El mundo del flamenco llora al Lebrijano

El cantaor Juan Peña, ligado a una estirpe legendaria del arte jondo, falleció ayer en Sevilla a los 75 años. Mago del compás, fusionó los palos clásicos con la música andalusí y actuó en dos ocasiones en el Festival del Cante de las Minas de La Unión

La Verdad, MIGUEL LORENCI , 14-07-2016

La muerte de Juan Peña ‘El Lebrijano’ enmudeció al planeta flamenco, atravesado por el dolor y sumido en el luto por la pérdida de uno de los grandes. Leyenda del cante jondo, mago del compás, el respetado cantaor falleció con 75 años en su casa de Sevilla en la madrugada del miércoles. «Cuando Lebrijano canta, se moja el agua», dijo el escritor Gabriel García Márquez de este artista ligado a una legendaria estirpe flamenca que se atrevió con la fusión del cante jondo y los ritmos andalusíes y la música sinfónica sin renunciar al rigor en palos tan exigentes como la seguiriya y la soleá. El Lebrijano participó en el Festival del Cante de las Minas de La Unión en 2004 y 2008.

Junto a Camarón y Paco de Lucía, encabezó la renovación del flamenco en la segunda mitad del siglo XX. «Si el arte estuviera quieto, como quieren los puristas, solo se admitiría a Velázquez y no existiría Goya», se defendía el inquieto cantaor sevillano de las críticas de los más apegados a la tradición. «El arte no puede estar quieto», aseguraba

Su Lebrija natal velará su cadáver envuelto en la bandera gitana en el Teatro Juan Bernabé y le despedirá entre sentidos ‘quejíos’. Tras el funeral en la parroquia de Nuestra Señora de la Oliva, será enterrado hoy en su pueblo natal, que decretó tres días de luto. Enfermo sin un diagnóstico claro, alejado de los tablaos y escenarios en el último año, su deteriorada salud le obligó a peregrinar por varios hospitales en los últimos meses, aunque nadie presagiaba su muerte.

Gitano rubio de tez blanca, ojos azules y voz profunda, era hijo de Bernardo Peña, tratante de ganado y empresario antes que cantaor, y la también cantaora María Fernández Granados ‘María la Perrata’, gitanos de Lebrija y Utrera. Juan Peña Fernández nació en Lebrija en 1941. Estaba ligado por su sangre a una legendaria estirpe de flamencos, la de los Perrata y Perrate, en la que han brillado Fernanda y Bernarda de Utrera, Bambino, Turronero, Gaspar de Utrera, Miguel Funi, Diego del Gastor, Pedro Bacán, su hermano Pedro Peña, guitarrista y cantaor, y sus sobrinos David Dorantes, pianista, y Pedro María, guitarrista.

No fue la suya una vocación temprana ni debutó como niño prodigio. Alternó la guitarra y el cante pero su catapulta fue el concurso de Mairena del Alcor que ganó en 1964 como cantaor. Sus primeros pasos están muy influenciados por figuras como La Niña de los Peines y el mítico Antonio Mairena, a quien El Lebrijano admiraba.

Tomando su apodo de su pueblo natal, El Lebrijano se sumó a la compañía de Antonio Gades como cantaor de acompañamiento de los bailarines. Pero su creatividad le impulsa pronto a superar los límites del cante clásico. Se enfrenta así a palos poco visitados en la época en grabaciones como ‘De Sevilla a Cadiz’ (1967), disco fundacional de su carrera en el que participaron Paco de Lucía y Niño Ricardo.

Hondura poética

Fundió luego el mundo sinfónico con el flamenco en registros como ‘La palabra de Dios a un gitano’, grabado en 1972 con acompañamiento orquestal, y en sus colaboraciones con músicos magrebíes. Su viaje por la sonoridades andalusíes se inauguró con ‘Encuentros’ (1985), registrado con la Orquesta Andalusí de Tánger y el guitarrista Paco Cepero. Repetiría la reunión en ‘Casablanca’ (1998) y ‘Entre las dos orillas’ (2014), en los que indaga en los orígenes del cante jondo acompañado del violinista marroquí Faiçal Kourrich. Fue pionero en llevar el flamenco al Teatro Real y el primer cantaor que pisó su escenario en 1979.

También innovó incorporando la poesía en sus composiciones, ya fueran los versos de Félix Grande en ‘Persecución’ (1972), un sentido repaso a la dolorosa historia de exclusión y maltrato a los gitanos en España. Dos décadas después publica otra obra fundamental, ‘Tierra’, dedicada al V Centenario del Descubrimiento de América, con versos esta vez de José Manuel Caballero Bonald. En 2008 se sume en el realismo mágico de Gabriel García Márquez. «Cuando Lebrijano canta se moja el agua», frase que le dedicó el escritor colombiano y premio Nobel de Literatura, dio nombre a su último disco, otra apuesta de riesgo que produjeron sus sobrinos David Dorantes y Pedro María Peña. Otro de sus hitos es su ‘Evangelio gitano’ (1981), grabación de la primera ópera andaluza que contó con la voz de Rocío Jurado y la guitarra de Manolo Sanlúcar.

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