OPERACIÓN DE LA POLICÍA NACIONAL

Un burdel con cinco esclavas chinas en el centro de Girona

Las víctimas atendían a clientes durante las 24 horas del día Madame Li las mantenía encerradas en una celda controlada por una cámara de videovigilancia

El Periodico, GUILLEM SÀNCHEZ / BARCELONA, 24-08-2016

La calle de la Rutlla de Girona es una calzada residencial paralela al río Onyar que habitualmente recorren estudiantes que se dirigen andando al campus universitario de Montilivi. Difícilmente ninguno de ellos podía imaginarse que de camino a las clases, durante más de un año, han pasado por delante de una casa que encarcelaba a cinco jóvenes de nacionalidad China obligadas a prostituirse.

Vivían bajo el yugo de una madame apellidada Li, una mujer de 50 años también china que las encerraba en una habitación mal ventilada de la vivienda y que las observaba a través de una cámara que las grababa permanentemente. Todas ellas habían venido a España creyendo que trabajarían en un restaurante. Eso era lo que les habían prometido: condiciones laborales decentes y un buen sueldo de camarera. Sin embargo, sin saber muy bien cómo, terminaron entre esas cuatro paredes de un domicilio de Girona.

En la entrada de la casa no había ningún distintivo, pero el prostíbulo se anunciaba en internet. El reclamo especificaba que las trabajadoras eran “guapísimas niñatas orientales”. Asimismo remarcaba que los servicios ofrecidos por estas eran “completos”. El precio de una hora con una de estas prostitutas era de 70 euros y el de media hora, de 50 euros. También hacían “salidas”. Es decir, servicios a domicilio.

PRISIONERAS

Madame Li solo las dejaba salir de ese zulo con videovigilancia para atender a los clientes que llamaban al timbre del número 62 de la Rutlla. Estos hombres entraban a una casa que contaba con diversas habitaciones limpias, bien ventiladas y con camas adecentadas para practicar sexo. Las chicas solo entraban en esos cuartos cuando lo hacían para tener relaciones con clientes. En cuanto terminaba el servicio, regresaban a la ‘celda’. Si pisaban la calle, para hacer una “salida” a un domicilio o un hotel, lo hacían “bajo el control” de la madame, subrayan fuentes policiales.

Su jornada de trabajo no tenía ningún tipo de limitación horaria, estaban disponibles “las 24 horas” todos los días de la semana. Li les quitaba casi todo el dinero que habían pagado los hombres. “Solo les dejaba una pequeña parte, entre un 10% o un 15%”. Eran mujeres “mayores de edad” pero “jóvenes” que se encontraban en situación irregular y con la comunicación con sus familias completamente cortada. Estaban solas en Girona.

MIEDO A HABLAR

Cuando la Policía Nacional las liberó el pasado 27 de julio, ninguna de ellas quiso entrar en el programa para víctimas con el que cuenta el cuerpo policial. Posiblemente terminarán siendo deportadas sin que lleguen a declarar contra Madame Li o el resto de captores. Los investigadores sospechan que, como ha ocurrido otras veces, posiblemente las chicas no quieran colaborar porque la mafia podría tener controlados a familiares suyos que sufrirían las consecuencias de su traición.

Los burdeles chinos en Barcelona están extendidos pero no son tan frecuentes lejos de la capital catalana. Los agentes averiguaron qué escondía este domicilio de Girona gracias a una llamada anónima al 900 10 50 90, un teléfono abierto para denunciar situaciones de explotación sexual, como la infligida por madame Li, la única detenida en esta operación.

Desarbolar las mafias de prostitución china resulta complicado porque habitualmente el aislamiento que sufren las víctimas acentuada por la barrera idiomática y cultural existente entre España y China provoca que no confíen en la justicia de aquí para testificar contra sus opresores. Son numerosas las investigaciones policiales que coinciden, al margen de las sentencias, en que el trato que reciben las mujeres es siempre inhumano.

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