Expertos barajan ritos de magia negra por encargo con invocación a los muertos
Un antropólogo y un criminalista consideran que la leyenda esotérica del peñón fue un reclamo para los oficiantes que hundieron los huesos
Las Provincias, , 03-09-2016valencia. Restos humanos, huesos de ave, cuencos, palos, documentos, arbustos, fotos, muñecas y figuras de atribución divina… El cóctel esotérico de los hallazgos de Calp responde, a la luz de los expertos, a una «práctica de magia negra basada en rituales por encargo que apelan al supuesto poder de los muertos para influir en lo terrenal».
A tenor de los restos recuperados, así lo cree Miquel Ruiz, antropólogo y profesor de la Universitat de València (UV) especializado en espiritualidad y en el movimiento ‘New Age’. Por contra, Paulino Hernández, presidente de la Asociación Española de Santería Afrocubana, no cree que los rituales de Calp guarden relación con esta práctica «porque en ningún rito santero se pueden usar restos humanos».
Ruiz estima, en efecto, que el empleo de huesos humanos supone, además de un delito, «un paso más allá» de las prácticas santeras más extendidas. No obstante, sí cree que el oficiante u oficiantes de los conjuros «se basó en elementos propios de los rituales con origen africano similares a los que se realizan en Venezuela, Colombia o Méjico».
El antropólogo prefiere referirse a «magia negra por encargo en busca de beneficios para quienes pagan por el rito, ya sea económico, amoroso o de cualquier índole». Y no cree que haya una secta satánica detrás de la extraña liturgia a los pies del peñón de Ifach.
¿Por qué se emplearon huesos de personas fallecidas? «Los oficiantes de estas ceremonias oscuras confían en el supuesto poder sobrenatural de los muertos. A grandes rasgos, creen que desde su dimensión ejercen un poder superior capaz de alterar el destino terrenal en beneficio de la persona que encarga del conjuro», desgrana Ruiz. En este sentido, los huesos funcionarían como un instrumento para invocar esa fuerza.
En esos rituales con huesos humanos de América Latina «no vale cualquier muerto». Los oficiantes de las macabras ceremonias buscan «restos de personas que hayan muerto violentamente, gente que fuera especialmente espiritual en vida o bien familiares de la persona por la que se realiza el conjuro», describe el profesor universitario.
Ruiz asegura que estos ritos por encargo «son muy caros». Cifra en «miles de euros» el dinero que la persona beneficiaria del ritual puede llegar a pagar a quienes lo llevan a cabo. Hay dos motivos para el encarecimiento: «Se paga por el riesgo delictivo de emplear restos humanos desenterrados y también por el supuesto riesgo sobrenatural de irrumpir en lo maléfico, bajo el argumento de que invocar a fuerzas oscuras puede acarrear consecuencias nefastas». En cuanto a los huesos de ave, el especialista los vincula al «poder que en estas ceremonias se atribuye a las bestias», una contribución más para que el ritual alcance su objetivo.
La elección de las aguas de Calp para sumergir los restos no parece casual. Los expertos consultados consideran que la leyenda esotérica y el halo de poder mágico que rodea al Peñón de Ifach fue un claro reclamo para la persona o personas que oficiaron los conjuros. Vicente Garrido, psicólogo y criminólogo de la UV, no ve lógico «acudir al peñón para deshacerse de unos restos delictivos pudiéndolos enterrar u ocultar en cualquier punto» y opina que el acto de hundir las bolsas en el mar a los pies de la formación montañosa «podría ser el colofón del ritual».
Desde el enfoque criminalístico, Garrido cree que las personas que al parecer confiaron sus fotos y datos para el ritual, procedentes de Extremadura y el norte de España, «no debían conocer que las aguas del peñón son muy frecuentadas por submarinistas y que el riesgo de que salieran a la luz junto a los restos era alto, como finalmente ha ocurrido».
El mito de la roca mágica
Si los huesos eran el instrumento para enlazar con el más allá, el peñón fue tomado como santuario natural. La imponente roca de 332 metros de altura sobre las aguas del Mediterráneo está salpicada por mitos y leyendas que se agrandan en internet. Un blog sobre lugares de España, ‘El país que nunca se acaba’, se refiere a la formación montañosa como el «prepucio petrificado del mismísimo Zeus» o «un castigo de Cronos por copular con Gea». Otras narraciones creen que se trata de un «antiguo genio maligno que, tras agraviar la plácida vida de una colonia de sirenas, fue empujado fuera del mar por Neptuno, convirtiéndose en piedra al emerger».
Pero hay más. En el entorno esotérico, y así ha sido recogido en varios reportajes, se cree que el peñón de Ifach es uno de los vértices del Triángulo del Silencio, junto con el peñón de Es Vedrà, en Ibiza, y el de Gibraltar. Algunos atribuyen a este entorno marino extrañas energías telúricas e incluso lo relacionan con avistamientos de ovnis.
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