El abandono británico mutila la esperanza de los países balcánicos de unirse a la UE

Los líderes de la UE temen que el visto bueno a la incorporación de más socios pueda insuflar aire a fuerzas populistas y ultraderechistas

La Voz de Galicia, CRISTINA PORTEIRObruselas / corresponsal, 05-07-2016

«Las dimensiones reales del brexit solo las podremos entender con el paso del tiempo», reconocía una alta fuente diplomática de Bruselas tras el referendo británico. Han pasado diez días desde entonces y los efectos secundarios del resultado traspasan todos los muros de Bruselas y Londres. El no del Reino Unido a la UE también ha sacudido a los países de los Balcanes, los otros perdedores del plebiscito. Montenegro, Albania, Serbia, Bosnia, Kosovo y Macedonia llevan años preparándose para superar las pruebas de acceso impuestas por la UE. Cada uno a su ritmo. A pesar de los progresos en países como Montenegro y Serbia, algunos podrían quedarse a las puertas por el avance de los euroescépticos en Europa.

El presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, aseguró en el 2014 que no habría nuevas adhesiones hasta el final de su mandato, pero el aplazamiento puede ser mayor. Los líderes de la UE temen que el visto bueno a la incorporación de más socios pueda insuflar aire a fuerzas populistas y ultraderechistas en una UE resquebrajada socialmente. Aunque el comisario de Vecindad, Johannes Hahn, negó ayer en París durante la cumbre de los Balcanes occidentales que Bruselas fuera a obstaculizar el acceso de nuevos miembros, los líderes de esa región creen que la UE les dará la espalda una vez más, olvidando la responsabilidad histórica y moral que arrastra desde los años 90 cuando la inacción europea permitió que los Balcanes se desangrasen en sucesivas guerras.

Las promesas de convergencia, revitalizadas ayer por Hollande y Merkel, suenan a quimera y contrastan con la desilusión y la decepción de los ciudadanos de los países balcánicos, quienes pusieron sus esperanzas en una eventual incorporación. La crisis abierta en la Unión tras el referendo obliga a Bruselas a dar un paso atrás y congelar cualquier avance. La paciencia empieza a flojear en el corazón de la región: Bosnia. El desempleo crónico alcanza al 40% de su población y los jóvenes no tienen perspectivas de trabajo. El sector público está sobredimensionado, la Administración succiona la mayor parte del presupuesto nacional y las tensiones étnicas, aunque controladas, siguen latentes.

Texto en la fuente original
(Puede haber caducado)