ISLAM EN EUROPA
«TENGO DERECHO A TRABAJAR CON EL VELO»
Una azafata de tierra en el aeropuerto de Mallorca ha sido sancionada ya cinco veces por acudir a su puesto de trabajo con la cabeza cubierta con un hiyab y se enfrenta incluso a la posibilidad de que la despidan por ello, mientras la Unión Europea debate si es o no admisible poner a una trabajadora musulmana en la calle alegando que el uso del velo viola la política de neutralidad religiosa de la compañía.
El Mundo, , 10-06-2016Lo sabía, lo sabía perfectamente. Cuando hace unos seis meses Ana Saidi Rodríguez decidió comenzar a cubrirse la cabeza con un velo, sabía muy bien a lo que se enfrentaba. Sabía que le tocaría aguantar miraditas de desconcierto por parte de algunos amigos y conocidos, ceños fruncidos en la cola del supermercado, caras de rechazo al caminar por la calle, murmullos despectivos soltados a media voz en el autobús… Pero lo que nunca se le ocurrió es que usar el hiyab, el velo que emplean las mujeres musulmanas que siguen los preceptos religiosos que dicta el Islam, le ocasionaría graves problemas en su puesto de trabajo. Concretamente: cinco sanciones disciplinarias, una baja médica por ansiedad e insomnio y el fantasma de un posible despido.
Ana tiene 38 años, es española (hija de padre marroquí y de madre albaceteña convertida al Islam), trabaja para el gigante Acciona y encarna la versión nacional de un encendido debate que en estos momentos recorre Europa. A saber: ¿Puede una compañía impedir a una trabajadora llevar el velo islámico invocando a la laicidad y a la aconfesionalidad de su política empresarial?
El pistoletazo de salida a la disputa lo ha dado una mujer belga de confesión musulmana que se ganaba la vida como recepcionista de la empresa de seguridad y servicios de vigilancia G4S Secure Solutions y que fue despedida cuando, después de cuatro años empleada en la compañía, manifestó su intención de llevar el velo en su puesto de trabajo. El caso está aún en manos de la Justicia, pero la abogada general del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (UE), Julianne Kokot, dejaba caer hace unos días que le parecía admisible prohibir el uso del hiyab durante la jornada laboral cuando la compañía enmarque esa prohibición dentro de una política de neutralidad en materia religiosa y de una normativa general que impida llevar de modo visible en el puesto de trabajo símbolos políticos, filosóficos y religiosos.
Cuando hace nueve años, Ana comenzó a trabajar para Acciona, una compañía líder en infraestructuras, energías renovables, agua y servicios que cuenta con unos 30.000 empleados, no llevaba velo. «Soy musulmana desde siempre, pero mi conocimiento del Islam era por entonces muy básico. Cumplía pero sin más, sin profundizar. Sin embargo, llegó un momento en el que empecé a plantearme el tema del velo. Me parecía bastante absurdo tener que llevar un velo en el bolso y ponérmelo sólo para entrar en la mezquita. Llevar el velo es un precepto religioso, así que decidí cumplirlo. Se trata de una cuestión de fe, de una decisión estrictamente religiosa».
Ana trabaja en el aeropuerto de Mallorca como agente de handling, azafata de tierra para entendernos. Su trabajo es de cara al público y consiste en encargarse de la facturación y embarque de los pasajeros. Un empleo que exige llevar uniforme: pantalón y chaqueta azul marino, camisa azul celeste, bolso y zapatos a juego, medias color carne… Es fija discontinua, lo que significa que trabaja unos ocho meses al año. Y antes de iniciar un nuevo contrato, en diciembre de 2015, habló con su jefe directo y le comentó su intención de acudir a su puesto de trabajo con el velo.
«Mi jefe me dijo que no había ningún impedimento, que podía hacerlo, y que si tenía alguna dificultad con mis compañeros de trabajo que acudiera a él». Así que una mañana Ana se presentó a trabajar en el aeropuerto de Palma de Mallorca con la cabeza cubierta con un hiyab. «Busqué un velo muy discreto de color azul marino, del mismo tono que mi uniforme de trabajo».
Pero ya ese primer día en que Ana acudió a trabajar con el velo islámico, empezaron los problemas. «Hubo revuelo. Algunos compañeros comenzaron a quejarse a mis espaldas de que llevara velo. La gente ve el velo como algo malo, como un instrumento de sometimiento de la mujer. Hay mucho desconocimiento, porque para nada es así. Yo llevo el velo por decisión personal, por motivos exclusivamente religiosos».
El caso es que al segundo día de presentarse a trabajar con el hiyab, el jefe directo de Ana la llamó a capítulo. «Me comentó que desde Madrid le habían indicado que la política de la empresa me impedía llevar el velo. Pero yo había leído atentamente el convenio y ahí no se decía absolutamente nada al respecto, así que protesté y les dije que quería que me lo comunicaran por escrito». Ana recibió entonces las disposiciones sobre la política indumentaria de la empresa, en las que se detallaba que no se aceptaba ninguna prenda fuera de las estipuladas en el catálogo de uniformes.
«Yo, sin embargo, he seguido llevando el velo. Y eso me ha valido ya cinco sanciones». Por no hablar de los problemas de salud que toda esta situación asegura que le está provocando… «La empresa me está hostigando. Y, por ese motivo, sufro ansiedad, insomnio…» De hecho, actualmente Ana está sin trabajar, con una baja médica. «Pero estoy segura de que en cuanto vuelva a trabajar volverán a acosarme por llevar el velo. Es humillante. Hay compañeros de trabajo que llevan cruces bastante visibles, ¿por qué no puedo entonces yo llevar el velo?», suelta a borbotones.
El jefe de Recursos Humanos de Acciona Airport Services, Victorio Núñez, es categórico: «La política de esa empresa contempla que sólo y exclusivamente se puedan llevar los elementos que forman parte del uniforme. Además, también se prohíbe el uso de símbolos religiosos y políticos».
–«¿Entonces no se puede llevar velo?», le preguntamos
–«No está permitido ningún elemento que no forme parte del uniforme. Absolutamente ninguno», responde tajante, evitando en todo momento pronunciar la palabra velo o hiyab.
Lo que sí que asegura es que el incumplimiento por parte de un empleado de las normas de uniformidad de la compañía puede dar lugar a la aplicación de lo estipulado en el régimen disciplinario: «Desde una amonestación hasta el despido», subraya.
Ana, de hecho, se teme que la acaben despidiendo por su decisión de llevar velo. «Sería tremendamente injusto, pero por desgracia es algo que creo que puede llegar a ocurrir. Y eso que Acciona tiene firmada una declaración por la que se compromete a apoyar, respetar y contribuir a la protección de los Derechos Humanos fundamentales reconocidos y por la que rechaza a cualquier tipo de discriminación por motivos entre otros de religión. Sin embargo, ellos mismos están incumpliendo ese principio».
(Puede haber caducado)