Niza: un vivero de yihadistas
La Vanguardia, , 18-07-2016La Niza que conocemos es la ciudad azul, el paraíso del turismo más chic de la Riviera. Pero en las entrañas de la ciudad, en Saint – Augustine, en Saint – Roch y en l’Ariane, se encuentra la otra Niza: unas zonas deprimidas donde los jóvenes frustrados parecen tenerlo fácil para caer en las garras del yihadismo. En una de estas zonas, llamadas barrios “sensibles”, residía estos últimos meses el terrorista que el pasado día 14 arrolló a 84 vidas en el paseo de los Ingleses.
Según el ministro del Interior, Bernard Cazeneuve, Mohamed Lahouaiej Bouhlel, de 31 años y origen tunecino, habría sufrido una “radicalización exprés”. Si bien la premisa no coincide con el perfil del atacante –un delincuente de poca monta, que apenas asistía a la mezquita, bebía alcohol, fumaba hachís y comía carne de cerdo– ayer unos testigos aseguraron que era religioso y “últimamente llevaba barba”. Unas cámaras de seguridad lo filmaron estudiando el lugar dos días antes.
De momento todo son sospechas, pero lo que sí es seguro es que Niza ha aportado una de las mayores cantidades de jóvenes a la yihad de todo el hexágono. En 2015 el entonces alcalde, el conservador Christian Estrosi, dijo que al menos cien personas han partido rumbo a Siria o Iraq. Según Le Figaro, otras 515 están fichadas por radicalización y entre 2.000 y 3.000 respaldan la yihad ideológicamente.
En la Costa Azul todo empezó con un nombre: Omar Diaby. Era un francés de origen senegalés vecino del barrio de l’Ariane que llegó al este de Niza cuando tenía cinco años. En 1995 ya estaba entre rejas por un homicidio relacionado con bandas delictivas rivales. Al salir robó joyerías y volvió a la prisión hasta que en 2010 consiguió la libertad condicional y se interesó por el salafismo.
En el 2012 Diaby, que se hace llamar Omar Momsen, era un tipo hábil en diseño y montaje de vídeos que empezaba a destacar por su intolerancia. En la celebración del Eid –el fin del Ramadán– protestó porque los imanes habían invitado a políticos locales a la fiesta musulmana. Entonces la policía ya sospechaba que en el sótano del puesto de comida halal donde trabajaba, cercano a la iglesia de Bon Voyage, llevaba tiempo reclutando a jóvenes para incorporarse a la yihad con un video casero llamado 19HH. Lo absolvieron por falta de pruebas.
“Hay una razón detrás de esto, un tipo carismático que iba a por los jóvenes de los barrios empobrecidos”, explica el periodista David Thompson, especialista en yihadismo francés. Diaby reclutó a unos 80 jóvenes, con lo que se ha ganado la fama de ser uno de los mejores soldados del frente Al – Nusra, un grupo vinculado a Al Qaeda. En algunos casos se fueron familias enteras. Su propaganda ideológica insistía especialmente en que las mujeres también luchasen la guerra santa.
Diaby, presuntamente, fue asesinado en agosto de 2015, pero en una entrevista en la televisión pública francesa este mismo junio aseguraba que había fingido su propia muerte para conseguir atención médica fuera de Siria. Actualmente, a sus 41 años sería uno de los líderes de una unidad de combate que incluiría a 50 hombres, 15 de los cuales también provendrían de Niza.
Si Lahouaiez Bouhlel hubiese asistido a las plegarias de alguna mezquita hubiese ido a El – Path, en el barrio de Saint – Roch, porque es la que queda más cerca del número 62 de la Route de Turin donde vivía desde que se divorció. Está escondida en una especie de sótano a pocos metros de la iglesia Bon Voyage, donde trabajaba Omar Momsen. En este modesto centro de rezo nadie afirma haberlo vio por allí y todos condenan sus actos.
“Estamos en contra de esto, el islam es la paz, todos somos hermanos”, reprocha Machri, que llega media hora antes del rezo de las dos de la tarde. “Este tipo nunca iba a la mezquita, no observaba el Ramadán, pegaba a su mujer, bebía alcohol. Todo esto no tiene nada que ver con nosotros ni con el islam y hace daño a la comunidad”.
Según Izzam El – Arabi, de 40 años y origen marroquí, el único motivo por el que se habla de un atentado yihadista en Niza es el origen árabe de Lahouaiez Bouhlel. Y lo argumenta con una afirmación muy lógica: “Se parece mucho al tipo que estrelló el avión de Germanwings, y como era alemán todo el mundo dijo que era un psicópata, no un yihadista”.
“Es un tipo que tenía un cerebro como un cacahuete, no un musulmán radical”, coincide Ahmed, con una cuidada larga barba roja en honor a Mahoma.
Pero sí lo era, y estos últimos meses vivía a apenas diez minutos del kebab de Omar Mamsem. El barrio es una nube de grandes edificios de hormigón, no especialmente degradado, en el que se mezclan todas las nacionalidades. Según puntualiza Hamza, un argelino que trabaja en un bar del bulevar Pierre Senard, no es “un buen lugar para andar solo por la noche”. Asegura que allí se trapichea con cannabis y que las peleas son habituales.
“Intentamos trabajar para ganarnos la vida y mantenernos al margen de todo esto. Ya suficientemente mal están las cosas”, dice Abdel, de la frutería Étoile Verte.
De los jóvenes que partieron embelesados por las promesas de Mamsem, algunos volvieron y están bajo control judicial. La comunidad cree que merecen una segunda oportunidad porque fueron engañados para ir a tumbar el régimen de Bashar el Assad, y volvieron cuando vieron que la ayuda rusa lo haría imposible.
Un documento del Directorio General para la Seguridad Interior (DGSI) afirma que uno de los que volvieron, el joven francés Ibrahim Boudina, nacido en Argelia, planeaba detonar bombas durante el carnaval de Niza, que reúne cada año a miles de personas. Boudina fue detenido cerca de Cannes en febrero de 2014, dos días antes del principio de las festividades, y dos meses después de que regresara a Francia desde Siria vía Grecia.
“Si se cuenta así parece que esta ciudad sea un infierno, pero en realidad es la ciudad más bella del mundo. Sólo hemos tenido mala suerte”, concluye David, otro vecino de Saint – Roch.
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