De sinagoga a mezquita

El Periodico, , 09-05-2016

Hay acuerdos comerciales cargados de una fuerte dimensión simbólica en los que al final triunfa el realismo. Es lo que ha ocurrido con la venta de la sinagoga Or Thora, en pleno centro de Marsella, a la asociación musulmana Al Bad que, 400.000 euros mediante, la convertirá en mezquita a lo largo de este mes de mayo tras el compromiso sellado entre las dos comunidades.

En los años sesenta del pasado siglo, los judíos de Argelia que se instalaron en Marsella eligieron el centro de la ciudad costera francesa para abrir sus comercios. También para fundar sus templos. Pero, con los años, se fueron trasladando a otros barrios y la sinagoga de la calle Saint Dominique, cerca de la estación de Saint Charles, acabó teniendo más gastos que fieles.

Si antes se contaban hasta cien personas en la emblemática sinagoga creada por los sefardíes de Tlemcen en 1967, hoy en día ya solo abre los sábados por la mañana. Durante la última celebración del Yom Kippur, el pasado septiembre, apenas había veinte fieles, cuenta en el diario La Provence Robert, su secretario.

Algunos han muerto, otros se han mudado a diferentes barrios y aquí ya casi no quedan comercios judíos. Es difícil seguir así y también es difícil encontrar rabinos. Además, como los sábados está prohibido coger el coche, tienen que caminar durante una hora, explica.

Robert se cruzó el año pasado con un joven de la asociación Al Badr que le propuso hablar con los responsables musulmanes. Así empezó la negociación. Luego pidió el visto bueno de la autoridad rabínica para cerrar la venta. “Lo hice de buen grado porque seguirá siendo un lugar de culto y, además, nosotros y los musulmanes tenemos el mismo patriarca. Prefiero eso a ver la sinagoga convertida en almacén”, reconoce.

La población musulmana es hoy mayoritaria en el barrio y la judía se ha movido a otras áreas de la ciudad, así que con la operación las dos partes salen ganando. Los musulmanes, que desbordan una mezquita cercana durante la oración de los viernes, y los responsables de la sinagoga, que buscaban comprador para un edificio que ya no podían mantener.

Más allá de su aspecto anecdótico, la realidad muestra la falta de lugares de culto para la población musulmana del centro. El proyecto de construcción de una gran mezquita en Marsella está en punto muerto desde hace seis años y los responsables religiosos locales calculan que harían falta 5.000 plazas. El acuerdo con la sinagoga permitirá acoger hasta 250 personas de confesión musulmana.

En la ciudad convive una de las comunidades judías más importantes no solo de Francia sino también de Europa (70.000 personas) con 220.000 musulmanes, de ellos 70.000 practicantes, según datos recogidos por Le Figaro.

No es más que una cuestión de sentido común. Es un acuerdo comercial. Una mezquita es un edificio y una sinagoga es un edificio. No hay que convertirlo en un problema de sacrilegio. Además, ¿dónde está escrito que judíos y musulmanes no puedan hacer negocios? Los hacen desde la época del profeta!, señalaba el responsable de la mezquita Bilal, próxima a la sinagoga, Moussa Koité.

No veo nada negativo en esta operación. Es cierto que a las familias les da un poco de pena, pero le rezamos al mismo Dios, el del amor y la fraternidad, y espero, por supuesto, que sea el lugar de tolerancia y hermandad que necesitamos, comentaba por su parte el presidente del consistorio israelí de Marsella, Zvi Ammar.

La asociación Or Thora empleará el dinero de la venta para abrir una nueva sinagoga en otro barrio, mientras que la nueva mezquita pretende abrir sus puertas coincidiendo con el Ramadán que empieza en junio. Espero que la importancia dada a este acontecimiento consolidará los lazos entre todas las comunidades, resumía el secretario de la sinagoga.

Sólo el Frente Nacional ha puesto la nota discordante en este asunto al comparar la historia de la sinagoga marsellesa con la de Santa Sofía de Estambul, convertida en mezquita en 1453 cuando los otomanos provocaron la caída de Constantinopla.

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