Javier Solana presidente del Centro de Economía y Geopolítica Global de ESADE
“El populismo va directo al corazón y votar es un acto fundamentalmente racional”
Javier Solana (Madrid, 1942) analiza la crisis política que vive Occidente, con el auge de personajes populistas como Trump, una corriente “tan simple que a veces hace reír”
Diario de noticias de Gipuzkoa, , 09-11-2016Bilbao – Javier Solana participó ayer en el foro La Europa cosmopolita. Democratizando los retos comunes, coorganizado por el Congreso Internacional Bilbao European Encounters 2016 y Donostia – San Sebastián, capital europea de la cultura 2016.
¿Qué se juega Europa en las elecciones estadounidenses?
- En todas las elecciones americanas se juegan mucho los americanos, pero también el mundo entero, porque es una potencia fundamental. Creo que va a ganar Hillary Clinton, por lo tanto, desde el punto de vista europeo va a haber una relación natural, ha sido secretaria de Estado, nos conoce bien y la conocemos bien. En principio no debiéramos preocuparnos por si gana. Otra cuestión es si gana Trump, porque ni conoce Europa ni tiene amigos ni tiene sensibilidad proeuropea. Por lo tanto tendríamos que ver cómo sobrellevamos una presidencia de Trump que después de las cosas que ha dicho y cómo mira al mundo no es lo más tranquilizador.
¿Hay semejanzas entre la coyuntura política actual estadounidense y la europea, donde personajes polémicos como Trump están también en auge?
- Alguna semejanza hay. Lo que pasa es que en Estados Unidos es más evidente. Que los americanos tengan que soportar a un personaje así hace pensar. Es verdad que nosotros en Europa tenemos personajes muy particulares desde el punto de vista de su comportamiento político. El año que viene hay elecciones en Francia, donde Marine Le Pen va a ser candidata. Hay un pequeño resurgir, en el sentido peyorativo del término, del movimiento de este cariz más populista, muy simples, que quieren simplificar la complejidad del mundo de hoy a extremos que hacen imposible su comprensión. Van directamente al corazón de los ciudadanos, no a la cabeza, y votar es un acto que no es solamente un acto de corazón, es un acto fundamentalmente racional.
¿Cómo ha llegado Occidente a este punto?
- Esto es lo que uno se pregunta, ¿cómo un grupo tan grande de países desarrollados hemos llegado, después o alrededor de la crisis económica, a posiciones de esta simpleza? La crisis económica ha creado es sentimiento de que hay ganadores y perdedores – el sentimiento y la realidad porque hay gente que ha sufrido mucho con esta crisis – , y eso ha hecho que los ciudadanos se puedan sentir no representados por la clase política, lo que ha traído consigo este resurgir populista A veces se llega mejor por el corazón que por la cabeza, y se pueden cometer disparates enormes. Porque el populismo, al final, no resuelve nada, solamente describe sensaciones de ánimo, antitodo, pero no resuelve problemas.
Muchos de los votantes de Trump, de hecho, son afectados por la crisis económica.
- Hay que echar la mirada un poco más atrás, todavía no estábamos en crisis económica cuando apareció Sarah Palin y el Tea Party, un movimiento que ya tenía un poco de lo que hablamos hoy: este deseo de simplificar, de yo soy el más grande, el mejor, expresado de una manera tan simple que a veces hace reír.
En Europa se da la circunstancia de que son euroescépticos.
- Eso generalmente va unido porque el populismo tiene un cierto componente nacionalista. En el mundo de hoy, ni el mejor gobierno del mejor país puede resolver los problemas, porque los problemas están interconectados. Lo bueno nos llega y lo malo nos llega también, y hay que vencerlo a través de la cooperación.
¿Cómo superar esta crisis de identidad europea que se manifiesta con el ‘brexit’, el éxito de Le Pen, etc.?
- El brexit tenía ya una semilla, recordemos que Reino Unido no fue fundador de la UE. Y siempre ha habido ese debate. Si analizamos el voto, en algunos lugares como Oxford, Cambridge, Londres, la mayoría votó por el remain, pero si te vas a otros terrenos más del centro de Inglaterra, ahí se sigue viviendo una narrativa que no tiene nada que ver con la UE. Luego vas a Escocia y vuelves a ver la gente mucho más cosmopolita.
¿Debería Escocia tener un nuevo referéndum?
- Yo creo que a corto plazo no pasará nada. Primero porque el proceso de separación del Reino Unido va a ser muy largo, y más ahora quizás con el debate y voto parlamentario, que puede en principio no coincidir con el voto del referéndum. Todo eso llevará a que los ritmos de la separación sean más largos. Posiblemente puede ser que haya una separación más blanda. La primera ministra May, sorprendentemente, se posicionó en la fracción más dura, no quieren hacer ningún esfuerzo por pertenecer al mercado único, que para ellos sería fundamental. Puede que después del debate parlamentario se ablande un poco la posición, y que traten de estar de alguna manera ligados a la UE a través de una participación en el mercado único. Pero hay que decirles muy claro que para estar ligados al mercado único tienen que aceptar las cuatro libertades, incluida la cuarta, que es la libre circulación de personas.
¿Cuál sería el acuerdo ideal?
- Lo que no es posible es que violentemos los elementos fundamentales de lo que une a los que siguen estando en la UE. Si siguen empeñados en que las fronteras las controlan ellos y controlan la migración, incluso de ciudadanos europeos dentro de su país, nos obligará a todos a no poder aceptarlo.
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