Estados Unidos

Ganó la otra América

Hillary Clinton estaba tan segura de su victoria que había encargado fuegos artificiales sobre el río Hudson

Diario de noticias de Gipuzkoa, , 10-11-2016

La América que ganó las elecciones presidenciales del martes no es la que ha ido ganando en los últimos decenios: son las clases medias y obreras con medios económicos limitados y pocos años dedicados al estudio, representadas por un millonario, nacido en el privilegio y la bonanza económica y licenciado por una de las mejores universidades del país. Se han impuesto a la población urbana y las elites intelectuales y políticas.

Los resultados representan un fracaso estrepitoso para Hillary Clinton que lleva más de 40 años preparándose para el cargo que no ha conseguido. Desde que se marchó a vivir al atrasado y pequeño estado de Arkansas, para seguir a un novio “que hará algo grande en su vida” según ella misma decía entonces, toda su actividad ha estado dirigida hacia el poder, compartido primero con su marido Bill Clinton y luego como senadora y ministra.

Al fracaso se ha sumado la sorpresa, pues el equipo de Clinton estaba tan seguro de su victoria que había encargado fuegos artificiales sobre el río Hudson para celebrar los resultados. El local alquilado para la celebración tenía nada menos que 170.000 m2 y un techo de cristal para celebrar que por primera vez en la historia del país una mujer rompía este techo y desde el cual, de forma simbólica, se veía en primer plano la Trump Tower. No bastaba con ganar sino que, según un comentarista, se trataba de “humillar” a Donald Trump.

No es sorprendente que Clinton se equivocara, porque otro tanto les ocurrió a la mayoría de los expertos que hacían sondeos y explicaban lo disparatado e inútil de la campaña de Trump quien, horas antes de empezar la votación, iba casi cinco puntos por detrás de su rival. Además, los cambios demográficos la favorecían: la población urbana crece, la generación joven es la mayor del país y las minorías van ganando terreno, grupos todos esos de tendencias demócratas.

Pero hay otra población que ocupa las vastas extensiones agrícolas, las zonas industriales venidas a menos, las áreas mineras donde se malvive sin esperanza de recuperación económica, las pequeñas ciudades donde apenas se llega a fin de mes. Trump se dirigió a ellos desde el primer momento e incluso llegó a decir “me gusta la gente con poca preparación”, es decir, los que él veía acertadamente como sus “clientes” políticos.

Debido al crecimiento de las ciudades, Clinton ganó más votos que Trump, pues los demócratas tradicionalmente ganan en California y Nueva York que suman casi 60 millones de habitantes, pero perdió en número de “votos electorales” que son los que determinan la elección. Es algo que no ocurre con frecuencia, la última vez en el 2000 cuando Al Gore perdió frente a George W. Bush y solamente 5 veces en los 300 años largos de historia del país; es consecuencia del sistema federal, que ofrece garantías a los estados pequeños de que su voto contará y no quedarán arrollado por los grandes estados.

Trump se dirigió a sus seguidores en Nueva York y a todo el país a las 3 de la madrugada del miércoles, después de recibir una llamada de Clinton felicitándole por su victoria. El resultado convirtió al candidato en presidente y donde antes había fanfarronadas y vulgaridades, todo era magnanimidad y elegancia. Como es habitual, prometió trabajar para todos los norteamericanos, ya sean partidarios o rivales y tuvo palabras de encomio para Clinton: ya no era la “candidata torcida” ni había que mandarla a presidio, sino agradecerle los enormes servicios prestados al país.

Al día siguiente, siguió el ritual que corresponde no solo a la etiqueta para estas ocasiones, sino al carácter del país, que se precia de mirar hacia delante y no hacia atrás, para construir en vez de atormentarse. El primer presidente Bush, quien había anunciado que votaría por Clinton, telefoneó personalmente a Trump para desearle éxito. Clinton pidió a sus seguidores que se arremolinen en torno al nuevo presidente y otro tanto dijo Barack Obama, quien invitó a Trump a visitarle hoy jueves en la Casa Blanca: es la hora de unidad, antes que miembros de un partido, dijo, somos todos norteamericanos.

Tan interesante como los resultados presidenciales, son sus efectos en el Congreso. Contrariamente – también – a las expectativas, Trump no ha sido un desastre, sino que ha permitido mantener las mayorías republicanas en ambas Cámaras, a pesar de ligeras pérdidas tanto en la Cámara de Representantes como en el Senado.

Estados Unidos tiene un gobierno monocolor republicano, lo que hará más fácil la tarea de Trump para enviar magistrados conservadores al Tribunal Supremo, para lo que necesita el apoyo del Senado. También pasan por el Congreso otras promesas como anular la reforma del sistema sanitario, reducir el déficit público, estimular la economía o modificar el sistema fiscal.

Para un programa tan ambicioso, es posible que la pequeña mayoría de que goza no sea suficiente porque el Senado tiene mecanismos para bloquear los procedimientos y esto habría de generar decepción para el público que espera poco menos que milagros. Pero no sería la primera vez: los demócratas sí que han gozado de gobiernos monocolores y no siempre han obtenido lo que esperaban. El último fue Obama, quien tuvo las dos Cámaras en el 2008 sin poder realizar sus promesas electorales.

Paul Ryan, presidente de la Cámara y no pocas veces crítico de Trump, declaró ayer que los desacuerdos han quedado atrás y es hora de colaborar. Y ciertamente lo es: el último gobierno monocolor republicano fue de 1928, el año anterior a la Gran Depresión.

Once millones de deportaciones.

El presidente electo, Donald Trump, ha prometido, por ejemplo, deportar a los once millones de inmigrantes sin papeles que viven en el país, una operación logística con precedentes históricos siniestros.

Un muro entre EEUU y México. Además, a lo largo de la campaña en la que se ha cebado especialmente con México y los mexicanos, Trump ha afirmado que construirá un muro en la frontera con México. Y no solo eso, sino que será el país vecino el que pagará por él.

Veto a la llegada de musulmanes. El magnate ha defendido un “bloque completo y total” de la entrada de musulmanes a Estados Unidos.

Fin de tratados comerciales. Trump ha hecho paralelismos con el resultado del referéndum del brexit para defender que EEUU también “se independice” en materia económica, lo que incluiría bloquear el nuevo Tratado Comercial Transpacífico. Además, quiere acabar con la Nafta – el acuerdo comercial entre EEUU, México y Canadá, firmado por Bill Clinton en 1993 – es el “peor tratado comercial de la historia”. El republicano ha asegurado que si no logra cambiarlo sacaría “inmediatamente” a EEUU de esa unión, de la que cree que México se beneficia especialmente.

Europa se pagará su seguridad. También las declaraciones del republicano sobre la OTAN han alarmado a sus miembros. El pasado julio cuestionó el compromiso de EEUU con la Alianza al afirmar que, si es presidente, no se sentirá obligado a defender a los países de la OTAN en caso de ataque exterior, como prescribe el tratado de la organización. “Hay muchos miembros de la OTAN que no pagan las facturas”, dijo en alusión a las bajas contribuciones de varios al presupuesto de la organización, en comparación con las de EEUU.

Cárcel para Clinton. En el segundo debate entre Trump y su rival, Hillary Clinton, el millonario amenazó con nombrar a un fiscal especial y meter en “la cárcel” a la candidata por el escándalo de los correos electrónicos. “¡Qué mujer más desagradable!”, dijo también entonces Trump.

Bombas nucleares para todos. Trump quiere que aliados tradicionales de EEUU, como Japón y Corea del Sur, sean capaces de defenderse ellos mismos con el desarrollo de bombas nucleares.

Torturas a los sospechosos. Trump ha abogado por aplicar la tortura a los terroristas detenidos y someterles al ahogamiento simulado para “extraer toda la información y extraerla rápido”.

Adelante, cambio climático. Trump ha prometido abandonar o, como mínimo, renegociar el Acuerdo de París sobre cambio climático, una invención que atribuye a China.

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