'Las Patronas', más de 20 años de entrega a indocumentados

Un grupo de mujeres buenas alimenta a los migrantes que viajan en un tren de mercancías que atraviesa México conocido como 'La Bestia'

El Correo, ITSASO ÁLVAREZ @colombamujeres ISLA MUJERES, 02-11-2016

Norma, Leonila, Lilia, Karla, Rosa, Lupe, Mariela, Julia, Bernarda, Karina y Toña. El denominador común en todas estas mujeres es un pasado difícil, la frustración por unos sueños rotos, la extrema pobreza y el abandono o el maltrato de sus exparejas. Antes que ellas hubo otras, y después de ellas, de un modo u otro, habrá más. A todas ellas se las conoce desde hace años por su sobrenombre, ‘Las Patronas’, entre otras cosas porque residen en una localidad del estado mexicano de Veracruz denominada La Patrona. Norma y las demás se han dedicado en los últimos años a cocinar a diario arroz, frijoles, tortillas y otros alimentos y preparar botellines de agua que sacan de un pozo desde bien temprano. Sin recibir ningún salario a cambio, tan sólo con el único objetivo de ayudar, entregan estos víveres a los migrantes procedentes de El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Ecuador, Chile, Brasil, Costa Rica y el propio México que tratan de atravesar la frontera de Estados Unidos encaramados en el techo de un tren de mercancías que se conoce como ‘La Bestia’ y que atraviesa el país de sur a norte a toda velocidad.

Según datos policiales, muchos de ellos intentan regresar a Estados Unidos después de haber sido deportados o tras un intento fallido. Lo que ‘Las Patronas’ hacen con minuciosa dedicación es colocarse junto a las vías del tren y, a su paso por Guadalupe, lanzan las bolsas para ayudar a estas personas que han emprendido un éxodo fatídico en busca de un futuro mejor para ellos y sus familias. Estos días se proyecta en algunas salas de cine de México un documental titulado ‘Llévate mis amores’ que refleja la historia y la labor humanitaria de ‘Las Patronas’, unas mujeres que el año pasado fueron nominadas al Premio Princesa de Asturias de la Concordia después de una campaña en Change.org que logró reunir más de 50.000 firmas de apoyo. Algunas de las escenas de la cinta, ópera prima de Armando González Villaseñor, son conmovedoras hasta el llanto. En una, ‘Las Patronas’ explican que son ellas las que están agradecidas a los migrantes, en su inmensa mayoría hombres, porque les han cambiado la vida y les hacen hacen sentirse bien consigo mismas. La película, que que contrasta el amor y la solidaridad con la violencia que viven los indocumentados durante noventa minutos, se ha proyectado en 60 festivales internacionales y ha obtenido una decena de premios. Aún no ha llegado a España.

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En el techo y otras penurias

Pero, ¿qué lleva a estas mujeres a dar comida a unos extraños a los que no conocen? ‘La Bestia de Hierro’, ‘El Tren de la Muerte’, ‘El Caballo de Troya’ o ‘El Tren Asesino’ son otros de los nombres que recibe este convoy de carga y que pertenece al consorcio estadounidense de ferrocarriles Genesee & Wyoming Inc. que opera a través de su filial Compañía de Ferrocarriles Chiapas-Mayab, con base en la ciudad de Mérida (Yucatán), resultado de la privatización de Ferrocarriles Nacionales de México, en septiembre de 1999. Transporta materias primas como aceites, grasas vegetales, arena, ácidos, carbón, celulosa, cemento, cuarzo, fierro, madera, fertilizantes; materiales de ensamble de vehículos y vehículos ensamblados, granos, arroz, trigo, frijol, soya, sorgo, semillas, sal, azúcar, conservas de alimentos vegetales; y materiales flamables y de alto riesgo como gas, amoniaco, ácido sulfúrico y combustible. Los que suben a ‘La Bestia’ viajan sobre el techo, agrarrándose donde pueden y a la intemperie, atravesando lugares remotos durante 8.000 kilómetros. En un momento dado les puede tumbar una rama de un árbol o se pueden caer por haberse quedado dormidos. A veces el tren se detiene para recoger mercancía y los ‘viajeros’ clandestinos tienen que esperar tres o cuatro días a que termine de cargar. En esos momentos también se enfrentan a otras penurias: hay quien les baja del tren, les secuestra, les viola, les extorsiona.

‘Las Patronas’ comenzaron su labor el 14 de febrero de 1995, cuando unos migrantes que iban sobre el tren pidieron comida a dos mujeres que acababan de comprar el pan. Ellas les lanzaron lo que llevaban. Aquello les removió el corazón y decidieron organizarse. Hasta el punto de que llegaron a acuerdos con los maquinistas: si ellos reducían la velocidad del tren, ellas les ofrecerían también alimentos. Empezaron con treinta almuerzo y por momentos llegaron a 200. Lo que hacen es acercarse mucho al tren y tratar de que las personas que viajen en él alcancen las bolsas. «Cuando escuchamos las máquinas salimos al encuentro del tren. El albergue que está en la zona de Tierra Blanca es el que nos avisa porque oye las máquinas engancharse o desengancharse. Desde allí, el tren tarda unas tres horas en llegar a nuestra comunidad; ése es el tiempo que tenemos para organizarnos», explica Norma. «Cada mujer cocina un día, mientras las demás compañeras están pendientes de la hora para el reparto». Con endurecimiento de los controles, en la actualidad el tren transporta a menos personas. Pero el proyecto de ‘Las Patronas’, lejos de mermar, ha ido creciendo y ahora llevan un albergue en el que los migrantes pueden descansar para reponer fuerzas o para recuperarse de alguna herida (los casos de mutilados por ‘La Bestia’ son frecuentes). ‘Las Patronas’ también apoyan a familiares de migrantes desaparecidos y reciben todos los años a la Caravana de Madres de Desaparecidos Centroamericanos.

Labor «transparente»

«Nuestro trabajo ha sido y será totalmente transparente, así como el manejo de los recursos que gentilmente escuelas, universidades, organizaciones, colectivos sociales y familias particulares nos hacen llegar», han indicado ‘Las Patronas’ en más de una ocasión. «Nuestro principal propósito es ayudar al prójimo. No hemos recibido en ningún momento remuneración alguna que no sean las ‘gracias’ que oímos cada día. Las Patronas nos encontramos solo a favor de un bienestar común, sin apoyar proyectos particulares, políticos, religiosos empresariales o ningún otro asunto», advierten. La propia Norma explica que si han decidido abrir la puerta a documentalistas, cineastas y periodistas es porque «queremos concienciar a la sociedad civil, para que no solo juzguen, para que más bien conozcan a la gente, a veces es mejor enseñarle lo malo al ser humano que enseñarle lo bueno. Cuando tú ves a una persona migrante lo que primero que dices es ‘es un delincuente’ ¿ya fuiste a investigarlo? Por qué mejor no te preguntas si tiene hambre, si necesita abrigo, en qué lo puede ayudar. ¿Por qué no hacemos todo lo contrario y te das el tiempo de conocerlo? Nosotras en todos estos años hemos visto pasar a miles de migrantes y para nosotras es bendición ayudarlos. Y les decimos que cuando lleguen a Estados Unidos no se olviden de su familia y hagan las cosas bien para que les vaya bien».

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