Vázquez-Figueroa: «Los políticos españoles son más peligrosos que los yihadistas»
Canarias 7, , 14-04-2016Tras haber sido testigo de numerosas guerras, este aventurero e inventor solo le tiene miedo a una cosa; los efectos de la vejez. Por ello, Alberto Vázquez – Figueroa (Tenerife, 1936) se ha tomado la libertad de tratar en su última novela, La barbarie, los problemas mas sangrantes de un mundo que lo trae de cabeza, incluyendo el fundamentalismo islámico.
Dice que no piensa atrincherarse en un escondite, como hizo Michel Houellebecq cuando publicó su novela de política ficción Sumisión, en el que un partido musulmán gobernaba Francia. «Ya estuve en seis guerras. Me pegaron todos los tiros que tenían que pegarme y, si vas a tener miedo a que te peguen un tiro, es que ya te has vuelto un viejo cobardica», comenta el escritor. «Tengo el pellejo muy arrugado. Cuando era buen mozo no me dio miedo perderlo, ahora menos aún», dice contundente.
«Entre el hecho de que llegue un yihadista y me pegue un tiro y que empiece a sentirme mal con todos los problemas de hacerme viejo, prefiero un tiro y morir tal y como viví y diciendo siempre lo que pienso», comenta rotundo en una intensa conversación telefónica.
Los años y sus millones de libros vendidos le han dado una libertad que ejerce con un discurso desafiante. «Para mí son más peligrosos los políticos españoles que los yihadistas musulmanes. Los políticos españoles – añade – hacen tanto daño de manera ladina que prefiero enfrentarme a los violentos musulmanes que a los miserables de los políticos españoles».
La certeza de que los poderes públicos son responsables de lo que ocurre, los convierte en uno de los protagonistas de La barbarie. «Es una novela sobre los problemas que estamos viviendo en estos momentos en el mundo; por un lado, los yihadistas; por otro, los políticos; por otra parte, esta pobre gente de los refugiados y los miserables no saben cómo acabar con ellos», sostiene Alberto Vázquez – Figueroa, cuya visión del futuro panorama europeo no dista mucho de la planteada por Houellebecq. «El mundo musulmán se está expandiendo – no solo violentamente a través del miedo – sino numéricamente y de forma geométrica. Los cristianos nos estamos reproduciendo de forma aritmética y llegará un momento en que Europa será musulmana porque cada musulmán tiene 5 ó 6 hijos, y cada cristiano 1,3 hijos, una cifra con la que no se llega a reemplazar ni a sus predecesores».
De hecho, dice que esta expansión ya es visible en países como Francia, Bélgica y Alemania. «En Francia hay 20.000 mezquitas. Es verdad que son pequeñas, pero allí están», comentó el escritor sobre lo que él define como el mayor problema al que se tendrá que enfrentar Europa en las próximas décadas. En este sentido, según su teoría, Latinoamérica será «el refugio del cristianismo».
Los refugiados son otra de las preocupaciones del autor. En su opinión, «los políticos europeos están dejando que mueran en el mar porque saben, que si llegan, a la larga, se rebelarán y el arco políticó se reducirá a la extrema derecha, tipo Le Pen, y a las opciones musulmanas. A los políticos mediocres nadie les va a votar y les está dando terror», sostiene el escritor que, a lo largo de su vida, ha vendido más de 25 millones de libros en todo el mundo.
Vázquez – Figueroa se escandaliza de la pasividad de los españoles ante los abusos de los corruptos. «Aquí no dimite nadie. Ves a un político español en la televisión y tiene la cara de piedra. Mienten con absoluto descaro. En toda mi vida, y mire que he conocido políticos y gobernantes, solo he conocido a dos políticos decentes; Héctor García Godoy, de República Dominicana, que murió envenenado, y a Adolfo Suárez. De cientos que habré conocido, solo dos decentes. El porcentaje es muy malo», comenta el autor, indignado con las revelaciones de los papeles de Panamá. «Tienen el dinero en paraísos fiscales, tienen yates de lujo y, si van a la cárcel, al día siguiente están en su chalet de Baqueira Beret», lamenta el autor. Esa laxitud fiscal no se aplica a la gente honrada que, en su opinión, es perseguida por el fisco de forma implacable, empujándola a la ilegalidad. «Hacienda se lo lleva todo para pagarle a los mismos políticos. Lo que hace Hacienda es un crimen. Al final convierte a gente decente en ladrones, porque ves que es para pagar a políticos corruptos, en carreteras y aeropuertos que no funcionan o en desaladoras que no se han hecho. Narbona se gastó 3.200 millones en desaladoras provisionales y solo funcionan seis. El dinero ha desaparecido», afirma rotundo.
De hecho, el escritor mantiene un pulso con el fisco. «el director del gabinete de la secretaría de Estado de Hacienda, José María Buenaventura, estuvo persiguiéndome durante años y, de repente, se descubrió que se había gastado 63.000 euros de las tarjetas black que sabían que eran ilegales», comenta el autor que actualmente tiene entre sus objetivos primordiales «hacerlos enfadar». Al fin y al cabo, no tiene nada que perder. «Nunca he sido bien recibido en ninguna parte», asegura siempre rotundo.
(Puede haber caducado)