Juanjo Acosta (Marinero ahora en tierra y antes en Chíos como voluntario): «No me creo un héroe después de estar en Chíos, sigo siendo Juanjo»

A pesar de su juventud este hondarribitarra ha querido ver la realidad sin el filtro de la distancia y ayudar a quienes cruzan el océano para vivir

Diario Vasco, YLENIA BENITO bidasoandv@gmail.com , 17-06-2016

Dicen que no se le pueden poner diques al mar. De momento, nadie lo ha conseguido. Del mismo modo, tampoco se le pueden poner diques a la desesperación. Y menos, si antes no se le han puesto a una guerra. El miedo, el terror y el espíritu de supervivencia no entienden de diques, ni de fronteras. Tampoco la solidaridad. No hay ecuación científica que lo demuestre, pero sí personas como Juanjo Acosta. Al joven hondarribitarra no lo han frenado ni la oposición de su familia, ni las imágenes de los informativos. Su solidaridad y sus ganas de ayudar, lo han llevado hasta Chíos. Sin diques, sin fronteras. Simplemente Juanjo.

- Hondarribitarra y marinero, ¿inevitable?

- Los de Hondarribia tenemos ‘esa cosa’ con el mar que no podemos explicar. Es verdad. Yo en mi caso, desde pequeño he sentido la relación con el mar en mi familia.

- Marineros en tierra, pocos. Ya lo decía Rafael Alberti…

- ¡Claro! A mí lo que más me gusta es estar en el mar. Soy patrón de altura y ahora estoy estudiando un grado superior de mecánica naval. Desde txiki he estado en Kai Zaharra viendo los barcos, las txalupas, los arrantzales…

- Pero ser parte de Salvamento Marítimo Humanitario no tiene nada que ver con ser arrantzale.

- Nada, pero mis conocimientos me han servido para poder ayudar. O eso pensé desde el principio de esta experiencia.

- Eso es, comencemos por el principio, ¿dónde empieza todo?

- Fue viendo la tele cuando escuché por primera vez hablar de Lesbos. Siempre me ha interesado el conflicto árabe, así que intenté por todos los medios saber algo más. Pero la información era muy escasa. Entonces, una noche de septiembre, en el programa de Wyoming apareció la ONG Proactiva.

- ¿Este fue tu ‘as de guía doble’ (nudo marinero)?

- Más o menos. En ese momento sentí que tenía que ayudar. Soy marinero y patrón de rescate con la DYA, creí que algo podría aportar, así que les mandé un e – mail con mi currículum.

- ¿Y? ¿Reforzaste el nudo?

- Para nada. No me contestaron. Pero no me vine abajo, quería ir a Lesbos a toda costa, así que mandé mi currículum a todas partes.

- Pero te encontraste solo en el océano…

- La verdad es que sí. No me respondió nadie.

- Ese naufragio llega a puerto en noviembre, ¿no es así?

- Sí, cuando aparece la nueva ONG Salvamento Marítimo Humanitario. Ellos publicaron un mensaje en las redes sociales pidiendo gente dispuesta a colaborar. Les escribí e Iñigo Mijangos, el coordinador, me hizo una entrevista y me citó para unas pruebas.

- ¿En el mar?

- En Pasaia, sí. Allí me presenté con toda mi ilusión para darme el primer batacazo.

- ¿Qué sucedió?

- Imáginate la situación. Dos bomberos, experimentados y fuertes, y yo, Juanjo. Lo primero que pensé fue ‘¿dónde me he metido?’.

- Espero que te metieras al agua.

- ¡Por supuesto! Estuvimos tres horas en el agua haciendo pruebas de marineria, nudos, remolques, zafaduras… Un poco de todo.

- ¡Seguro que sacaste buena nota!

- Lo único que me dijeron al terminar fue ‘ya te pondremos una fecha’.

- ¿Eso qué quiere decir?

- Ni yo lo sabía en ese momento. Entonces me propusieron colaborar con ellos en algunos eventos con el fin de recaudar fondos. Hasta principios de febrero estuve en varias iniciativas…

- Hasta que te ponen fecha.

- ¡Eso es! Me dijeron ‘te hemos conseguido grupo, te vas’. Entonces sí que fue todo muy rápido, pero yo quería ir bien preparado, así que pedí ayuda a mis compañeros de la DYA.

- ¿Otro día de pruebas?

- Una jornada de repaso con la que yo sentirme más seguro. Fue algo íncreible. Los más veteranos, personas que llevan veinte años trabajando en la DYA, acudieron ese día sólo para ayudarme a mí. También recibí formación psicológica por parte de una compañera y eso me ayudó muchísimo.

- Entonces ya se sabía más sobre lo que ocurría en Lesbos, no iba a ser un viaje fácil…

- En ese momento salían imágenes de Lesbos a diario. Pensé en echarme atrás, sólo un segundo, pero lo pensé. En casa sólo mi tía abuela Mari me apoyaba, pero yo tenía claro que quería irme. Y me fui.

- ¿Llegaste con fuerza o los nervios las consumieron todas?

- Fueron catorce horas de avión en las que no dormí ni un segundo, pero fue pisar Chíos y empezar la actividad. Uniforme y a reconocer el terreno. Ni descansar, ni nada.

- ¿Cuál fue tu primera impresión?

- La primera noche nos enseñaron un campamento en el puerto de Chíos en el que había unas cincuenta personas, entre ellas algunos niños. Hacía un frío terrible, pero los griegos habían puesto candados a las estufas y no se podían encender. Para mí fue algo insólito, había niños muy pequeños…

- Lo insólito fue en aumento…

- Sí. El primer bote que ví estaba pinchado. No lo vimos llegar y la gente ya había desembarcado, pero aún quedaban restos de ropa… Lo que pensé fue que era imposible que en una madera tan fina pudieran aguantar sesenta personas. Era muy frágil, fue impresionante.

- Aquí vemos lo que seleccionan los informativos y periódicos. Tú allí no has tenido filtro…

- No te voy a engañar, ha sido durísimo. Recuerdo un rescate nocturno que duró cuatro horas. En un mismo bote iba un niño ciego, otro con parálisis cerebral, una mujer muy grave, un hombre con una malformación en un pie… Esa gente no busca una vida mejor, huye de la guerra, busca una vida. Nada más.

- Poco más hay cuando pisan tierra firme.

- Vi a muchos refugiados gritar de alegría al llegar a tierra. Eso me emocinaba. Yo solo pensaba ‘no sabes lo que te espera aún’.

- Ellos no pueden volver como lo has hecho tu, ¿no?

- Me fui para dos semanas y cuando llegó el momento de volver solo pensaba en quedarme. Ha sido una experiencia dura, pero no me arrepiento. Ojalá todo el mundo pudiera ir allí para ver la realidad sin filtros como la he visto yo. No me siento un héroe, sigo siendo el mismo. Pero es necesario saber lo que ocurre de verdad para entender por qué hay gente que huye de su propia casa. Lo tengo claro, quiero volver. Voy a volver.

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