"Espero ser una inspiración para mi raza"
Simone Manuel, segundo oro individual de raza negra y primera mujer, abre el debate sobre la escasez de nadadores de color, solo el 3% de nadadores en su país.
El Mundo, , 13-08-2016«Espero que este oro sea una inspiración para mi gente, para mi raza». Ha habido pocos campeones más emocionados en Río que Simone Manuel, la segunda de raza negra que sube a lo más alto de un podio olímpico de natación en pruebas individuales, después de Anthony Nesty, en 1988, y la primera mujer. Las lágrimas brotaban de sus párpados sin que hiciera el más mínimo amago por contenerlas, ni un solo gesto por secarlas. Quizás fuera el respeto por el himno estadounidense, que sonaba en esos instantes, o quizás fuera la forma más clara de enviar su mensaje. Fue conmovedor.
Minutos después, envió ese mismo mensaje con aplomo, a pesar de su juventud, 20 años, ante la prensa de todo el mundo. «Estoy segura de que esto generará conciencia, aunque esta victoria no me pertenece únicamente a mí. Es también para la gente que vino antes que yo y en los que encontré la fuerza para seguir en el deporte. Hay muchos deportistas de mi raza que podrían ser buenos en la natación. A ver si ahora lo intentan», manifestó Simone, convertida ya en una joven pionera, después de una final de 100 libre tan igualada que no pudo decidirla ni siquiera cronómetro. Eso explica que hubiera dos oros, también el de la canadiense Penny Oleksiak, la campeona más joven hasta ahora en Río, con 16 años. Ambas batieron el simbólico récord olímpico (52.70). Desde Los Ángeles, en 1984, no se daba tal situación en la prueba, con las estadounidenses Nancy Hogshead y Carrie Steinseifer.
Acerca de la escasez de nadadores negros se han desarrollado teorías de tipo científico, aunque antes es necesario referirse a la tardía incorporación de deportistas de raza negra al deporte contemporáneo, en general. Nesty, oro en 100 mariposa en Seúl, o Simone se inscriben, pues, en una larga lista en la que puede citarse, aimismo, a Jackie Robinson, primer negro en jugar en las Grandes Ligas de béisbol, el tenista Arthur Ashe, primero en ganar Wimbledon, o el golfista Tiger Woods, entre otros, estrella en los elitistas clubes donde, en el pasado, se prohibía la entrada a los de su raza.
Del mismo modo, es obligado aludir a las menores posibilidades económicas de los negros, en general, y a las escasez de piscinas en el tercer mundo, principalmente en África. En occidente, y en en concreto en el paraíso de la natación, Estados Unidos, los datos también reflejan un acceso minoritario. Según la federación estadounidense, sólo el 3% de sus federados son negros. En el equipo de natación británico de Londres, en sus propios Juegos, únicamente tres de sus 47 nadadores eran de color. El Centro para la Prevención de la Salud de Estados Unidos, asimismo, ofrece un dato muy revelador: por cada fallecido ahogado blanco entre 5 y 19 años, mueren 5,5 negros.
La ciencia se ha ocupado en repetidas ocasiones de esta disyuntiva, con hipótesis diversas pero ninguna concluyente. En unos estudios se ha argumentado la posición del ombligo, más baja en los blancos, como elemento favorecedor para su deslizamiento, al situar ahí los científicos el centro de gravedad del cuerpo. Otros se han basado en pruebas isométricas, aunque sin resultados concluyentes, y, los más numerosos, se han decantado por la mayor densidad ósea de los negros y la diferencia en la composición de las fibras musculares con respecto a los blancos. En los primeros, es mayor la proporción de las llamadas fibras rápidas, que favorecen la explosión, en lugar de la resistencia. Ello explicaría su dominio en la pista, en especial en el sprint.
Cullen Jones, otro nadador negro, también se colgó un oro, en Pekín, aunque fuera como miembro del equipo de relevos de 4×100 libre de Estados Unidos. En la actualidad, es uno de los portavoces de su federación y promueve iniciativas para la inclusión de los niños de su raza en su deporte. De hecho, cuenta que su madre lo llevó a clases de natación después de sufrir un susto en una piscina que le hizo temer por su vida. Para lanzar sus campañas, nada como el oro de Simone, crecida en una familia acomodada de Houston, hermana de nadadores y alumna de la Universidad de Stanford. Una excepción que quiere dejar de serlo.
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