«Los ojos de los refugiados sirios están cargados de dolor»

Marisol Hernández es murciana, vive en Escocia y trabaja como voluntaria en la ONG Edinburgh Cares, que ayuda a parte de los 500 exiliados que han llegado al país desde noviembre y donde está previsto que recalen otros 4.500 en los próximos cuatro años

La Verdad, Raúl Hernández, 10-04-2016

«Sus ojos revelan que han visto y padecido situaciones que ningún niño debería ver ni sufrir. A pesar de estar en un país seguro, no sueltan la falda de su madre, ni siquiera cuando les ofrecemos un juguete e intentamos hacerles entender que lo peor ya ha pasado y que están a salvo. Pero el viaje, y sobre todo la ruta en el mar, les han arrebatado parte de su niñez. Es muy triste».

Marisol Hernández tiene 26 años y vive en Escocia. Viajó allí desde Murcia hace cuatro años con la intención de aprender inglés y volver, pero Edimburgo le atrapó. Encontró trabajo y una casa rápidamente, conoció a su pareja actual y fue empapándose de las virtudes de un país que ha demostrado su solidaridad en la crisis de los refugiados sirios acogiendo a 500 hasta la fecha y que irá incrementándose durante los próximos cuatro años, hasta los 5.000.

«Este país tiene algo más de cinco millones de habitantes, que es la misma población que hay en la Comunidad Valenciana. Desde el principio se puso a la cabeza en la recepción de personas que huyen de Siria. Mientras, en España, con más de 46 millones de habitantes acogerá a 15.000 y hasta ahora solo ha recibido a doce. Me sonroja la actitud de mi país, de cómo ha gestionado este drama humanitario poniéndose de lado. Esta tragedia se escribirá en los libros de historia y también avergonzará a nuestros hijos y a nuestros nietos cuando la estudien».

Desde hace seis meses Marisol ayuda como voluntaria en la ONG Edinburgh Cares en el realojo de los refugiados sirios y en la organización de eventos para recaudar dinero y ropa.

«En general los escoceses son personas muy solidarias. No hace falta esforzarte mucho para lograr que las empresas, los comercios y la gente apoye cualquier iniciativa en favor del medio centenar de personas que han llegado».

El pasado 17 de noviembre el aeropuerto de Glasgow recibió a los primeros 200 refugiados. Su llegada venía precedida de los terribles atentados de París cuatro días antes. Sin embargo, los escoceses quisieron dar un ejemplo de fraternidad y en todos los rincones de la nación se pudieron ver muestras de cariño antes de su llegada. Los acogidos de ese primer vuelo fueron trasladados a la isla de Bute donde poco a poco se han ido integrando en una comunidad de unos 7.000 vecinos que desde un principio les abrieron las puertas. El resto llegó hace tres meses y han sido realojados en pisos de acogida de las ciudades de Glasgow y Edimburgo.

«Fue muy emocionante. Aparecieron decena de campañas en televisión y radio y las ciudades se empapelaron con carteles con el lema ‘Refugiees Welcome’ dándoles la bienvenida. En las redes sociales se creo un hashtag#WeHaveRoom con el que la gente les decía a los recién llegados que aquí había sitio para ellos. Padres con hijos sujetando pancartas, niños con flores, personas mayores con carteles, jóvenes con la cara pintada…todos se volcaron. Varias ONG’s nos unimos y les atendimos a píe de pista cuando bajaron del avión.

Una de las marcas que te dejan cuando tienes el primer contacto con ellos es el choque que sientes ante el dolor con el que llegan, aunque parte de ese sufrimiento no es físico, sino emocional al sentirse incomprendidos y con la angustia de ver que Europa les rechaza, les discrimina, les maltratan, les pegan y ahora, les matan deportándolos a Turquía. Todo por ser víctimas de una terrible guerra y elegir intentar vivir lejos de su país. La otra opción es quedarse para morir y ver morir a su familia degollados, violados, quemados o ahorcados. Si la gente lo pensara, cualquiera huiría de ese infierno aunque en el viaje corran el riego de hallar otro abismo, como el que la Unión Europea ha decidido ahora arrojarlos».

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