Hijos de Erasmus

El Periodico, , 16-04-2016

Algunos tienen más de 20 años y otros aún son bebés, pero todos tienen un rasgo en común: son los primeros en materializar el ideal de la integración europea en el momento en que la Unión hace aguas por todas partes. Son los ‘hijos de Erasmus’, el millón de descendientes de las parejas formadas en el programa de intercambio universitario.

Para disgusto de Eco, si aún viviera, Inés y Tomás, no se sienten europeos por encima de todo. Queda mucho trecho por recorrer. El peso del lugar de nacimiento es aún importante. Ni españoles, ni catalanes ni holandeses, en primer lugar se sienten flamencos y su primera lengua es el flamenco, cuenta Anna, para quién el refuerzo de la idea de Europa es imprescindible y debe pasar también por la escuelas. La Unión nació para acabar con las guerras que habían desangrado el continente y ante los nuevos conflictos y la amenaza terrorista es más necesaria que nunca, opina.

Muchas veces se ha acusado al programa de ser sinónimo de juerga perpetua. Orgasmus le llaman algunos. Cada uno que se financie sus fiestas. Todos sabemos los Erasmus a lo que van: A no pegar ni chapa, aprobar dos cursos de golpe porque básicamente te regalan los aprobados y pegarse más fiestas que Paquirrín", escribía un lector de un medio digital cuando se habló de suprimir las becas.

La verdad es que es muy eficaz como factoría de parejas. El mismo estudio de la Comisión Europea que evalúa en un millón el número de ‘hijos de Erasmus’, revelaba que uno de cada tres estudiantes habían encontrado pareja en su paso por el programa. Ya quisieran Tinder o eDarling alcanzar este ratio. Sus protagonistas se toman con humor el apelativo ¿Qué tendrá de malo el orgasmo?, se pregunta uno. Pero todos coinciden en que es mucho más que farras.

Erasmus te sirve sobre todo para aprender a integrarse en una sociedad que no es la tuya. Cualquier persona debería tener una experiencia profesional o formativa en un país extranjero. Es una manera también de descubrirse a sí mismo y ver de qué se es capaz, desarrollar el instinto de supervivencia y crecer un poco más. Quién así opina es Isabel Moya Caballero, una madrileña que sabe muy bien de lo que habla.

Isabel conoció a su actual marido, el francés Bertrand Fournier en un parque de la ciudad sueca de Gotemburgo. Ambos participaban en un juego con colegas de beca de diversas nacionalidades. Empezamos a hablar pero yo no le entendía muy bien. Hablaba un inglés casi inventado, así que me limitaba a asentir con la cabeza, y creo que eso le dio esperanzas…, rememora. Al final acabó aprendiendo francés y juntos iniciaron una aventura vital y laboral que les ha llevado a París, Alcalá de Henares, un pueblecito de Guadalajara y a la Guyana francesa, donde Bertrand llegó de la mano de una empresa aeroespecial gala. Allí cuidan de Inés (8 años), Olof (6 años) y Kourou Mateo (19 meses). Con ellos hablan en francés y español pero nunca mezclando los dos idiomas en la misma frase. Los niños son bilingues. Se sienten españoles y franceses, añade.

La igualadina Mireia Prat y el berlinés Jacob Krüger también se conocieron en su beca en una universidad sueca. Ahora viven felizmente en la capital de lAnoia junto al pequeño Max, de 18 meses. Espero que tenga una vida plena, llena de enseñanzas y aventuras, aunque su madre esté triste porque lo tiene lejos, le desea Mireia.

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