«Los negros no somos una carga»

Obama inaugura el Museo Afroamericano llamando a la unidad, en medio de la tensión racial

El Mundo, PABLO PARDO WASHINGTON CORRESPONSAL, 25-09-2016

No fue una ceremonia al uso para inaugurar un museo. Nadie cortó una cinta. En vez de eso, sonó una campana. Era una campana que recordaba el 1 de enero de 1863, cuando las campanas de gran parte de Estados Unidos repicaron para celebrar que el presidente Abraham Lincoln acababa de conceder la libertad a los esclavos que vivían en las partes del país que se habían proclamado independientes para, precisamente, mantener la esclavitud.

La persona que se encargó de hacerla sonar fue Ruth Bonner, una mujer de 99 años cuyos padres habían sido esclavos. O sea, dos terceras partes de persona, según declara la Constitución de Estados Unidos. Como Bonner está a su edad muy débil, la ayudó Barack Obama, el primer presidente negro de la Historia de Estados Unidos, y su esposa, Michelle, descendiente directa de la esclava Melvinia, que en 1850 fue separada de sus padres a la edad de 6 años, por el reparto del testamento de su propietario, enviada de su Carolina del Sur natal a Georgia, donde ya adolescente, fue violada por su dueño, con quien tuvo varios hijos, pero no la libertad.

Así fue como se inauguró el Museo Nacional de la Historia y la Cultura Afroamericanas, que abrió sus puertas ayer en el centro de Washington, en un momento en el que el país vive una ola de tensión racial. Con un nuevo acto de expiación de lo que muchos de los ciudadanos de EEUU ven como el pecado original de su país: las relaciones raciales. Fue una jornada histórica, aunque eso no quiere decir que fuera verdadero todo lo que se dijo o hizo. Por de pronto, Lincoln solo liberó a los esclavos de los territorios de los sediciosos, no a los que estaban en los estados que habían jurado fidelidad al país. Ésos no fueron libres hasta diciembre de 1865.

Pero el acto de ayer tuvo más de símbolo que de Historia. En uno de sus habituales y elocuentes discursos, Obama hizo un llamamiento a la unidad entre las razas y recordó: «Los afroamericanos no somos una carga para Estados Unidos, ni una mancha para Estados Unidos, ni objeto de vergüenza o pena. Nosotros somos Estados Unidos». «Es un acto de patriotismo saber de dónde venimos. Entender el pasado. Este museo cuenta la historia de tantos patriotas», recordó el presidente, que estaba acompañado de su predecesor en el cargo, George W. Bush, y su esposa, Laura, cuya buena química con Michelle Obama se ha convertido en una de las noticias de este otoño.

La presencia de los Bush en el evento era lógica desde el punto de vista institucional, dado que fue George W. quien sancionó la ley del Congreso autorizando el Museo. Pero también tenía una carga política. George W. Bush es el presidente republicano que más ha tratado de abrir el Partido Republicano a las minorías, en particular negros e hispanos. En un momento en el que ese partido solo trata de atraer el voto blanco, la presencia de Bush era todo un símbolo. En los actos posteriores a la ceremonia, el ex presidente también demostró por qué ganaba las elecciones, al dar una exhibición de buenrrollismo y campechanía que contrastaba con el estiramiento innato de Obama.

Así, los afroamericanos ya tienen su lugar en el Mall de Washington, el enorme parque festoneado de edificios y estatuas que, en realidad, es en sí mismo un monumento a EEUU, aunque muchos estadounidenses creen que se trata de un monumento nacional verdadero, es decir, dedicado a la religión en la que cree todo ciudadano de EEUU: fundir la tarjeta de crédito comprando. Ahora, en ese entorno podría haber un museo más: el de los latinos. O sea, el de la comunidad que tiene sus orígenes en otros territorios de América, incluyendo el Caribe, y que es la única minoría de EEUU bilingüe, ya que, para muchos de ellos, el español es su primer idioma. La semana pasada, los demócratas Xavier Becerra y Robert Menendez presentaron proyectos legislativos en la Cámara de Representantes y el Senado para crear un Museo Nacional Latino.

Al contrario que el de los afroamericanos, este centro no tendría un edificio propio, porque los latinos están por debajo de los negros en EEUU, como muestra el hecho de que un político les pueda llamar «violadores» y convertirse en candidato a la Presidencia por uno de los dos grandes partidos. En lugar de eso, se situaría en el Museo de Artes Aplicadas. La propuesta necesita ser aprobada por las dos Cámaras y luego ratificada por el presidente.

Dado que el Congreso –la Cámara de Representantes y el Senado– de EEUU pasa más tiempo de vacaciones que en sesión, y que dentro de dos semanas entra en un nuevo receso por las elecciones, en las que se renovará el 87% de sus escaños, todo parece indicar que el plan quedará para el próximo periodo de sesiones, a partir de enero. Muchos republicanos se oponen a la idea, porque ya sobra multiculturalismo en el Mall. Y, si el 7 de noviembre gana Trump, no es descartable que el Museo Nacional Latino acabe siendo un muro. Y hasta que lo pague México.

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