La venganza ahoga el clamor en Dallas
El propósito de Micah Johnson de «matar a blancos» convierte a los cinco agentes que acribilló a tiros en héroes en medio de las protestas por la violencia policial
Diario Sur, , 09-07-2016nueva york. Micah Johnson quería vengar la muerte de sus hermanos afroamericanos, brutalmente asesinados a manos de la Policía en cualquier parte del país, pero lo que logró el jueves por la noche fue ahogar el clamor que reclamaba justicia para Alton Sterling y Philando Castile, los dos últimos afroamericanos asesinados inexplicablemente por agentes.
La ejecución del primero en Baton Rouge (Louisiana) había sido grabada en vídeo por activistas de ‘Black Lives Matter’. En el segundo caso, la novia de Castile, que se encontraba en el mismo coche, retransmitió en directo los hechos a través de Facebook, mientras el policía le apuntaba con la pistola y su novio expiraba. Semejantes documentos sirvieron de chispa para incendiar el ambiente cargado de rabia que respira la comunidad afroamericana de EE UU desde que hace dos años la furia explotó en Ferguson con el asesinato policial de Michael Brown.
La melancólica y desgarradora voz de Billie Holiday volvía a cantar por la radio a esas «extrañas frutas» que «cuelgan de los árboles» y la rabia de siglos de esclavitud y racismo explotaba en la garganta de los jóvenes que se manifestaban por todo el país. No era un caso aislado, como reconoció al fin el presidente Obama desde Varsovia.
En EE UU es 21 veces más probable que un afroamericano muera a manos de la Policía que un hombre blanco. En la era de los teléfonos inteligentes y las redes sociales, la violencia policial ya no pasa desapercibida, pero sigue subestimándose. Según la base de datos policial que citaba ayer la organización Think Progress, el hombre de 37 años asesinado el martes en Baton Rouge era la víctima 532 en lo que va de año, «la mayoría afroamericanos, desarmados y enfermos mentales». Otros periódicos que llevan su propia cuenta, como ‘The Guardian’, aumentaban a 580 el número de personas que han muerto a manos de algún agenet en 2016. Hasta el jueves, el marcador de las fuerzas del orden estaba en 53, según la página Officer Down Memorial, pero Micah Johnson los convirtió de nuevo en héroes.
El francotirador sabía lo que buscaba. Había más de 800 personas gritando en las calles, pero sólo dos civiles resultaron heridos. «Enough is enough!», coreaban ardientemente. «No justice, no peace!» (Ya basta, sin justicia no hay paz). Los primeros tiros desataron el pánico, todo el mundo corría despavorido en todas direcciones, pero el exveterano de Afganistán seguía apuntando con frialdad a sus objetivos. Una docena de policías recibieron el impacto de sus balas, de los que cinco murieron esa noche y siete siguen hospitalizados. Era la mayor masacre policial en la historia de Dallas y la más grande que haya sufrido EE UU desde los atentados del 11 – S, donde 60 policías perdieron la vida.
«Estamos muy acostumbrados a que nadie nos dé las gracias ni nos apoye, pero hoy estamos lastimados y necesitamos el respaldo de esta comunidad», suplicó el jefe de Policía, David Brown. «Necesitamos que la gente demuestre a nuestros policías que aprecia el sacrificio que hacen».
Las comunicaciones por radio, hechas públicas a toda velocidad, reflejan el pánico y la confusión de los agentes que se encontraron en medio del fuego de un asesino tan preciso que al principio parecía un grupo de francotiradores. Pronto identificaron que los disparos procedían del garaje de El Centro College, un centro educativo comunitario que proporciona diplomas a estudiantes de bajos ingresos. La emboscada se convirtió en un enfrentamiento abierto. Según el jefe de Policía, el francotirador respondió a los disparos de sus agentes durante 45 minutos. En ese tiempo transcurrido hasta que la Policía de Dallas lo voló por los aires con un robot cargado de explosivos, Johnson dijo estar cabreado tanto con los agentes blancos como con los propios miembros de ‘Black Lives Matter’, el movimiento contra la brutalidad policial que había convocado la manifestación.
Justicia para todos
Johnson, que escribió su sentencia de muerte cuando dijo que pensaba llevarse por delante a todos los policías que se le pusieran enfrente, no llegó a explicar por qué estaba resentido también contra quienes luchan contra la brutalidad policial que tanto le indignaba, pero es evidente que no le bastaba con hacer ruido en las calles. Ayer el organizador de la manifestación en Dallas, Jeff Hood, aseguraba haber llorado por los funcionarios que esa noche no volverían a casa, «porque si las vidas de los negros importan, las de los policías también», dijo.
Los líderes de los movimientos afroamericanos se desvivían ofreciendo condolencias a la Policía. Hasta la madre de Sterling, asesinado el martes, dijo que irá al entierro de los agentes. La novia de Castile explicó que «lo que ha pasado en Dallas no tiene que ver con él, es mucho más grande. Quiero justicia para todo el mundo, no sólo para mi novio».
En ninguna parte era más sentido el duelo que en Dallas, donde el alcalde, Mike Rawlings, pidió «superar esa retórica para dejar a las próximas generaciones un mañana en el que creer». El problema es que «retórica» se ha convertido en la palabra en clave para referirse despectivamente a las acusaciones que ‘Black Lives Matter’ lanza, desolado por un sistema de justicia que rara vez castiga a los policías asesinos. Y ni un presidente negro ni una ministra de Justicia negra logran cambiarlo.
(Puede haber caducado)