistas.

A preguntas del fiscal, la acusada explicó que estando en Barcelona comenzó a contactar con radicales a través de las redes sociales. Finalmente decidió partir a Siria, donde le aseguraban que «viviría bien» y podría estudiar. Sacó 4.500 euros de dos cuentas bancarias, una a su nombre y otra al de su hijo, y el 16 de diciembre de 2014 voló de Barcelona a Estambul.

Poco después la policía turca la interceptó, junto a otras mujeres, camino de la frontera. Todas fueron simplemente devueltas a sus países, pero a ella, con un niño de nacionalidad española, la detuvieron. Cuando aterrizó en España en marzo de 2015 dejó de ver a su hijo, cuya custodia pasó al padre. Desde entonces no lo ha visto, explicó ayer entre lágrimas. «Me engañaron».

El acuerdo alcanzado con el Ministerio Público –que el fiscal pide que conste expresamente en la sentencia– recoge lo siguiente: «Que la señora Yerou llega a esta conformidad con la firme intención de rehacer su vida con su hijo dentro del marco del respeto a la legalidad y abandonando y rechazando cualquier manifestación o participación en cualquier acto de violencia, interesando que por esta declaración se la tenga por apartada de forma total de cualesquiera actividades relacionadas con el terrorismo, las cuales rechaza, y que dicho reconocimiento sirva para atenuar o reparar cualquier daño que haya podido causar, además de evitar que los hechos objeto de acusación pudieran instigar a terceros a participar en actividades violentas y terroristas, instando con esta declaración de renuncia a violencia a dar ejemplo a otros».

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