La convulsión europea
Canarias 7, , 24-05-2016El avance de la ultraderecha en Austria constata que los partidos clásicos (socialdemócratas y democristianos) han sido desbordados por los efectos de la crisis económica (con especial incidencia en las clases medias y trabajadoras) y las secuelas de una desbocada globalización. Un contexto que, como es comprensible, genera múltiples temores sociales que invitan a recogerse en el habitual diseño del Estado nación y desdeñar proyectos supranacionales como el de la Unión Europea. En las elecciones austriacas del domingo, pendientes del voto por correo, puede concluirse que la mitad de la sociedad ha optado por el aspirante de la ultraderecha. Dicho de otro modo, es la manifestación de la voluntad de las masas y no la opción minoritaria de unas élites determinadas o de unos grupos económicos excluidos. La dimensión es mucho mayor. Y, a todas luces, certifica que el eje clásico de centroizquierda y centroderecha que pivoteaba alrededor del poder durante la segunda mitad del siglo XX y comienzos del actual, se desmorona a son de las fuerzas populistas a izquierdas y derechas que asolan el Viejo Continente.
En breve, tocará afrontar el referéndum sobre la permanencia de Gran Bretaña en el proyecto comunitario. Luego vendrán los comicios presidenciales franceses donde el Frente Nacional puede convertirse perfectamente en el partido más votado. Poco a poco se manifiesta que la idea pacificadora europea y su estilado contrato social está siendo desdeñado por completo por la ciudadanía. Se produce una desconexión hacia los tecnócratas de Bruselas y resurge la legitimación de enfocar la política en cada Estado desde dentro de sus fronteras y ajenos a poderes exteriores que carcomen la capacidad decisoria en democracia, es este el dilema presente por excelencia que nos atañe.
Y todo esto ocurre mientras la Administración Obama está en retirada al otro lado del Atlántico. Y, en caso de victoria de Donald Trump, no creo que Washington quiera ser el eterno aliado de los apacibles socios europeos. La geopolítica se retuerce y crea más incertidumbre. En fin, que Austria es un episodio más. Pero se trata, nada más y nada menos, que de una de las economías más desarrolladas dentro de la Unión Europea. No es solo el caso omiso a los refugiados sirios lo que abunda en el Viejo Continente sino también el rechazo a una galopante globalización que pone en entredicho las premisas clásicas del Estado del Bienestar que ha sido diagnosticado como insostenible. Un panorama de tensiones multipolares en el que el próximo inquilino en La Moncloa tendrá que desenvolverse y aportar en las soluciones pendientes, si es que llegan. Todo está por ver.
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