OLEADA DE ROBOS EN VITORIA
La Ertzaintza identifica a tres bandas de ladrones de pisos
Se trata de un grupo de georgianos, otro de albanokosovares y un tercero de magrebíes
Diario de noticias de Alava, , 04-10-2016VITORIA – Aunque la avalancha de robos de pisos en Vitoria ha remitido y el volumen de asaltos a domicilios particulares ha regresado a las cifras habituales, la Ertzaintza no baja la guardia. Los investigadores de la Policía autonómica mantienen bajo la lupa a tres grupos diferentes de atracadores de viviendas, todos ellos con una característica común: estar integrados por personas extranjeras. Una banda itinerante de ladrones georgianos, otra de albanokosovares y una tercera de norteafricanos, ésta última posiblemente afincada de forma estable en territorio alavés. Cada uno de ellos cuenta con su propia forma de actuar y con sus propias técnicas, por lo que los agentes suelen tener claro la autoría del robo nada más ver la escena del crimen.
De los tres o cuatro robos por día que llegaron a registrarse en los meses previos al verano en la capital alavesa, hemos descendido hasta los dos o tres asaltos por semana. Una cifra que, según confirman los investigadores, resulta “normal” para una ciudad de las características de Vitoria. Aunque los agentes cuentan con numerosas fotografías de los sospechosos e información precisa de los movimientos de varios de estos individuos, llevarlos ante los tribunales y conseguir que ingresen en prisión no es, en absoluto, tarea fácil. Deben recopilar evidencias suficientes como para garantizar que no volverán a actuar en una buena temporada. En ocasiones, los ertzainas han llegado a arrestar a un mismo individuo en dos robos diferentes durante una misma semana, lo cual viene a confirmar que proceder a una detención sin disponer de un enorme volumen de pruebas es trabajar en balde.
El primer grupo organizado de atracadores de pisos identificado por la Ertzaintza es el de los georgianos. Son itinerantes y, por decirlo de alguna manera, son ladrones de alto standing. Viajan en avión, se mueven por toda Europa cometiendo robos y, cuando son capturados y tienen que presentarse a un juicio, acuden impecablemente vestidos, con trajes de marca y relojes caros. Trabajan fino, no dejan huellas, suelen abrir las cerraduras sin dañarlas, empleando la famosa técnica del bumping, y no entran en cualquier casa. Cuentan con una eficaz red de informadores que vigilan los movimientos de los ciudadanos, controlan las casas más interesantes y se aseguran de que contengan uno o varios de estos tres elementos: dinero en metálico, joyas y obras de arte. No les interesan los aparatos electrónicos ni las baratijas. Van sobre seguro, saben de antigüedades y son muy profesionales. Por todo ello, resultan difíciles de capturar.
La segunda banda organizada es de albanokosovares. Al igual que los georgianos residen fuera de Álava, son itinerantes y muestran un elevado nivel de profesionalidad. Ni dejan huellas ni destrozan las cerraduras. Como el grupo anterior, suelen pasar unos días en la zona en la que piensan trabajar, contactan con una persona local que les facilita el acceso a una vivienda en alquiler, y establecen allí su cuartel provisional. Por la noche duermen y por el día asaltan pisos. Guardan el botín en el domicilio arrendado y en cuanto sienten sobre ellos la presión policial, vuelan lejos. Una característica que les distingue del resto es que muchas de sus integrantes son mujeres . Generalmente actúan en grupos de tres. Dos entran y una vigila. Lo hacen de este modo porque interpretan que ellas despiertan menos suspicacias que ellos y pueden parecer menos amenazadoras en caso de ser sorprendidas. Sin embargo, los agentes que han intervenido en sus detenciones aseguran que son tan peligrosas como eficaces ejerciendo su profesión.
El último grupo es el de los norteafricanos. No trabajan fino, hacen “chapuzas” y si tienen que reventar una cerradura a golpe de destornillador no se lo piensan dos veces. Arrasan con todo lo que encuentran en el interior de las viviendas y no le hacen ascos a nada. Si después de un robo los titulares de la vivienda echan a faltar cámaras fotográficas, tablets, portátiles o gafas de marca, hay muchas posibilidades de que los autores pertenezcan a esta banda. No sólo se dedican al asalto de viviendas, se atreven con lo que les echen. Si no localizan un piso lo suficientemente atractivo, trafican con estupefacientes o se involucran en cualquier otra actividad delictiva que les pueda reportar beneficios inmediatos. La Ertzaintza les sigue los pasos muy de cerca, ya que sospechan que pueden residir dentro del territorio y no tratarse de un grupo itinerante.
También creen que han contactado con individuos de origen local que colaboran con ellos para dar salida a los objetos robados. Investigan si algunos de sus integrantes puede haber pasado previamente por alguno de los centros públicos de acogida del territorio histórico, ya que existen fundadas sospechas de que pueda ser así. De ahí que los investigadores estudien si no necesitan alquilar pisos francos en la provincia al, simplemente, residir en ella.
LAS CARACTERÍSTICAS
Georgianos. Son, posiblemente, el grupo más peligroso de los tres. No por ejercer la violencia, sino por el elevadísimo grado de profesionalidad que demuestran en todos sus movimientos. Se desplazan en avión hasta las ciudades donde van a trabajar temporalmente y se establecen en pisos de alquiler a través de personas locales. Sólo asaltan domicilios en los que tienen la garantía de que van a encontrar dinero, joyas u obras de arte. Cuentan con buenas redes de informadores. No destrozan las cerraduras, las fuerzan limpiamente. Si son capturados y juzgados, contratan a los mejores abogados. Son, en resumen, ladrones de alto standing.
Albanokosovares. Son también muy profesionales. Trabajan fino y no revientan las cerraduras, las abren limpiamente con sus ganzúas especializadas. Igualmente van a por dinero en metálico y joyas. Tienen la particularidad de emplear a mujeres en los robos por entender que despiertan menos sospechas y que, en el caso de ser descubiertas, tienen más posibilidades de escapar al no generar tanto recelo como los hombres. No obstante, los agentes aseguran que ellas son tan peligrosas como ellos.
Norteafricanos. Carecen de la formación de los dos grupos anteriores y si tienen que acceder a los domicilios destrozando las cerraduras con un destornillador, no se lo piensan dos veces. Arrasan con todo lo que pillan: dinero, joyas, tablets, cámaras de fotos y de vídeo, portátiles, gafas de sol de marca… Cualquier cosa que puedan colocar en el mercado negro. Los agentes sospechan que pueden no ser itinerantes, sino que residen dentro del territorio.
(Puede haber caducado)