Otra tragedia americana
La matanza homófoba perpetrada por un joven estadounidense en un club de Orlando tiene muchos ingredientes de la especificidad de Estados Unidos, donde resulta más económico –e igualmente legal– adquirir armas potentes y arsenales que los últimos modelos de telefonía móvil...
La Vanguardia, , 13-06-2016La matanza homófoba perpetrada por un joven estadounidense en un club frecuentado por ciudadanos homosexuales de Orlando tiene muchos ingredientes de la especificidad de Estados Unidos, donde resulta más económico –e igualmente legal– adquirir armas potentes y arsenales, más allá de la autodefensa, que los últimos modelos de telefonía móvil.
La investigación sigue abierta sobre las posibles conexiones entre el autor del tiroteo más letal en la historia de Estados Unidos y el yihadismo. El Estado Islámico hizo suyo, vagamente, al criminal aprovechando además que el asesino –muerto por la policía en el lugar de los hechos– comunicó obediencia al EI en una llamada a la policía previa a los hechos. Para este Estado Islámico que cede terreno en Siria e Iraq, reivindicar acciones como la de Orlando es una obligación con fines propagandísticos.
Hay dos factores que, en cambio, son irrefutables: la homofobia y la frustración del presidente Obama con el Congreso, al que no citó, pero al que iba dirigido el lamento de que pasan los años y no hay forma no ya de prohibir todas las armas –algo que rechaza la mayoría de la sociedad–, pero sí al menos de limitarlas más, como el subfusil de asalto empleado por Omar Mateen. Sin semejante fusil, no es aventurado resaltar que el número de víctimas hubiera sido menor.
Consciente de vivir el tramo final de su mandato y de que han sido ya muchas las matanzas, el presidente Barack Obama dejó entrever en sus palabras de condolencia frustración con este inmovilismo legislativo, que en anteriores ocasiones ha imputado a los republicanos. De ahí su llamamiento a los estadounidenses: “Tenemos que decidir si este es el tipo de país que queremos”. Hay que recordar que en noviembre los estadounidenses también están llamados a renovar el Capitolio, la clave para que haya restricciones a la venta libre de armas. Ayer, Donald Trump trató de “rentabilizar” la matanza al recordar sus alertas sobre el peligro del yihadismo en Estados Unidos y las restricciones a los musulmanes. Ir más allá va en contra de la tradición política y podría volverse en su contra.
La homofobia de Omar Mateen invita a reflexionar sobre la lucha de los colectivos de gais, lesbianas, bisexuales y transexuales (LGBT), iniciada decisivamente en Nueva York en 1969 en el pub Stonewall. La sociedad se pregunta a veces si es necesario seguir impulsando cambios, dando por hecho que sus derechos ya están garantizados. La matanza de Orlando, en pleno mes del Orgullo Gay en Estados Unidos, sugiere que la sociedad aún tiene camino por recorrer para evitar la satanización del amor en estos grupos. Si la bandera del arco iris ya ondeaba en muchos edificios oficiales e iglesias de EE.UU., ahora recobra todo su significado.
Barack Obama ha sido un presidente progresista en muchos aspectos. Cuando llegó a la Casa Blanca hace siete años, era un demócrata reacio a la legalización de los matrimonios de personas del mismo sexo. El día que el Tribunal Supremo legalizó estos matrimonios, la bandera del arco iris ondeó en la mansión presidencial más poderosa del planeta y el propio presidente dijo que le hubiera gustado acudir a las celebraciones (no lo hizo por la seguridad que conllevan sus desplazamientos). La matanza de Orlando es, tristemente, un acicate para que las sociedades desarrolladas avancen en la igualdad y en evitar que el amor gay suscite odio.
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