La era Trump inquieta al mundo
Miles de personas en las principales ciudades del país al grito de "no es mi presidente" - La América blanca, obrera y rural lleva al candidato republicano a la Casa Blanca El presidente electo intenta calmar el miedo al populismo y lanza un mensaje conciliador Los comicios revelan la honda fractura racial y económica de un país que rechaza la política tradicional
Diario de Noticias, , 10-11-2016pamplona – Un día después de la elección de Donald Trump como el nuevo presidente de Estados Unidos, miles de personas salieron hoy a las calles de las principales ciudades del país para mostrar su rechazo a la decisión salida de las urnas.Una de las más multitudinarias – sino la que más – fue la de Nueva York, donde al menos 5.000 personas según la Policía se concentraron en la Torre Trump de Manhattan al grito de “no es mi presidente”.Una treintena de personas fueron detenidas en Nueva York por desórdenes públicos, de acuerdo con las autoridades.Entre las más numerosas fueron también las de Filadelfia (Pensilvania) y Chicago (Illinois), donde los manifestantes se reunieron frente a la Torre Trump y corearon insultos contra el magnate.La capital, Washington, así como Atlanta (Georgia), Boston (Massachusetts), Denver (Colorado), Austin (Texas), Portland (Oregón), Seattle (Washington) o las californianas Los Ángeles, San Francisco y San Diego fueron igualmente escenario de protestas.Todas ellas bastiones demócratas en los que Hillary Clinton ganó este martes a Trump con grandes márgenes.En Portland, los 2.000 concentrados, según la Policía, corearon: “No al KKK (Ku Klux Klan), no a EE.UU. fascista, no a Trump”.Aunque la mayoría de protestas transcurrieron sin mayores incidentes, en el feudo izquierdista de Oakland (California) los manifestantes formaron algunas barricadas a las que prendieron fuego y se produjeron choques con la Policía en el acceso a una autopista.En Richmond (Virginia), lugar de residencia del senador Tim Kaine, compañero de fórmula de Clinton, los manifestantes rompieron los cristales de la sede del Partido Republicano.
Finalmente en Nueva Orleans (Luisiana), quemaron un muñeco de Trump y también rompieron cristales de algunos edificios, como entidades bancarias.
DISCURSO INQUIETANTE La misoginia y el racismo han tenido un papel en su ascenso, pero también un deseo de cambio feroz y hasta ignorado. Donald Trump se ha convertido en presidente de EEUU tras arrasar en zonas rurales, blancas y de población envejecida. Es el presidente electo menos preparado en la historia moderna y a través de sus discursos y acciones ha cuestionado su capacidad para liderar un país diverso de 320 millones de habitantes, pero ayer se vistió de presidente y aparcando su habitual tono incendiario, llamó a unir el país tras una bronca campaña electoral. “Ahora es el momento de que EEUU cierre las heridas de la división”, dijo Trump en su primera comparecencia como vencedor, en la que ignoró sus polémicas promesas y lanzó un mensaje tranquilizador e incluso felicitó a su rival, Hillary Clinton, a la que solo le queda el consuelo de haber recabado más votos populares que Trump.
Raciales, urbanas o de edad: la victoria presidencial de Trump, que se impuso en todos los estados clave, ha conmocionado al mundo y revelado las múltiples placas tectónicas de un país profundamente dividido y que ha acabado rechazando la política tradicional y décadas de neoliberalismo económico. Cada una de las mitades del electorado (59,6 millones que votaron por Clinton y 59,3 millones que lo hicieron por Trump) están definidas por líneas muy claras que dibujan un país con dos realidades contrapuestas.
Trump destrozó las previsiones movilizando un número récord de blancos a las urnas, desactivó el cortafuegos hispano de los demócratas al conquistar casi un tercio del voto latino para hacerse con Florida e ilusionó como nunca a Pensilvania, Ohio y Wisconsin para romper el “muro azul” del Medio Oeste que hacía confiar al equipo de Clinton en la victoria. Los demócratas salen con su peor resultado electoral desde 1988, cabizbajos y preguntándose cómo un hombre sin experiencia en cargo político alguno – y con una campaña que al comienzo era un caos – se impuso sin seguir las reglas tradicionales de márketing político.
Trump, con casi un 70% del voto blanco, superó los 270 votos electorales necesarios para ganar los comicios y acumuló, 306 de los 538 compromisarios del Colegio Electoral. Clinton (con 232 votos electorales) solo puede presumir de haber vencido en Nevada y Colorado.
En casi lo único en que acertaron los analistas, los medios de comunicación, los demógrafos y las encuestas fue en que el voto más fiel de Trump sería – como fue al final en la práctica – el del hombre blanco de media o baja formación y de zonas rurales y clase trabajadora. Los observadores – y, una vez más, los sondeos – se equivocaron al predecir un giro hacia los demócratas de los blancos de raza blanca con formación superior y de mujeres blancas, que fue menor al esperado. Subestimaron también el hecho de que muchos de los que votaron en 2008 por el presidente Barack Obama ya no conectan con el mensaje de la esperanza de los demócratas y han dado su apoyo a Trump.
Tampoco acertaron al asegurar que el voto rural no podría compensar el peso de los centros urbanos, que se inclinaron por la opción más moderada que representaba Clinton frente al populismo del magnate. Los mayores márgenes de victoria para los demócratas coinciden de manera casi exclusiva con las grandes ciudades del país.
La otra división que han puesto en evidencia estas elecciones es la generacional. El 55% de los votantes entre 18 y 29 años votó por Clinton, pero casi uno de cada diez optó por una tercera opción, algo que podría también significar una desconexión con la política tradicional.
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