BURKINIS, ‘PROCÉS’ Y CATALANES CON PRESTIGIO
Las bañistas del XIX lucían un atuendo muy parecido al polémico burkini En Madrid defiendo a los catalanes y en Cataluña doy la cara por los castellanos El Ampurdán es un invento de la progresía catalana: gente selecta y leída
El Mundo, , 21-08-2016Dejo atrás L’ Empordá, el viejo molino convertido en hotel de diseño, la paz amable e inesperada y ese silencio corpóreo sólo interrumpido por el crujido de las ruedas de una bici sobre la tierra. Mentiría si dijera que regreso empachada de esteladas o burkinis. Lo mismo en Madrid que en Barcelona triunfa la exageración, circunstancia que trato de neutralizar con estrategias inversas dependiendo de donde me encuentre. Ya lo he contado más veces. En Madrid defiendo a los catalanes –incluidos los indefendibles– y en Cataluña doy la cara por los castellanos (no se me asusten: sólo es una referencia al idioma).
Respecto al burkini, vale que quieran prohibirlo en una piscina privada, como el toples. Pero no me cabe en las entendederas que lo prohíban en un ámbito público como la playa. Yo siempre voy a la playa con túnicas morunas y nadie me llama la atención por eso. Las prohibiciones no conducen al buen camino. Una cosa es que se regule el uso del burka (carece de lógica que una mujer lleve el rostro cubierto en la foto del DNI) y otra muy distinta que no pueda ir a la playa como las bañistas del XIX. El año pasado, en Calella de Palafrugell vi a un individuo que llevaba una braga náutica con la estelada en sus partes. Eso sí merecía un toque de atención.
En un lugar de los Monegros, cerca de Bujaraloz, la A-2 pasa bajo un arco que simboliza el meridiano de Greenwich. En ese punto me asalta la impresión de que cruzo una frontera a partir de la cual, Saragossa se convierte en Zaragoza y L’ Empordá, en el Ampurdán. Durante bastantes kilómetros he sentido que me perseguía una sombra. Seguramente era alguien que quería correrme a gorrazos por algo que he dicho del procés.
Pero la sombra también se diluye según nos adentramos en la meseta. El calor aprieta y la atmósfera es áspera. Mi mente se convierte de pronto en un páramo. Antes de que transcurran cinco segundos habré olvidado el procés, la imagen del quinto beatle (Puigdemont). Lo único que continúa bailando en mi cabeza es El meu avi (Mi abuelo), una habanera compuesta por un militar como homenaje a su abuelo muerto en la Guerra de Cuba.
Los clásicos hablan de la Costa Brava ciñéndose a la franja de costa que hizo furor con los balbuceos del turismo. Los más modernos se esconden en el Ampurdán más solicitado. En la costa hay mucha arqueología de los 70, urbanismo de deshecho. El interior es otra cosa. Más recóndita y sosegada, más interesante. Iniciados los 80, a medida que se deterioraba la primera linea de playa, creció el negocio de la rehabilitación de masías. Hoy son casas particulares o pequeños hoteles en los que se paga la exclusividad. El Ampurdán es un invento de la progresía catalana, gente selecta y leída, heredera de aquella gauche divine que echaba el ancla en Cadaqués.
Aquí no hay famosos. Sólo catalanes de reconocido prestigio. Políticos, empresarios y así. Algunos lucen yates, como Macià Alavedra, a quien se suele ver, patoso y desmadejado de remos, a bordo del Dorotea (bautizado así en honor a su mujer, la fallecida pintora Doris Malfeito). Otro yate es el CK, propiedad del joyero Esteve Rabat. Se pronuncia Cuca, pues así se llamaba su primera mujer, también fallecida.
Los hay que teniendo recursos, prefieren estar en tierra firme. Es el caso de Jaume Roures, que pasa los veranos en Ulla, un pequeño pueblo del interior donde posee varias propiedades. No muy lejos vive tambien Josep Creuheras, presidente del Grupo Planeta. Y cerca, en Llafranc, la escritora Pilar Eyre vive en una casa que es la envidia de todos. Desde allí Pilar sale a descubrir escondites. En una de estas puede aparecer Urdangarin agazapado detrás de un seto. No sería la primera vez.
La gastronomía bien, gracias. Me he pasado el tiempo comiendo canelones (mi madre diría que estamos locos, comiendo canelones en pleno agosto). Los hijos se han puesto morados. Hace tantos años que no vuelven a casa por Navidad que han decidido celebrarla ahora.
Madrid abre sus calles y la tele ataca de nuevo. Reinan las Campos.
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