Obama y Bush proclaman unidad ante la amenaza de la ruptura racial

La Vanguardia, Jordi Barbeta, 13-07-2016

Un presidente demócrata y un ex presidente republicano, tres pastores de tres iglesias distintas y de tres razas diferentes, el alcalde blanco y el jefe de policía
negro… El homenaje póstumo a los cinco policías muertos en Dallas por disparos de un francotirador se convirtió en un acto de afirmación de la unidad civil de la nación estadounidense, como queriendo exorcizar la amenaza de una ruptura social por prejuicios raciales que han puesto de manifiesto los últimos acontecimientos de violencia policial y las protestas de la comunidad afroamericana.

Obama se empeñó en combatir la desesperación. “No estamos tan divididos como parece, yo conozco bien Estados
Unidos, sé cuán lejos hemos llegado, cuántos obstáculos hemos superado. Sé que venceremos”, proclamó. Antes que él, su antecesor, George
W.
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Bush, vecino de Dallas, utilizando distintos términos expresó prácticamente la misma idea. Rechazó también que “las fuerzas del odio y del mal que nos separan sean más fuertes que la fuerza de nuestra unidad, que no es la unidad en el temor, sino la unidad en la esperanza y en el propósito elevado… Tenemos la ventaja que para renovar nuestra unidad sólo tenemos que recordar nuestros valores”.


Era la intervención de Obama un asunto delicado. Willliam J. Johnson, director ejecutivo de la Asociación Nacional de Organizaciones de la Policía, que representa a unos 240.000 agentes, declaró el domingo: “Este presidente y su administración no nos apoya en absoluto y ha convertido nuestro trabajo en mucho más peligroso”. No es la única voz que se alza contra el presidente por considerar que cuando expresa su comprensión hacia las protestas de los afroamericanos está poniendo a la policía bajo sospecha.


Sin embargo, Obama no se arredró y aunque la mayor parte del discurso la dedicó a alabar el trabajo de la Policía y a homenajear a los agentes muertos, no pasó por alto el problema del racismo y la discriminación que perdura en la sociedad estadouni – dense. “Los efectos de la esclavi – tud y de la subyugación –dijo– no desaparecen de la noche a la mañana ni por una ley de derechos civiles, ni por un discurso de Martin Luther King”. Cuando decía esto los policías presentes no aplaudieron ninguna de estas referencias.


Y eso que se daba la circunstancia de que Dallas tiene precisamente un departamento de Policía que ha sido reconocido como modélico. El jefe David O. Brown es afroamericano y ha ganado prestigio liderando las reformas que impulsa el Gobierno federal para acercar la policía a los ciudadanos con registros estadísticos positivos. Probablemente por ello, ayer el alcalde Mike Rawlings se preguntó “dónde hemos fallado” y el mismo se respondió: “No hemos cometido ningún fallo, estoy orgulloso de nuestra policía, que es la mejor del mundo”. Fue un momentum con una cerrada ovación de los agentes uniformados que obligó a los presidentes a levantarse de la silla y añadirse al homenaje.


Esta era la undécima vez que Obama se veía obligado a participar en un funeral por víctimas de un tiroteo masivo y describió el ataque a los policías como “un acto no sólo de violencia demencial sino de odio racial que ha expuesto la más profunda falla de la democracia estadounidense”. Incluso admitió que la gente dudara si los estadounidenses serían capaces de superar algún día la división racial. Su optimismo tiene hondas raíces espirituales: “El sufrimiento –repitió varias veces– nos hace perseverantes, la perseverancia nos da carácter y del carácter surge la esperanza”.


Con todo Obama no evitó vincular el problema racial con la brecha social. La pobreza, la desigualdad en la educación y en las salud forman parte del problema y el presidente de EE.UU. por enésima vez volvió a quejarse amargamente de que los jóvenes de los barrios como el del atacante de Dallas “tienen mucho más fácil hacerse con un arma que comprar una computadora o un libro”.


Para acabar con eso, Obama convocó a los estadounidenses a un debate honesto para forjar un consenso transversal que permita avanzar hacia una sociedad más inclusiva, pero eso exige también, en su opinión, “luchar contra el cinismo”que frena la voluntad de cambio. El cinismo es como describe Obama la estrategia que utiliza Donald Trump, virtual candidato republicano a la presidencia, agitando todos los temores de la sociedad en beneficio propio.

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