El 'Brexit' vence en el referéndum y abre un período sin precedentes en la UE

Los mercados reaccionan con pánico ante la incertidumbre del nuevo  encaje británico en el continente

Deia, EFE, 24-06-2016

El referéndum sobre la permanencia de Reino Unido en la Unión  Europea
se ha saldado a favor de la salida de la segunda economía del 
continente, un desenlace sin precedentes en el proyecto comunitario y 
que abre un período de incertidumbre tanto para el nuevo encaje 
británico en el continente, como para la sostenibilidad de un bloque 
que ha perdido a uno de sus más influyentes miembros.

LONDRES. Aunque el escrutinio no ha concluido oficialmente, el ‘Brexit’ ha  logrado una victoria recibida por sus partidarios como el “día de la  independencia británica”, una euforia que contrasta con la negativa  reacción de los mercados, que evidencian las serias implicaciones de  una decisión contra la que habían luchado la práctica totalidad de  las fuerzas políticas, económicas y sociales de Reino Unido.


Junto a los efectos sobre la volatilidad financiera, el ‘statu  quo’ británico se enfrenta a un terremoto político con epicentro en  el Número 10 de Downing Street, puesto que el primer ministro, David  Cameron, había apostado por una opción, la de la permanencia,  ignorada por la mayoría de los ciudadanos.


Con una participación del 71,3 por ciento, la mayor en una  votación en Reino Unido desde 1992 y más de seis puntos por encima  del plebiscito de 1975 que había confirmado la permanencia en la por  entonces Comunidad Económica Europa, el escrutinio ha dado un vuelco  sin precedentes a una noche electoral que había arrancado con las  encuestas a favor de la continuidad.


Este desenlace tiene profundas connotaciones políticas e  institucionales, puesto que el debate sobre la sostenibilidad de  Cameron al frente del Gobierno, del que había avisado que no  dimitiría en caso de Brexit, está ya planteado, incluso pese a la  carta de dos tercios de los diputados conservadores que habían  defendido la salida y que le han expresado su apoyo para permanecer  en Downing Street por el “mandato y deber” obtenido hace tan sólo un  año.


SIN “PLAN B”


Además, otra de las incógnitas es el grado de preparación de  Reino Unido para un proceso que podría llevar años, puesto que el  propio primer ministro había asegurado públicamente que no había  “plan B”.


Tras jugarse su credibilidad a la carta de una apuesta que, según  él, haría al “más fuerte y más seguro”, Cameron ha quedado ya como el  principal perjudicado de una campaña que ha dividido a la sociedad  británica por una estrategia partidaria, puesto que, más que por  clamor popular, el referéndum surgió para sofocar el incendio que  Bruselas llevaba generando en los conservadores desde hace décadas.


La oposición laborista ha sugerido ya la necesidad de su dimisión  ante un escenario sin precedentes en el que la única certidumbre es  que, de vencer la salida, la decisión sería “irreversible”. No en  vano, David Cameron había avanzado ya que el proceso formal de  retirada de los Veintiocho comenzaría de inmediato.


Aunque el Tratado de Lisboa establece las pautas de este  procedimiento en el artículo 50, el primer movimiento ha de partir  del estado miembro, que debe notificar a la UE su deseo de  abandonar.


De hecho, Londres no está obligado a proceder inminentemente, es  más, los partidarios de romper con Bruselas han manifestado ya su  preferencia por aguardar, puesto que, pese a meses de campaña, la  fórmula que regiría sigue siendo una incógnita.


Los plazos, a priori, están marcados, si bien los dos años  establecidos en la normativa comunitaria podrían ampliarse siempre  que lo autoricen los otros veintisiete socios. Expertos en Derecho  europeo creen que, dada la complejidad, las negociaciones podrían  llevar hasta una década y los propios defensores del divorcio asumen  que, como mínimo, serían necesarios cuatro años.


REACCION EN LOS MERCADOS Y EN EUROPA


De momento, los mercados han evidenciado las secuelas del  escenario que se abre en el bloque occidental: la divisa británica ha  caído a niveles inéditos desde 1985, lo que podría acarrear una  intervención de contingencia del Banco de Inglaterra, que ya había  avanzado que tenía previstas medidas para garantizar la estabilidad  financiera.


Junto a la City y Downing Street, la atención estará en el  continente, donde se espera que los demás líderes, que han mantenido  en secreto su plan de acción en caso de ‘Brexit’, se reúnan a la  máxima urgencia y exijan a Reino Unido clarificaciones sobre las  reas más delicadas, como el futuro de los casi tres millones de  ciudadanos comunitarios que residen al norte del Canal de la Mancha.


ENCAJE EN EL MERCADO COMUN


Además, uno de los factores más complejos será el potencial encaje  británico en el mercado común. La presión, por tanto, será notable  para hallar una solución que implicará delicados compromisos de las  partes, un esfuerzo que podría necesitar años antes de que se pueda  garantizar el apoyo de una mayoría cualificada de los ministros del  ramo para, posteriormente, lograr que la propuesta sea ratificada por  los demás estados miembro y, a continuación, por los Parlamentos  europeo y británico.


El problema es que uno de los catalizadores del Brexit ha sido el  control de los flujos migratorios y la pertenencia al mercado común  implicaría, a priori, el libre movimiento de personas, dos elementos  indisociables y, para la UE, innegociables, por lo que, a priori,  Londres no podría mantener el primero sin tener que aceptar el  segundo, lo que complica la ecuación entre prosperidad económica y  límites a la entrada de ciudadanos comunitarios.


No en vano, abandonar el mercado común no es una opción extendida  entre los defensores del ‘Brexit’, que se encuentran dividido entre  quienes proponen directamente abandonarlo, aquellos que creen posible  permanecer por el propio interés del resto de sus integrantes de no  perder a la segunda economía europea, los que abogan por establecer  acuerdos bilaterales e, incluso, quienes ven viable operar con los  161 miembros de la Organización Mundial de Comercio (OMC).


Este encaje, con todo, constituye tan sólo una pieza más del  complejo puzle legislativo de un proceso que obligaría a revisar  hasta 80.000 páginas de acuerdos comunitarios, con el objetivo de  decidir descartes, qué áreas enmendar y cuáles mantener, un sumario  que, inevitablemente, querrá supervisar el Parlamento británico y  cuya duración constituye un enigma.


Además, la salida incrementa el riesgo de una crisis  constitucional para la unión británica, puesto que Escocia,  protagonista de un plebiscito de independencia hace menos de dos  años, ha apoyado mayoritariamente la continuidad en la UE y cuya  ministra principal ha reconocido que este desenlace reavivará las  ansias secesionistas.


PROCESO SIN PRECEDENTES


En consecuencia, junto a la resolución de una profunda crisis  política en casa, el Gobierno, independientemente de su constitución,  tendrá que resolver un proceso sobre el que no hay precedentes, tan  sólo la salida de Groenlandia, ni siquiera un estado, sino un  territorio que formaba parte de Dinamarca, hace más de 30 años,  cuando la UE no era tampoco la unión política en la que se ha  convertido hoy en día.


Por si fuera poco, este nuevo capítulo tendría que acordarse con  socios que difícilmente mostrarán empatía hacia quien ha decidido  abandonar, a pesar de los compromisos que tanto costaron en febrero y  que hubiesen garantizado para Reino Unido el ansiado estatus de verso  libre de una Europa cada vez más cohesionada.


Por otra parte, a escala europea, el temor es que la partida  británica genere un efecto dominó entre otros integrantes de los  Veintiocho y, sobre todo, que desencadene un peligroso auge del  populismo.

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