Un presidente verde, y no ultra
Alexander Van der Bellen gana por la mínima las elecciones, en plena polarización de Austria
El Mundo, , 24-05-2016Austria ya tiene presidente y no será el candidato del ultranacionalista Partido Liberal (FPÖ), Norber Hofer, sino el independiente Alexander Van der Bellen, un profesor de Economía de 72 años cuya primera tarea será hacer balance. Y las cuentas son demoledoras. Su victoria ha sido con un apretado 50,3%, frente al 49,7% logrado por su rival.
Austria está literalmente partida en dos y el presidente electo sabe que su primera tarea será intentar cerrar la fractura que estas presidenciales han puesto al descubierto en la estampa idílica que parecía ser esta república alpina.
«Se ha hablado de las divisiones en este país, entre derecha e izquierda, entre la ciudad y el campo, entre los de arriba y los de abajo, entre jóvenes y viejos. Pero creo que se puede ver así: Son dos mitades que hacen Austria y una es igual de importante que la otra», declaró Van der Bellen en su primera comparecencia como presidente electo. Y añadió: «Puedo decir que tú eres igual de importante que yo. Y que yo soy igual de importante que tú. Y juntos formamos esta bella Austria».
En las filas del FPÖ se rumiaba entre tanto la derrota. No tanto por parte del candidato, que incluso se anticipó al anuncio oficial del ganador con un mensaje a sus seguidores en Facebook en el que reconocía sentirse triste porque «me habría encantado haber podido velar por nuestro maravilloso país como presidente federal», como en la sede del partido. Hofer y el FPÖ mantuvieron sus esperanzas hasta el último minuto. El recuento de votos en urna terminó en empate técnico, aunque con una ventaja para Hofer de 144.000 votos. Faltaban por contar los emitidos por correo, unas 800.000 papeletas.
La noche iba a ser larga y el jefe del FPÖ, Heinz-Christian Strache la acortaba de plató en plató de televisión, primero exultante por la ventaja que le atribuían los sondeos a su candidato, lo que calificó como «triunfo de la democracia» y «ruptura del sistema costroso» creado por el bipartidismo.
Pero cuando el recuento dio un giro y las televisiones escupían pronósticos menos favorables, Strache empezó a arremeter contra los mensajeros, culpando a los medios de falta de objetividad y manipulación. «Todo esto me parece muy extraño», afirmó el líder del FPÖ, un partido que lidera como tercera fuerza la oposición parlamentaria a gobiernos de coalición entre los socialdemócratas (SPÖ) y populares (ÖVP).
De ellos proceden muchos de los votos que han aupado a Van der Bellen a la jefatura del Estado, pues lo que estaba en juego en la segunda vuelta de las elecciones no era situar al veterano ecologista en la jefatura del Estado sino impedir a toda costa que el FPÖ se hiciera con ella.
Según los datos de los institutos de análisis electoral, 208.000 ciudadanos que no acudieron a votar en la primera vuelta de las elecciones, el pasado 24 de abril, lo han hecho ahora y a favor de Van der Bellen. De los 515.000 electores que votaron por la independiente Irmgard Griss en la primera ronda, en la que quedó eliminada, 212.000 se fueron a Van der Bellen.
También los dos partidos en coalición de Gobierno apelaron a la movilización y al voto útil para impedir que el lobo con piel de cordero que presentaba el FPÖ lograra su objetivo y empañara el cargo de mayor relevancia del Estado con discursos teñidos de populismo y odio, contra el islam, contra los migrantes, contra los homosexuales, contra la Unión Europea. Hasta contra la inclusión de la mujer en las Fuerzas Armadas.
Dos tercios de quienes votaron en la primera vuelta por el candidato socialdemócrata, Rudolg Hundstorfer, es decir 334.000 papeletas se fueron a Van der Bellen y la misma tendencia se ha detectado entre los votantes del ÖVP. De los 446.000 seguidores que movilizó en la primera ronda el popular Andreas Khol, 224.000 han votado por Van der Bellen.
El presidente electo por tanto cuenta con el respaldo de un amplio abanico ideológico para llevar a cabo sus funciones e intentar ganarse la confianza de la mitad de la población que votó por su contrincante. Su mandato es por seis años, aunque es posible que no tenga tanto tiempo para salvar la fractura abierta en la sociedad austriaca con el apoyo del actual Gobierno.
Antes de confirmarse su derrota Hofer ya planteaba dos escenarios: El FPÖ accede a la jefatura del Estado y se produce (o provoca) una crisis de gobierno que obligue a adelantar las elecciones de 2018 con victoria del FPÖ o se agota la legislatura y prolonga el martirio al que está sometido el Ejecutivo hasta FPÖ asuma las tareas de gobierno en los comicios de 2018.
Van der Bellen llegó a la política desde la socialdemocracia, aunque en 1984 cambió de filas atraído por el movimiento de protesta de activistas de izquierda y ecologistas contra construcción de una central hidroeléctrica en la ribera del Danubio. Diez años más tarde, en 1994, obtuvo su primer escaño de diputado por Los Verdes, partido que llegó a dirigir y sacar de una profunda crisis.
A diferencia de su jovial competidor, Van der Bellen, no se pasea en bicicleta, no tiene afición por el deporte, fuma como un carretero y respeta su esfera privada tanto como la del prójimo. Ganará unos 24.000 euros netos al mes y contará con un equipo de 500 personas para ejercer las funciones que la Constitución asigna a la Jefatura del Estado, la mayor parte de ellas protocolarias.
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