Tribuna abierta

Donald Trump y el retorno del ‘White Power’

Deia, Por Germán Gorráiz López, 07-09-2016

SEGÚN esa sobreorganización, el establishment sería “el grupo élite formado por la unión de las subélites política, militar, económica, universitaria y mass media de EE.UU.”, lobbys de presión que estarían interconectadas mediante “una alianza inquieta basada en su comunidad de intereses y dirigidas por la metafísica militar”, concepto que se apoya en una definición militar de la realidad y que habría transformado la economía en una guerra económica permanente y cuyo paradigma serían los Rockefeller, que participan en los lobbys financiero, industria militar y judío y uno de cuyos miembros, David, sería el impulsor de Trilateral Comission (TC) o Trilateral (1973). Ese actual sistema dominante o establishment estadounidense utilizaría la dictadura invisible del consumismo compulsivo de bienes materiales para anular los ideales del individuo primigenio y transformarlo en un ser acrítico, miedoso y conformista que pasará a engrosar ineludiblemente las filas de una sociedad homogénea, uniforme y fácilmente manipulable mediante las técnicas de manipulación de masas, teniendo como pilar de su sistema político la sucesiva alternancia en el poder del Partido Demócrata y del Republicano.

Trump y el cambio cualitativo El concepto de estabilidad o equilibrio se refiere a un sistema que permanece estable aunque registre un cambio, principio que trasladado a la esfera política de EE.UU. y a las próximas elecciones presidenciales, se traduciría en la presencia de candidatos auspiciados por la dirección de los partidos hegemónicos (Demócrata y Republicano) para perpetuar el estatus quo dominante, cuyas figuras visibles serían Hillary Clinton y Ted Cruz.

En la orilla antónima, encontramos el concepto de cambio cualitativo o discontinuidad que se produce cuando simples cambios cuantitativos pasan a ser otra cosa diferente y el sistema se transforma internamente de modo radical en una nueva realidad que modifica su situación de equilibro interno y se crea una situación nueva, tesis representada por los iconoclastas Trump y Sanders.

Sin embargo, la sorpresiva irrupción en el campo republicano de un candidato independiente y refractario a la disciplina de partido como Trump habría desatado las alarmas en el seno de las cúpulas dirigentes por lo que será asociado por el aparato mediático del sistema dominante (mass media) con el advenimiento del caos (Khaos o “vacío que ocupa un hueco en la nada”) ordenado que se estaría gestando en EE.UU. y que se extenderá al resto del mundo.

El citado efecto mariposa, trasladado a sistemas complejos como la demoscopia, tendría como consecuencia colateral la imposibilidad de detectar con antelación un futuro mediato, pues los modelos cuánticos que utilizan serían tan solo simulaciones basadas en modelos precedentes, con lo que la inclusión de tan solo una variable incorrecta o la repentina aparición de una variable imprevista provoca que el margen de error de dichos modelos se amplifique, de lo que sería paradigma la nominación de Trump como candidato oficial del Partido Republicano para su posible elección como presidente de Estados Unidos en las próximas pesidenciales de noviembre.

Las clases medias Según el Pew Research Center, la clase media (con unos ingresos anuales de 73.400 dólares) ya no sería el segmento poblacional dominante en la sociedad estadounidense actual al sufrir una lenta pero progresiva caída en las últimas cuatro décadas. Así, según el Pew, en 1971, la clase media representaba el 61% de la población (unos 80 millones de habitantes) mientras que en la actualidad no alcanzaría el listón del 50% (49,9%) debido a la crisis de las subprime, el estallido de la burbuja inmobiliaria y el posterior crash bursátil de 2008.

Conviene resaltar que entre los perdedores de la crisis, además de afroamericanos y latinos, aparecen por primera vez jóvenes universitarios endeudados y adultos blancos de más de 45 años sin estudios universitarios y con empleos de bajo valor añadido que, tras quedar enrolados en las filas del paro, habrían terminado sumidos en un círculo explosivo de depresión tras ver esfumarse el sueño americano, lo que habría tenido como efecto colateral la desafección de dichos segmentos de población blanca respecto del establishment tradicional demócrata y republicano.

Así, según una reciente encuesta de la NBC, el 54% de la población blanca estaría “enfadada con el sistema”, frente al 43 % de los latinos y el 33% de los afroamericanos, que siguen confiando en el sueño americano, lo que habría llevado a los votantes blancos a apoyar posiciones políticamente incorrectas y refractarias a los dictados del establishment tradicional demócrata y republicano y que se habrían canalizado en el apoyo masivo de los jóvenes universitarios lastrados por una deuda media de 50.000 dólares al demócrata Sanders y de los indignados blancos mayores de 45 años a Donald Trump.

Por otra parte, la nominación de Hillary Clinton como candidata oficial del Partido Demócrata a las presidenciales de noviembre diluirá la apuesta social propugnada por el candidato demócrata Sanders, por lo que Trump aprovechará la ocasión para absorber buena parte del voto de los jóvenes universitarios seguidores de Sanders, lo que sumado al voto seguro de los indignados blancos de mediana edad y al voto forzado de las clases altas de raza blanca, llevará a instaurar el White Power en una sociedad en la que la evolución demográfica provocará que la población blanca será minoritaria en 2043. Así, según la Oficina del Censo de EE.UU., hacia ese año los blancos dejarán de ser la mayoría de la población estadounidense y serán desplazados por la suma de la población hispana que aumentaría de 53,3 millones en la actualidad a 128,8 millones en 2060 y la afroamericana, que pasaría de los 41,2 millones actuales a los 61,8 millones previstos por las proyecciones.

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