«Si no se toman medidas tendremos cientos de millones de refugiados climáticos»

Veerabhadran Ramanathan Científico«El cristianismo, el hinduismo, el islam o el judaísmo hablan de proteger la naturaleza», explica el profesor indio

Diario Sur, BORJA ROBERT, 18-07-2016

El pasado diciembre, en París, la mayoría de países del mundo firmaron el primer acuerdo global contra el cambio climático. Un hito histórico que fue posible gracias, sobre todo, al trabajo de miles de científicos a lo largo de décadas. Fueron quienes descubrieron que los gases de efecto invernadero calientan el planeta, y que las consecuencias para la humanidad pueden ser catastróficas si la población aumenta demasiado rápido. Algunos investigadores, además de aportar datos, han salido de los laboratorios para denunciar públicamente que la situación es crítica y que, en pocas décadas, podría ser irreversible.

El profesor Veerabhadran ‘Ram’ Ramanathan, líder del departamento de Ciencias del Clima y la Atmósfera de la Universidad de San Diego (EE UU) y premio Fronteras del Conocimiento de Cambio Climático de la FBBVA, ha jugado un papel fundamental en ambos campos. Él descubrió que hay otros causantes además del CO2, y convenció al papa Francisco para que presentase su encíclica ‘Laudato Si’, en la que llama a la humanidad a tomar medidas urgentes.

¿Por qué decidió que, además de científico, debía hacerse activista?

Hace once años cumplí 60 años, y me di cuenta de que el mundo no estaba haciendo casi nada para combatir el cambio climático. Me embargó una sensación de que mi vida y mi trabajo no habían servido para nada. Mi investigación se hace con instrumental muy caro, con drones, barcos o satélites. He calculado que mis experimentos han costado unos 100 millones de dólares, todo para medir y documentar el clima. Pensé que como científico estaba obligado a hacer algo más, y persuadir a los políticos, para que no fuese un desperdicio. No tenía ni idea de cómo hacerlo, pero recibí ayuda desde arriba (mira al cielo). Juan Pablo II me invitó a la Pontificia Academia de las Ciencias, donde descubrí que el cambio climático se ha convertido en un asunto ético. El cristianismo, el hinduismo, que es mi religión, el islam o el judaísmo, todas hablan de proteger la naturaleza, aunque estemos destruyéndola.

También es un asunto ético porque las consecuencias son globales pero los causantes no.

El 50% del cambio climático lo provocan los 1.000 millones de habitantes más ricos del planeta. Y casi el 40% de la población, los 3.000 millones más pobres, ni siquiera tienen acceso a combustibles fósiles, por lo que son responsables de una parte muy pequeña. Sin embargo, estos últimos serán los que más sufran los efectos porque tienen menos recursos para luchar contra las sequías, la pérdida de cosechas o el aumento del nivel del mar.

Sin embargo, usted es optimista.

Sí. Lo soy porque en París más de 185 países se unieron y firmaron por luchar contra el cambio climático. Es un gran comienzo. Ahora, también creo que no son solo los líderes políticos los que deberían estar implicados. Hace falta que el apoyo en esta lucha llegue de abajo a arriba. Ahí es donde creo que debe entrar la religión, y que cada iglesia debería explicárselo a sus fieles.

¿Qué consecuencias le preocupan más?

El cambio climático es el problema más grande al que se enfrenta la humanidad en la actualidad. Está a la misma escala que una guerra mundial nuclear, o que una gran pandemia como las que ya hubo en el pasado. Si no lo resolvemos en pocas décadas, las sequías y las inundaciones serán severas, y aumentará tanto el nivel del mar que habrá migraciones masivas. Si no se toman medidas, tendremos cientos de millones de refugiados climáticos. Si en Europa provocan tanta tensión apenas uno o dos millones, ¿está el mundo preparado para algo así?

¿Qué medidas es más urgente tomar?

Hay dos tipos de contaminantes principales. El CO2 y los demás, HFC, metano, hollín, lo que llamamos gases traza. Y hay que actuar sobre ambos, como si fuesen dos palancas. Pero la vida del CO2 en la atmósfera es de más de cien años, así que cuesta mucho frenar el cambio climático solo así. Si reducimos la emisión del resto, que tienen vidas más breves podemos reducir sus efectos en casi un 50% en poco tiempo. No resuelve el problema, pero nos permite ganar tiempo para encontrar una solución al problema del CO2. Estamos corriendo cada vez más rápido hacia un acantilado y tenemos que intentar frenar antes de llegar al borde. Si no reducimos la marcha en diez o veinte años, las consecuencias serán gravísimas.

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