El pianista refugiado de Yarmuk
La Vanguardia, , 07-06-2016Su notoriedad empezó en vídeos en YouTube en los que se le veía tocando el piano entre ruinas en el campo de refugiados palestinos de Yarmuk, en Damasco, un ejercicio de resistencia ante el horror de la guerra en Siria que desde el 2014 ha cautivado a las redes sociales. El pasado agosto, Aeham Ahmad escapó y, tras recorrer la penosa ruta de miles de refugiados a través de Turquía, Grecia y los Balcanes, en septiembre llegó a Alemania. Ahora vive en un albergue de solicitantes de asilo en Wiesbaden (land de Hesse), mientras da tímidos conciertos –como los que le ocupan estos días en Berlín– a la espera de que su situación jurídica permita que su familia pueda reunirse con él.
“En Yarmuk siguen mi mujer, que tiene 24 años y es pintora, y nuestros dos hijos, el mayor tiene ahora tres años y el pequeño veinte meses, y también están mis padres; decidimos que me marchara yo solo con mi tío, porque el viaje es muy peligroso para los niños”, cuenta Aeham Ahmad a periodistas extranjeros, encaramado en una tarima con cortina de terciopelo rojo, junto a un viejo piano de pared. Estamos en el Sonntags – Club, un centro cultural de homosexuales, lesbianas y transexuales en el barrio de Prenzlauer Berg. El pianista de Yarmuk habla un precario inglés admirable, considerando que lo ha aprendido de urgencia.
El sirio – palestino Ahmad, de 28 años, nació refugiado en Siria (“mi abuelo llegó desde Palestina, y mi padre nació en Damasco, como yo; mi documentación allí siempre indicó mi condición de refugiado palestino”), y de Siria ha huido para refugiarse en Alemania. Tiene papeles para quedarse al menos tres años pero, según el calendario de trámites, no podrá solicitar la reagrupación familiar hasta noviembre del 2017.
Ahmad vivía con su familia en el campo de Yarmuk, que con los años se había convertido casi en un barrio más de Damasco, con edificios de varios pisos, en el que antes de la guerra residían unas 160.000 personas. Ahmad y los suyos llevaban una vida tranquila, dadas las circunstancias; él estudiaba educación musical en la Universidad de Homs, daba clases a niños, y regentaba una tienda de instrumentos con su padre, que es violinista. Pero Yarmuk se convirtió en el 2012 en escenario de combates entre los soldados de Bashar el Asad y los rebeldes, con lo que huyeron 140.000 habitantes; y entre julio del 2013 y enero de 2014 sufrió un asedio denunciado por la ONU, que dejó sin alimentos a los 18.000 palestinos que quedaban.
En abril del año pasado, parte del campo fue tomado durante un tiempo por el Estado Islámico (EI). Fue entonces cuando a Ahmad le quemaron el piano, con el que circulaba hacía meses tocando y cantando. “Mis amigos y yo colocábamos el piano sobre un carro con cuatro ruedas que mi tío usaba para vender comestibles cuando aún había algo que vender –explica el pianista–. Un día vinieron esos tipos del EI gritando haram (prohibido) y diciendo que me matarían; qué ignorantes, el islam nunca ha prohibido la música. Y me quemaron el piano”.
Ahmad habla con pasión de la música y sus esperanzas, pero está claro que se siente embajador del más de un millón de solicitantes de asilo que hay en Alemania, para quienes ruega apoyo. “Soy un refugiado, pero me he hecho famoso, y eso no gusta a todos –confiesa–. Hay que comprenderles; si estás en Siria en peligro por la guerra y muriéndote de hambre, si estás en Yarmuk comiendo gatos y hierba, verme en vídeos bien vestido en conciertos en Alemania… no es fácil”. Es un hombre menudo, que pesaba 40 kilos al salir de Yarmuk y ahora pesa 50, explica.
En el albergue de Wiesbaden, hay residentes que le animan a salir y contar “lo que nos pasa”, y otros le miran con recelo, relata con un suspiro. Y repite las fechas de su viaje del 2015: salida el 2 de agosto, llegada el 23 de septiembre. La fama vía internet de su piano le precedía. Al poco, en diciembre, recibía el recién creado premio Beethoven de Derechos Humanos. Adora a Beethoven –“pero sólo sé tocar piezas breves”– y a Mozart, e interpreta música con toques medio orientales, como la que nos ofreció ayer en el viejo piano del Sonntags – Club. Para escucharle en internet, basta teclear su nombre en las dos transliteraciones del árabe que circulan: Aeham Ahmad o Ayham Ahmad.
(Puede haber caducado)