Brexit duro, negociación dura
El Mundo, , 21-10-2016Poli bueno y poli malo. El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, llegó el primero ayer a la reunión que él mismo convocaba. En la agenda, muchos temas calientes. Rusia, Estado Islámico, migración y el bloqueo al acuerdo comercial con Canadá. Pero, de fondo, siempre incómodo, el Brexit. La primera ministra británica, Theresa May, llegaba a su primera cumbre de jefes de Estado y de Gobierno en Bruselas para explicar a sus pares el estado de la cuestión. Dónde están, qué quieren y por qué no han invocado aún el famoso artículo 50 para empezar las negociaciones.
Tusk fue el encargado de dar la bienvenida y de ser el rostro amable. «Algunos medios describen su primer Consejo Europeo como si fuera a entrar en el foso de los leones. No es verdad, más bien es un nido de palomas. Estará totalmente segura con nosotros y espero que también se dé cuenta de que la UE sigue siendo todavía la mejor compañía en el mundo», explicó el polaco. Minutos después, el presidente francés, François Hollande, dio la réplica: «Déjenme que se lo diga con firmeza: si May quiere un Brexit duro tendrá una negociación dura».
En Bruselas hay poco apetito por un enfrentamiento mutuamente destructivo con Reino Unido, pero una vez que se ha perdido el referéndum, los líderes de los 27 restantes y las instituciones no van a irse al rincón tras cada desafío.
May llegó a Bruselas con ánimo conciliador. En busca de encuentros bilaterales y pidiendo mano dura contra Rusia y una «unidad y firmeza de todos», toda una deliciosa ironía. La primera ministra prometió que su país «seguirá teniendo un rol completo hasta que salgamos», y que después serán un «socio fuerte e independiente». Sus colegas escucharon sus argumentos para retrasar, presumiblemente hasta marzo, el inicio del proceso, y se conjuraron para no iniciar ningún tipo de negociación hasta que se active el artículo 50. Y, según fuentes diplomáticas británicas, garantías de que no habrá un segundo referéndum. Pero a ninguno les pasó inadvertido el mensaje: en Londres no gustó ni un pelo la cumbre a 27 del mes pasado a Bratislava y no quieren que haya más.
El premier luxemburgués, Xavier Bettel, resumió bastante bien el sentir general: «Reino Unido ha tenido muchas cláusulas opt-out siendo miembro y ahora quiere muchas cláusulas opt-in cuando deje de serlo». Y eso no es viable, en referencia al acomodo del que ha disfrutado Londres y que le permitía quedar al margen de las normas generales en temas como Interior o asilo. «Me niego a imaginar una Europa donde los camiones y los hedge funds pueden cruzar libremente las fronteras pero los ciudadanos no», coincidió el presidente del Parlamento, Schulz.
Sobre Rusia, el debate sigue estancado entre los partidarios de más firmeza y los conciliadores. Alemania lleva la voz cantante entre los últimos. La presidenta lituana, Dalia Grybauskaite, sintetizó la de los vecinos preocupados: «Particularidades del alto el fuego de Rusia: con un arma apuntando a la cabeza». Hay amenazas, pero no hay consenso para las sanciones. Ni el apoyo de EEUU, y así se lo transmitió Renzi, recién regresado de Washington, a sus colegas. En el que, por cierto, pudo ser su último Consejo Europeo.
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