La regulación de las empleadas de hogar no cumple las expectativas cinco años después
Los sindicatos alertan de la precariedad de quienes trabajan en tareas domésticas y de que una gran parte sigue ejerciendo sin contrato
El Correo, , 04-07-2016Hace cinco años, el 1 de junio de 2011 la Organización Internacional del Trabajo se reunió en Ginebra y adoptó el ‘189 Convenio sobre el trabajo decente para las trabajadoras y los trabajadores domésticos’. A partir de ahí se fueron gestando las regulaciones nacionales, que en el caso de España se tradujo en la integración del Sistema Especial de Empleados de Hogar en el Régimen General de la Seguridad Social, que entró en vigor en enero de 2012.
¿Qué ha sido desde entonces? Según datos recopilados por UGT de La Rioja a partir de las estadísticas de la Seguridad Social, en mayo de este año estaban inscritas en el Sistema Especial de Empleados de Hogar 3.028 personas. Una cifra que se ha mantenido constante, en torno a los tres mil empleados, desde 2013 hasta hoy. Los principales cambios se vieron en 2012, cuando en enero había 137 inscritos, para junio eran 1.454 y en diciembre 2.988.
La regulación de las empleadas de hogar no cumple las expectativas cinco años después
«No se han cumplido las expectativas. Pero es difícil valorar de qué porcentaje hablamos. Podríamos estar entre un 40-50% aproximado de gente que se ha dado de alta, pero es solo una estimación», apunta Urbano Beriaín, secretario general de la Federación de Servicios (FES) de UGT de La Rioja.
«Es un sector en el que hay muchos inmigrantes, algunos de ellos sin papeles; si bien la crisis ha hecho que suba el número de españoles». A ello se suma que «se han destruido muchos empleos en los últimos años por la crisis», apunta.
A falta de un censo de cuántas personas ejercen este trabajo, dado su alto índice de economía sumergida, se puede recurrir al dato ofrecido por Joaquín Giró, profesor de Sociología de la Universidad de La Rioja, en el libro ‘Envejecimiento poblacional y el reto de la dependencia: el desafío del envejecimiento en los sistemas sanitarios y sociales de España y Europa’. Así, según la EPA del cuarto trimestre de 2009, «9.500 personas aseguraban trabajar como empleadas de hogar en La Rioja».
Teresa, en su domicilio de la capital riojana.
Teresa, en su domicilio de la capital riojana. / Javier Goicoechea
Situación actual
«A mis amigas les digo que piensen en el futuro y se den de alta»
Lo señalan los sindicatos y es fácil de corroborar por cualquiera que conozca a empleadas de hogar: la mayoría proviene de fuera de España. El caso de Teresa Martínez Romero es uno de ellos. Esta mujer, de 60 años, se vino de Ecuador a Logroño hace 17 para trabajar.
Desde su llegada a tierras riojanas ha ido ejerciendo diversas ocupaciones: cuidado de mayores, empleo en una lavandería, en un restaurante… «Desde el 2006 estoy trabajando por mi cuenta, principalmente limpiando casas», explica.
Y reconoce lo que es relativamente habitual. «En este tiempo unos me han dado de alta, otros no, hay de todo, pero cuando quieres trabajar porque lo necesitas pues, ya sabes, aceptas».
De cualquier modo, Teresa ha buscado estar siempre afiliada. «Yo me aseguro por mi cuenta», precisa y añade que, «hasta hace cuatro años, que podía darme de alta como autónoma como doméstica, lo hacía así, pero cuando cambió la regulación pasé al Sistema Especial de Empleada de Hogar». Además, ahora, para completar su base de cotización en la Seguridad Social, «junto a lo que me cotizan mi empleadores, yo aporto todos los meses dinero al régimen».
Ella tiene claro que estar en el sistema es la mejor forma para estar protegidos. «A muchas amigas les he comentado el tema, porque igual no están dadas de alta en la Seguridad Social. Les recomiendo que vayan a informarse, que piensen en el futuro y se den de alta porque tenemos que ver que nos hacemos mayores. Y mucha gente no contamos con quien se haga cargo de nosotras y tenemos que mirar por nuestro interés. Por eso es importante cotizar e ir sumando de cara a la posible jubilación», subraya Teresa Martínez Romero, siempre con una sonrisa mientras relata su historia y apunta que ella vive sola en España, ya que su hijo regresó a Ecuador, a donde le gustaría volver tras su retirada.
En cuanto al sector en sí, afirma que «con lo justito se sale, pero no me puedo quejar, estoy bien, por lo menos tengo trabajo, estoy contenta y me siento honrada». En líneas generales ella ha tenido la suerte, o se la ha ganado, de contar con casas donde limpiar durante bastante tiempo. «Son hogares en los que llevo un período largo trabajando. En uno llevo, por ejemplo diez años. En otro, nueve. De los más recientes son ya tres años lo que hace que comencé a trabajar con ellos. Sí, en general, estoy mucho tiempo. Y en los casos que he dejado de limpiar, la gran mayoría es porque las personas para quienes hacía las tareas han fallecido, tristemente», relata Teresa.
La crisis también afecta
En cuanto a quienes le emplean en su casa, precisa que, «excepto un señor mayor, ahora mismo suelen ser familias jóvenes, con niños, que apenas veo porque cuando voy a limpiar no están en la vivienda. Confían en mí. Voy, hago mi trabajo y sigo para el siguiente destino. Reconozco que he tenido mucha suerte con quienes me contratan. Quizás por eso duro tanto en las casas».
Y esa satisfacción mutua tiene efectos multiplicadores: «En los mismos hogares en los que estoy trabajando me recomiendan a otras familias; aunque en muchos de los casos me he movido yo a buscar los posibles clientes, hay que moverse», asegura, pero admite que la crisis se ha notado mucho. «Sí, se ha reducido el número de casas, se nota; hay menos trabajo».
Respecto a la prevalencia del público femenino como empleadas de hogar, Teresa reconoce que «la mayoría somos mujeres, pero ahora los hombres están apañando, no hay trabajo y comienzan también a hacer tareas de empleado de hogar».
Tal como se explica desde USO La Rioja, «la reforma hecha efectiva en 2012 obligó a todos los empleadores, independientemente de las horas que tuvieran contratada a la persona, a darse de alta como empleadores en la Seguridad Social». Y es que, «antes era el propio trabajador el que podía darse de alta para varios empleadores». Por tanto, ahora «corresponde siempre al empleador la obligación de dar de alta y cotizar», aunque en caso de que el empleado preste los servicios menos de 60 horas al mes por empleador, puede ser el propio trabajador el que formule su afiliación.
¿Quién no asume entonces dicha afiliación? ¿Por qué no hay más personal de hogar dado de alta? «En algunos casos quien contrata no tiene interés por afiliarles, pero son incluso las propias trabajadoras las que en ocasiones no quieren que les den de alta: bien porque no tienen papeles o porque están recibiendo otro tipo de ayudas… Ha mejorado el sector respecto al pasado, pero aun así es muy complicado», señala Beriaín, de FES-UGT La Rioja.
LAS CLAVES
UGT
«Las condiciones son penosas, ganan la mitad que un trabajador normal y con jornadas más largas»
USO
«Seguimos hablando en femenino en este sector y nuestras reivindicaciones se dirigen a lograr el derecho al desempleo»
Uno de los aspectos todavía en el aire y que los sindicatos demandan cambiar es que «el Sistema Especial de Empleados de Hogar no cotiza por desempleo, con lo cual no tienen derecho a la prestación por desempleo», es decir, no tienen el llamado paro. Sí que se les reconocen ciertos derechos de incapacidad temporal: en caso de accidente no laboral o enfermedad común, el empleador asume desde el cuarto al octavo día y la Seguridad Social a partir del noveno; en enfermedad profesional o accidente laboral el subsidio es del 75% de la base reguladora y se cobrará desde el día siguiente al de la baja.
El sindicato USO, con motivo del Día Internacional de los Trabajadores del Hogar, el pasado día 16 de junio denunciaba la situación. «Seguimos hablamos en femenino en este sector, ya que las reivindicaciones de las empleadas de hogar van más allá de un régimen concreto de Seguridad Social, de cotizaciones que den derechos, como el derecho a desempleo que sigue sin existir». Y reconocían que «las cifras en España de este sector en la economía sumergida siguen siendo una incógnita».
Malas condiciones
En el aspecto salarial, según indica Beriaín, «las condiciones son penosas. Están ganando la mitad que un trabajador normal a tiempo completo. Además, en el caso del empleado de hogar no hablamos de ocho horas, en muchos casos son diez, doce, catorce horas…». De hecho llega a referirse a ello como de «cerca de la esclavitud». «Pueden estar ganando 500 euros al mes por jornadas de noche…». Además, «muchas veces no les dan ni dos días de descanso semanal, es una explotación».
«Se les pide que reclamen, pero es evidente que cuando no tienes nada lo que quieres es trabajar, como sea, y comer, y se aceptan las condiciones», denuncia el secretario de FES-UGT La Rioja.
En cuanto al perfil de los trabajadores de hogar, según los datos de la Seguridad Social ofrecidos por UGT, en mayo de este año, 2.937 eran mujeres y 91 hombres. Respecto a las tareas que realizan, en la actualidad la mayoría cuida a personas mayores. «Ha descendido bastante el número de quienes se dedican a las tareas domésticas, propiamente, tipo limpiezas, debido a que se ha reducido su demanda por efecto de la crisis», subraya Beriaín.
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