Del miedo y de la ignorancia
La Vanguardia, , 20-09-2016EL miedo es, a menudo, la cara oculta de la ignorancia. Seguramente porque su irracionalidad nos paraliza, puede llegar a turbarnos y saca casi siempre lo peor de nosotros mismos. No es fácil aprender a dominar los miedos, a gestionar nuestros temores, a dar respuesta a los terrores que nos asaltan. El escritor Malcolm Lowry, que desde muy joven se dejó arrastrar por la bebida –en una ocasión se bebió la loción de afeitar porque no encontró otro alcohol a mano–, afirmaba que los terrores que le torturaban de adulto fueron causados durante el infierno de su infancia, en que aseguraba que una de sus niñeras le azotaba en los genitales, otra había intentado ahogarlo en un barril de agua de lluvia, una tercera lo había paseado en cochecito por un acantilado y una cuarta quiso asfixiarlo con una manta. Es lo que tiene el alcohol, que la gente lo toma para armarse de valor y acaba engrandeciendo los miedos.
Europa vive atenazada por miedos y la gente es capaz de emborracharse con los discursos de los salvadores de la patria, que prometen seguridad a cambio de libertad, como si fueran palos distintos de una misma baraja. La clase media baja del continente teme, por ignorancia, lo que desconoce. Desde un presente que sabe incierto, hasta el emigrante al que percibe distinto. Y los políticos conservadores, liberales o socialdemócratas le parecen las niñeras que torturaban a Lowry en toneles o abismos, cuando son sólo el resultado de los delirios de quienes no entienden nada.
La última en la frente de Angela Merkel ha sido el resultado en los comicios regionales de Berlín, donde su partido, la CDU, ha obtenido sólo cuatro puntos más que la xenófoba AfD. La canciller admite que la derrota se debe a su política de acogida con los refugiados. En cualquier caso, Merkel ha advertido que Alemania va a cambiar de proceder, pero no va a dejar que sus principios fundamentales se tambaleen. Lo suyo no es miedo, sólo prudencia.
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