Obama rechaza la tesis racista de Dallas

El presidente de EE UU pide cautela ante el ataque de un «perturbado» que «no representa a los afroamericanos»

Diario Sur, MERCEDES GALLEGO , 10-07-2016

Las calles de Dallas amanecieron ayer silenciosas, pero los gritos y disparos se repitieron aisladamente en diferentes partes del país. No había revueltas en las calles, como se congratuló Obama desde Varsovia, pero pocos comparten su visión optimista de que el país está unido. El propio presidente debe caminar ahora por una delgada línea para complacer a los que reclaman más respaldo policial en su discurso y los que buscan justicia para tantos crímenes impunes. Para el presidente, no hay tanta diferencia entre Micah Xavier Johnson, el veterano de Afganistán que el jueves por la noche disparó selectivamente contra una docena de policías durante una manifestación de ‘Black Lives Matter’ (Las vidas negras también importan), u Omar Matten, que el mes pasado mató a 49 personas en una discoteca gay de Orlando, o la pareja musulmana de San Bernardino que en diciembre disparó contra un centenar de compañeros de trabajo en una fiesta de Navidad, o Dylann Roof, que en junio del año pasado bañó de sangre una iglesia afroamericana en Charleston.

«Por definición, si alguien dispara contra personas que no conoce ni representan una amenaza para él, es que tiene problemas mentales», explicó el mandatario. «Le dejaré a los psicólogos decidir qué los desata o alimenta. El peligro es pensar que las acciones de un individuo perturbado representan una declaración sobre una cuestión mayor a lo largo del país», advirtió.

Los activistas de ‘Black Lives Matter’ a los que muchos acusan estos días de haber incendiado la hoguera de las divisiones raciales con sus protestas están de acuerdo con él en que Johnson no les representa. El veterano de Afganistán que tenía en casa suficientes explosivos, munición y manuales de tácticas militares como para no haber abandonado nunca el Ejército no simpatizaba con el movimiento ni se le conoce relación alguna con él. Los informes sobre su forzada salida del Ejército indican que era alguien conflictivo y peligroso para el que se había recomendado «tratamiento mental» mucho antes de que naciese la agrupación, pero el Ejército prefirió pactar con él una salida honrosa, en lugar de llevarlo a juicio por acoso sexual.

El problema es que si bien el manifiesto racista de Dylann Roof cayó sobre el ánimo general como una reliquia anacrónica que acabó con las banderas confederadas, la matanza de cinco agentes de policía en Dallas encuentra eco en el clima de rencor que han desatado las tensiones raciales en la era de las redes sociales. «No creo que nadie fuera ajeno al hecho de que existía un sesgo racial en el sistema criminal y de justicia», objetó ayer Obama. «Lo que pasa es que los teléfonos inteligentes lo han sacado a la luz y han traído una nueva conciencia. La luz del sol es el mejor desinfectante. La gente lo ve, se escandaliza y se da cuenta de que el problema persiste y queda trabajo por hacer».

Protestas por todo el país

Como la masacre del instituto Columbine inspiró las de Virginia Tech y Sandy Hook, o la de San Bernardino la de Orlando, Dallas tendrá réplicas sangrientas. Las primeras, menos preparadas, ya han dejado cadáveres en tres Estados del país. El viernes, mientras los líderes de las protestas se sumaban conmocionados a las vigilias por la muerte de los cinco policías de Dallas, en Saint Louis (Missouri) un hombre negro disparó contra un coche patrulla en el que hirió a cuatro agentes.

Horas después se repitió un incidente parecido en ese mismo Estado, donde la muerte de Michael Brown desató hace dos años esta oleada de protestas. El atacante, un joven afroamericano, se acercó a una patrulla y le metió tres tiros al agente que la conducía. Missouri, Georgia y Tennesee son otros de los Estados en los que en las últimas horas se han reproducido este tipo de represalias indiscriminadas contra la Policía, que Obama ignoró ayer en su discurso, decidido a apelar «a nuestros mejores ángeles». Cuando se le preguntó por ello, el alcalde de Dallas sacudió la cabeza ofuscado. «Todo es racial, acabemos con esto de una vez», atajó.

La policía de todo el país se congratula de refrenarse, pero en la forma que reprimió manifestaciones en varios Estados pesaban los cadáveres de sus compañeros de Dallas y el nerviosismo de la alerta que han transmitido sus jefes. En Rochester (Nueva York), 74 personas fueron detenidas, entre ellas dos periodistas negros a los que más tarde se puso en libertad con una disculpa. En Phoenix (Arizona), la policía roció con gas lacrimógeno a un millar de personas que gritaban ‘Hands Up, Don’t shoot’ (Manos arriba, no dispares). 2.000 en San Francisco, 10.000 en Atlanta… así se multiplicaron las manifestaciones de protesta por todo el país, más sobrias de lo habitual pero también más tensas. Si hasta ahora la policía miraba a cualquier afroamericano como a un delincuente en potencia, después de Dallas cualquier afroamericano puede ser un loco sediento de venganza. Los puentes de la reconciliación son más frágiles que nunca, aunque Obama no lo vea así.

Texto en la fuente original
(Puede haber caducado)