Palizas rituales, tatuajes, extorsiones, drogas y alcohol
El Mundo, , 30-09-2016Como en El Salvador, los jóvenes latinos en Milán también deben superar un rito de iniciación, o sea una prueba, para poder formar parte de los miembros de la mara. En el país centroamericano el examen puede ser algo tan brutal como asesinar a una persona. En la ciudad italiana, deben someterse a 13 minutos de patadas y puñetazos en el caso de la Mara Salvatrucha –conocida como MS o MS13–, y a 18 en la Barrio 18, según explica el psicólogo Gianluigi Pino, que ofrece ayuda a estos chicos en la cárcel milanesa de Bollate. Lo que no hay duda es que estos muchachos entran a golpes en la pandilla y así irá ya su vida.
El investigador social Massimo Conte, que tal vez es uno de los mayores conocedores de las maras salvadoreñas en Milán –ha trabajado en la reintegración social de estos chavales durante más de siete años–, asegura que «consumen más droga de la que venden», «se emborrachan», «extorsionan a algunos compatriotas», y eso sí, a menudo se les va la mano: protagonizan fuertes agresiones. Aunque, puntualiza, «las reyertas suelen ser entre bandas latinas».
En consecuencia, los pandilleros en Italia nada tienen que ver con las maras en El Salvador, que están vinculadas con el crimen organizado, el tráfico de armas, la venta de drogas, la extorsión y controlan buena parte de la sociedad y el territorio.
Aun así, la Mara Salvatrucha y la Barrio 18 en Milán están en contacto con las bandas homónimas en el país centroamericano, advierte la educadora social Yessica Avelar –que también ha investigado el asunto–, y sus integrantes lucen todos misma estética: vistosos tatuajes por todo el cuerpo, con el símbolo que identifica a su propia mara. Es decir, ya sea el número 18, el 13 o las siglas MS.
«En Italia ir tatuado no es un problema, porque está de moda e incluso se considera un arte», comenta el pastor salvadoreño Jackson Parada, de la iglesia evangélica Tabernáculo Bíblico Bautista en Milán, la única de la ciudad italiana que ha abierto sus puertas a algunos pandilleros.
Esta iglesia dispone de un local en las afueras de Milán, en un polígono industrial donde comparte dependencias con todo tipo de fábricas. «El problema es que los salvadoreños sabemos muy bien qué significan esos tatuajes», añade Jackson Parada.
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