Seísmo político en Austria ante la posible llegada de un ultra a Presidencia

Canarias 7, EFE, 20-05-2016

Austria celebra este domingo las elecciones presidenciales más importantes de las últimas siete décadas, en las que no sólo se decide quién ocupará este cargo eminentemente protocolario sino que se medirá el auge de los ultranacionalistas e incluso puede abrir la puerta a un cambio de Gobierno.

Tras ganar la primera vuelta el pasado 24 de abril, con el 35 % de los votos, Norbert Hofer aparece como el candidato con más opciones para hacerse con la jefatura del Estado y confirmar el ascenso de su partido, el euroescéptico y ultranacionalista FPÍ.

Su contrincante es Alexander Van der Bellen, antiguo líder del partido ecologista Los Verdes, que en la primera vuelta fue segundo con el 21,3 % de los votos.

El inesperado triunfo de Hofer causó un terremoto político de tal magnitud que ha provocado la caída del hasta ahora canciller federal y líder socialdemócrata, Werner Faymann.

El Partido Socialdemócrata (SPÍ) y el Partido Popular (ÍVP), socios en la “gran coalición” de Gobierno, vieron como sus candidatos recibían un casi irrisorio 11 % de votos en abril.

Quedó confirmada así la caída en picado de popularidad de los dos grandes partidos que han dominado la política austríaca desde 1945.

Los socialdemócratas se han apresurado a buscar a un nuevo jefe de filas y canciller, Christian Kern, que es visto como un gestor moderno, alejado de la maquinaria del partido y con capacidad de unir los valores sociales con una política económica empresarial.

Un recambio para intentar frenar el malestar de gran parte de la población con los dos grandes partidos, su monopolio del poder y la incapacidad de poner en marcha grandes reformas.

Y eso pese a que Austria sigue siendo un país privilegiado en lo que a calidad de vida y economía se refiere, con una tasa de paro por debajo del 6 % y la cuarta renta per capita más alta de la Unión Europea (UE).

Las últimas encuestas dan a Hofer entre el 49 y el 57 % de los votos, frente a la horquilla de 43 – 51 que recibe Van der Bellen.

El candidato derechista ha advertido que, de ser jefe del Estado, no se limitará a las funciones protocolarias y de representación.

Ha prometido que vigilará la labor del Gobierno, le exigirá resultados concretos y que incluso lo cesará si no cumple con lo que él define como las “necesidades del austríaco medio”.

Llegado al extremo de celebrarse elecciones generales anticipadas – no están previstas hasta 2018 – la victoria del FPÍ parece casi segura, según las encuestas que le otorgan al menos un 30 %.

No sería la primera vez que el FPÍ toca el poder en Austria, ya que entre los años 2000 y 2007 (dos legislaturas) los derechistas gobernaron junto con el ÍVP.

Su entrada en el Gobierno incluso provocó sanciones diplomáticas contra Austria de parte de los demás socios de la UE.

El entonces líder del FPÍ, el ya fallecido Jörg Haider, gobernó durante años en la región de Carintia y durante su mandato se larvó el escándalo del Hypo Alpe Adria, un banco público que se usó para operaciones especulativas y que ha dejado un agujero de unos 17.000 millones de euros en las finanzas públicas.

La victoria de Hofer en la primera vuelta ha provocado una crisis de tal calibre en el SPÍ que este partido ya se está abriendo a la posibilidad de un pacto con el FPÍ, un tabú mientras Faymann estaba al frente.

El candidato nacionalista vende una imagen moderada, de defensor de las clases medias y bajas, y de los valores nacionales frente a la amenaza de la globalización, de lo extranjero y del supuesto dictado de Bruselas y de las grandes corporaciones.

Un mensaje que convence a muchos votantes, a quienes no parece pesarles los gestos xenófobos, la relativización del pasado nazi de Austria y el discurso nacionalista pangermánico de esta formación, que se denomina así mismo el partido “social – patriótico”.

Aunque pesca votos en casi todos los estratos sociales (menos entre las mujeres y la gente más formada) sus principales graneros electorales son los trabajadores, que se sienten abandonados por la socialdemocracia y el ámbito rural, muy tradicionalista.

Y también los jóvenes, que no ha conocido mucho más que una “gran coalición” tras otra y que parecen dispuestos a darle una nueva oportunidad a los populistas.

Ante este panorama sociopolítico, Van der Bellen tiene más limitado sus apoyos.

Son sobre todo los votantes ecologistas, buena parte de los socialdemócratas y aquellos conservadores que ven con temor la llegada de un partido como el FPÍ al poder.

Su discurso cargado de ironía, frente a la claridad y simpleza de Hofer, y su condición de intelectual de izquierdas, abierto a la llegada de refugiados y partidario del matrimonio homosexual, hace que muchos votantes de derechas y centro prefieran no votar o incluso apoyar a un derechista declarado como Hofer.

En todo caso, Van der Bellen ha tirado mucho del daño que un presidente como Hofer haría a la imagen de Austria en el exterior.

“No quisiera que Austria sea el primer país del Occidente europeo que tenga en su cúspide un populista de derecha y nacionalista alemán (…)” ha advertido.

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