De refugiadas a esclavas en clubes libaneses
Desarticulada una red de proxenetismo que captó a 75 mujeres sirias para prostituirlas
El Mundo, , 10-04-2016Los testimonios publicados por la ONG Agenda Legal demuestran cómo 75 refugiadas sirias liberadas la semana pasada fueron engañadas, golpeadas, torturadas, violadas, forzadas a prostituirse, a abortar y vivir encerradas sin ver la calle durante meses e incluso años. Todo ello fue posible por la inacción de las autoridades y la situación de indefensión en la que se encuentran muchas de estas jóvenes. Fueron captadas en Siria o Líbano bajo la promesa de un futuro mejor en forma de matrimonio o un trabajo en restaurantes que les permitiera mantener a sus hijos.
Sally es el pseudónimo de una de las cinco jóvenes que consiguió escapar y dirigirse directamente a la oficina local de Hizbulá y no a una comisaría porque no se fiaban de la policía. «Llegué a Líbano tras perder a mi familia en la guerra», relata esta joven que ahora tiene 27 años. Una tarde en Beirut hace más de dos años, conoció a «P.», también sirio y uno de los hombres clave de la trama cuyo nombre aparece en el relato de varias chicas.
A Sally la convenció diciendo que «se había enamorado» de ella, que quería casarse y así ayudar a Sally y a su hijo. Al poco tiempo, «P.» la llevó a Chez Maurice, un burdel en la localidad de Maamelten, situada en la bahía de Junieh y 20 kilómetros al norte de la capital. Allí fue encerrada y golpeada hasta que se resignó a no exigir más su libertad. Forzada a prostituirse y sin posibilidad de escapar, recibía a hombres siete días a la semana, desde las seis de la tarde hasta altas horas de la noche.
Desmantelada en dos redadas policiales, se trata de la mayor red de tráfico humano creada en Líbano en más de 10 años. «Solemos descubrir otros casos con regularidad, pero nunca de este tamaño», explica el portavoz de las Fuerzas de Seguridad Interior (FSI) Joseph Mouallem. Tras ser liberadas, las chicas han pasado a estar bajo la tutela de ONG. La portavoz de ACNUR, Lisa Abou Khaled asegura que «las mujeres serán reasentadas en terceros países».
Ninguna de las mujeres era menor de edad en el momento en que fueron liberadas pero algunas sí lo fueron durante su encierro. La más joven tiene 18 años y dos meses, por lo que Mouallem asume que «algunas eran menores en el momento de ser captadas». Dice que ninguna de ellas cobraba dinero, y que «vivían en una situación de esclavitud».
La red de captación escogía aquellas mujeres que se encontraban en una situación de indefensión. Antes de encerrarlas, los explotadores querían saber si las chicas «estaban casadas o divorciadas», vivían solas o habían perdido a su círculo familiar más estrecho en la guerra en Siria. A su llegada al burdel, a algunas chicas sólo les daban una exigua ración de comida diaria «porque su cuerpo no era deseable para los clientes».
Serena tiene también 27 años y se marchó de Siria hace tres meses después de conocer a un hombre que le pidió matrimonio e irse con él a Líbano. Tras varios días en el país, la llevaron a Chez Maurice y sufrió el mismo proceso que Sally. Le pegaron hasta que respondió que estaba dispuesta a prostituirse. Los captores solían golpear a las mujeres con palos en los pies y otras partes del cuerpo que dejaban marcas menos visibles. «A veces los clientes nos preguntaban qué nos había pasado, pero ninguno hacía nada», explica Sally. Los proxenetas también usaban látigos con los que les laceraban la piel si no conseguían suficientes propinas o clientes.
La red contaba con la colaboración de un ginecólogo cuya clínica ha sido cerrada y su licencia revocada. Tras su detención, la policía informó que había admitido haber llevado a cabo más de 200 abortos a las mujeres sirias. Samar explica que como «algunos clientes no aceptaban usar condones», tuvo que empezar a tomar anticonceptivos. Fue durante ese periodo en que comenzó a sufrir hemorragias, y los posteriores análisis revelaron que tenía «una severa infección sanguínea». Amnistía Internacional advertía en un informe en febrero que las refugiadas sirias en Líbano se enfrentaban a mayores riesgos de explotación sexual. Por desgracia, acertaron.
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