Merkel, el precio de un acierto

La Vanguardia, , 06-09-2016

El revés sufrido por la democristiana CDU de la canciller Angela Merkel en su land y feudo electoral de Mecklemburgo – Antepomerania tiene algo de injusticia: los verdaderos gobernantes son, a veces, castigados por los electores por actos acertados que nunca se adoptarían si los sondeos reemplazasen a los dirigentes.

La decisión de Merkel en el verano del 2015 de acoger a una marea humana que hacía sonrojar a Europa no fue una decisión electoralista. Ni un movimiento táctico. Tampoco un acto irresponsable o un yo primero y el país después. La canciller de Alemania tenía que tomar una decisión con urgencia y estuvo a la altura de la historia: hizo lo que tenía que hacer y solucionó un éxodo que amenazaba con hundir el prestigio de la UE y sus cimientos humanistas. Cadáveres de niños en las playas del Mediterráneo, refugiados zancadilleados con sus hijos en brazos, estaciones de tren fantasma en cuyas vías muertas aguardaban en condiciones penosas familias enteras…

No se puede gobernar a espaldas de la sociedad, pero gobernar tampoco consiste en seguir el dictado de las encuestas o de la “opinión pública”. Exige, a menudo, decisiones poco populares a costa incluso de inmolarse –políticamente hablando– en las urnas. Nunca como aquellos días Alemania ofreció mejor cara ante el mundo y su prestigio internacional fue mayor.

Alternativa para Alemania (AfD) es un partido populista y corren buenos tiempos para los populismos en Europa. Nunca había ganado en unos comicios regionales a la CDU, pero cabe recordar que los socialdemócratas del SPD y la CDU –socios en el Gobierno federal–, con más del doble de votos, la han superado holgadamente en Mecklemburgo – Antepomeramia. Como sucede en Francia con el FN o como se vio en el euroescéptico UKIP y el Brexit, son formaciones que recogen descontentos de toda índole y tienen fórmulas tan mágicas que nunca son aplicables pero que imantan las frustraciones. La sucesión de atentados registrados en Alemania en julio y que fueron asociados a los refugiados –hasta cuatro, aunque el más notorio lo perpetró en un centro comercial un desequilibrado de origen iraní ajeno al éxodo– han servido en bandeja el buen resultado a la AfD.

La elección en un land es un aviso, pero está muy lejos de ser extrapolable a escala federal. Angela Merkel no se ha pronunciado sobre si aspirará a un cuarto mandato en el 2017, lo que alimenta las ambiciones de otras figuras conservadoras. Todo en orden. La gestión del flujo de refugiados acogidos por Alemania –de acuerdo con el espíritu y las condiciones de sus leyes de acogida– va a ser compleja: nada menos que 1,1 millones de extranjeros, el 80% de ellos musulmanes. Gobierno, sindicatos y patronal aprobaron en primavera un plan ambicioso y detallado para facilitar la adaptación de los refugiados, laboral y socialmente. No faltan obligaciones, como el deber de aprender alemán o el de evitar discriminaciones de las mujeres.

La canciller cumplió con su responsabilidad de liderazgo hace un año y ha hecho todo lo que el Estado tiene en sus manos para que este éxodo se convierta en pocos años en un acuerdo beneficioso para todos (incluyendo empresas que hoy tienen dificultades para encontrar un determinado perfil laboral). Lo que no puede garantizar la canciller es que algunos individuos cometan atentados aislados y por su cuenta que lo dinamitan todo: vidas, reputaciones y carreras políticas.

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