Desde la Avenida de Tolosa

Harald, el tolerante

Diario de noticias de Gipuzkoa, Por Adolfo Roldán, 11-09-2016

El rey Harald de Noruega ha impartido una lección magistral de tolerancia durante los cuatro minutos que ha durado su discurso en el Palacio Real ante 1.500 invitados con motivo del 25º aniversario de la llegada de los monarcas al trono. Su intervención ha dado la vuelta al mundo conquistando una audiencia global a través de las redes sociales. En pleno avance de los movimientos de la ultraderecha en la mayoría de los países europeos, y del recelo hacia los refugiados, Harald (nieto de emigrantes daneses e ingleses) ha llamado a la concordia, a la tolerancia y a la integración. “Noruega es una realidad plural, tanto por su geografía como por su clima o su demografía”, ha dicho. “Pero sobre todo Noruega es su gente, tanto los que han nacido aquí, como los noruegos que han emigrado de Afganistán, Pakistán, Polonia, Suecia, Somalía o Siria”. Más adelante ha añadido: “No importa si uno es alto o bajo; si es rico o pobre; si es joven o viejo; le gusta el fútbol, el balonmano, o simplemente tirarse en el sofá”. Tampoco importa la orientación sexual, ha dicho: “En Noruega hay chicas que aman a chicas, chicos que aman a otros chicos, y chicos y chicas que se aman los unos a los otros”. Ni siquiera importa la religión que uno haya escogido, agregó: “Noruega cree en Dios, Alá, todo y nada”. Y concluyó diciendo que “el hogar es donde está el corazón. Mi mayor esperanza para Noruega es que seamos capaces de cuidar los unos de los otros”. A mi personalmente, me gustaría una Euskadi tolerante, capaz de abrir los brazos a todos los que nos visiten o quieran quedarse a vivir entre nosotros. Capaz de respetar sus opiniones. Nuestra lengua, costumbres, estilo de vida no pueden ser muros para separarnos de ellos, sino lazos que nos unan e incrementen nuestra riqueza cultural. Estos días en la campaña electoral, he oído discursos intolerantes, líderes dispuestos a echar a los demás para ponerse ellos. Vienen prestos a ordeñar a Euskadi en busca de votos, para meterlos en cántaras y esgrimirlos en Madrid. Seguramente tropezarán en el camino.

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