El detenido por el atropello en Marbella se dio a la fuga porque le entró pánico

Capper admite que estuvo bebiendo y lo achaca a un nuevo varapalo judicial que le prohibe salir de España por el caso de la joven desaparecida

Diario Sur, Héctor Barbotta, 12-05-2016

Westley Capper reconoció los hechos. Cercado por la investigación de la Policía Local, el hijo del multimillonario inglés John Capper admitió en el juzgado que se dio a la fuga tras el atropello que le costó la vida a Fátima Dorado Para, una inmigrante boliviana de 40 años que deja a tres niños huérfanos de madre, el más pequeño de sólo 12 meses. Capper, además, está procesado junto a su fiel amigo Craig Porter por otro episodio de la crónica negra de la Costa del Sol, la misteriosa desaparición de la joven letona Agnese Klavina (30 años), que fue vista por última vez el 6 de septiembre de 2014 en la puerta de la discoteca Aqwa Mist, en Marbella, en compañía de los dos británicos.

El hijo del acaudalado empresario inglés vinculó de alguna manera los dos casos durante su declaración ante la titular del Juzgado de Instrucción número 2 de la ciudad, que lo envió a prisión. Según fuentes judiciales, Capper reconoció que estuvo bebiendo, pero lo achacó a la presión que supuso recibir el mismo día del accidente – el lunes – un nuevo varapalo de los tribunales por el caso de Agnese.

Al parecer, su abogado, Jorge Hoz, acababa de notificarle que habían desestimado su recurso contra la prohibición de salir del país, una de las medidas cautelares ordenadas por el Juzgado de Instrucción número 5, que investiga la desaparición de la joven letona. Capper recurrió esta decisión, que lo mantiene sin poder salir de España desde hace año y medio, y pidió autorización para viajar a Inglaterra, donde tiene a su familia. La Audiencia denegó su apelación. Así las cosas, admitió que era él quien iba al volante del Bentley oscuro con matrícula inglesa –Porter iba de copiloto– que atropelló a Fátima Dorado en el cruce entre la calle Juan Vargas y el bulevar de San Pedro Alcántara. Capper declaró que había un vehículo parado que obstaculizaba el carril y que, al rebasarlo, no pudo ver a la mujer, que cruzaba en esos momentos por un paso de peatones. El volante a la derecha, dijo, le restó visibilidad.

Aunque en su declaración ante el juez negó que fuera a alta velocidad, las pruebas periciales realizadas por la Policía Local han concluido que el coche iba a unos 80 kilómetros por hora, el doble del límite establecido en esa zona. El cuerpo de la víctima se desplazó a unos 30 metros del lugar del impacto. El británico manifestó que, cuando se dio cuenta de que la había atropellado, sintió «pánico», se bloqueó y entró en estado de «shock», según las fuentes consultadas. «No pude pensar, no era consciente. Ocurrió todo muy rápido», detalló en su declaración judicial. En vez de detenerse y auxiliar a Fátima, piso el acelerador y se marchó del lugar.

Condujo hasta el centro comercial Diana, en Estepona. Dejaron el Bentley en la puerta y entraron en un restaurante y pidieron dos copas. La Policía Local, que había encontrado a tres testigos directos, le pisaba los talones. Encontraron el coche aparcado y comprobaron que tenía daños en la parte delantera izquierda. El motor aún estaba caliente. Preguntaron a los empleados de las tiendas, que les indicaron la descripción física de los ocupantes, indicándoles el camino que habían seguido. Los policías siguieron el rastro hasta el bar. Mientras identificaban a los sospechosos, escucharon por radio el desenlace del atropello. Fátima, que había entrado tres veces en parada cardiorrespiratoria, murió en el hospital.

En la prueba de alcoholemia, el británico arrojó una tasa aproximada de 0,70 miligramos por litro de aire espirado, casi el triple del máximo permitido, lo que añadió más cargos a su imputación. Capper, que duerme en prisión por estos hechos, está siendo investigado por los presuntos delitos de homicidio imprudente, omisión del deber de socorro, conducción bajo los efectos del alcohol y falsedad documental. En su confesión, se mostró arrepentido, pidió perdón por no parar y dijo sentirse «muy mal».

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