Trump halla un filón en los 400.000 haitianos de Florida

Los haitianos reprochan a Clinton la deportación masiva de inmigrantes

La Vanguardia, ANDY ROBINSON | MIAMI,, 28-09-2016

Donald Trump improvisó una reunión sorpresa con 150 líderes hispanos en Miami Dade College ayer tras su actuación –indisciplinada, perezosa, pero quizás más eficaz de lo que quiere reconocer la CNN– en el debate presidencial. Allí el magnate inmobiliario trató de convencer a los hispanos de Florida de que aquella frase que soltó en el debate sobre las “turbas de inmigrantes ilegales sembrando la violencia en nuestras ciudades” no tiene nada que ver con ellos.

Pero la visita más inesperada y significativa del magnate inmobiliario a una comunidad minoritaria en Miami se produjo la semana pasada cuando Trump apareció, de repente, en el barrio de Little Haiti, un distrito negro y pobre junto al Design District, cuya mezcla de arte contemporáneo y tiendas Swarovski parece más hecho al gusto del magnate. Little Haiti debería ser territorio comanche para un inmobiliario multimillonario como Donald Trump. Pero los directores del centro cultural del barrio “le dieron una acogida muy cálida”, dijo Bart Nervil, un artista que participaba el lunes en una reunión en el mismo centro. ¿Por qué? Pues porque “la comunidad haitiana tiene una relación muy extraña con los Clinton”.

Bill y Hillary pasaron su luna de miel en Haití. Bill fue el enviado de la ONU en el país maltrecho incluso antes del terremoto de enero del 2010. Luego, la Fundación Clinton se empleó a fondo en los escombros con sus políticas de filantrocapitalismo. “No sé si era ayuda o negocio, pero sé que los haitianos siguen viviendo en ciudades hechas de tiendas de campaña”, dijo Nervil, que tras presentarse como “más que un haitiano, un hombre negro”, dijo que se estaba planteando votar a Trump.

Allí está el problema para la campaña de Clinton, que organizó la fiesta Adelante juntos e invitó a los residentes a ver el debate en el pub Winston Churchill en la zona más vibrante de Little Haiti, donde los fondos buitre allanan ya el camino al avance del Design District. Saben que cada voto haitiano en Florida vale un millón más que en Nueva York. “Fue un shock ver a Trump en Little Haiti”, dijo Scott, uno de los organizadores. “Los haitianos pueden decidir estas elecciones”, añadió. Y puede tener razón. La carrera presidencial está muy reñida en Florida, un estado clave, y aquí viven más de 400.000, casi todos en Miami y alrededores.

Clinton cuenta con que la comunidad negra e inmigrante de EE.UU. le entregue al victoria. Pero los haitianos de Miami –negros e inmigrantes con el hándicap añadido de no hablar ni inglés ni español– no parecen tener tan claro que Trump sea el malo y Clinton la buena. Ezilio Danto, la abogada haitiana que lidera el movimiento Free Haiti, acaba de pedir el voto a Trump porque, “desde el terremoto, más del 30% del territorio haitiano ha sido concedido a extranjeros ricos, muchos de ellos donantes de la fundación Clinton”. Y porque “Obama y Clinton han deportado a 300.000 haitianos”.

Son criticas demoledoras y los organizadores del evento en Little Haiti debieron de estar agradecido al moderador Lester Holt del NBC por no abordar aquel asunto espinoso de la Fundación Clinton. Pero pedir un voto a Trump para castigar a los demócratas por batir los récords de deportaciones sólo pone de relieve la decepcionante oferta en estas presidenciales. Entre los jóvenes activistas demócratas que vieron el debate en el Winston Churchill se palpaba un pragmatismo desencantado del mal menor que ha sustituido aquellos ideales de cambio y esperanza de las campañas de Obama y Sanders.

“Tenemos dos candidatos de mierda; yo no quiero un títere de los bancos como Hillary Clinton, pero tampoco quiero a un racista”, dijo un chico blanco, de pelo largo, barba y sombrero. Votará a Clinton, pero marchó antes de que terminara el debate.

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