Cartas a la Dirección
Nuestros mayores, nuestro baluarte Migrazioa
Diario de noticias de Gipuzkoa, , 09-04-2016Quiero reflexionar sobre el tema de las personas mayores. En nuestra sociedad este colectivo sigue creciendo debido, principalmente, al descenso de natalidad y al avance de la medicina. Y todavía no hemos sido capaces de organizarnos lo suficiente para hacerles un espacio, con justa consideración a su fragilidad y dignidad.
Siempre he sentido un profundo respeto y agradecimiento hacia ellos. A menudo, son un pilar fundamental en la tarea educativa de los nietos. A esa labor de “canguros” por obligación, a ese soporte económico de los hijos, a los que muchas veces dan de comer, sin embargo, con frecuencia y, tristemente, se responde marginándolos y sintiéndolos como un peso para la familia. Intentamos ignorar la vejez, no verla, como si fuese una enfermedad; de esta manera “invisibilizamos” a nuestros mayores. Nos olvidamos de que ellos tienen una historia de vida, de que nos cuentan sus experiencias, nos enseñan y a su vez nos allanan el camino para seguir sus pasos e ir avanzando.
En la actualidad, la vejez sólo conlleva aspectos negativos como la decadencia, la pérdida progresiva de capacidades, autonomía y afectos. Nosotros como nuestros descendientes debemos aprender a mirar al anciano con respeto, admiración y confianza, alguien a quien acudir para pedir consejo sobre las cuestiones de la vida. Considero necesaria una enseñanza que ponga en marcha proyectos educativos que inculquen a nuestros hijos desde pequeños a valorar al adulto mayor como un “recurso” más que como un “problema”, para que cada uno se sienta protagonista y ninguno sea excluido porque se le considere inútil. No podemos ignorar que los medios de comunicación no contribuyen a dar una imagen favorable de la vejez plena. Al contrario, en cierta manera se hace mofa de la ancianidad, se desprecia la senectud y se idolatra la eterna juventud. Se nos presenta como ideal de vida una adolescencia despreocupada e informal, y se considera que hay que vivirla intensa y llena de emociones.
He tenido la suerte de hablar con algunas personas mayores que me han expuesto su visión de cómo se sienten y me ha llamado la atención que coinciden en muchos datos. Sienten que muchas veces se les grita por el mero hecho de haber perdido audición o de que se les trata como si fuesen niños pequeños, o que solo se les dan órdenes y comentan que lo harían más a gusto y mejor si les pidiesen con un poco más de respeto y paciencia. Hicieron referencia también a cómo se sienten engañados cuando un familiar les comenta que vendrá a verlos pero esa visita no se lleva a cabo lo que les genera falsas expectativas.
Es muy positivo compartir emociones con nuestros mayores, transmitirles que no les olvidamos nunca, que es justo devolverles algo de la ilusión que ellos tantas veces nos han dado. No sé si esta carta contribuirá a concienciarnos y sensibilizarnos un poco más; a que no olvidemos que la familia es siempre uno de los pilares de apoyo que tienen las personas mayores.
La ancianidad está en nosotros: en el presente, en el futuro, dentro de poco, dentro de mucho, incluso si no lo pensamos. Y si no tratamos bien a nuestros ancianos y no inculcamos estos valores a nuestros hijos, ellos tampoco aprenderán a hacerlo.
Pertsonen migrazio masiborako arrazoien atzetik beti dago erabaki politikoa. Zumarragako Arcerol Mittaleko langile guztiak Asturiasera eramatearen atzean, erabaki politikoa dago. Gauza bat da norberaren bizi maila hobe – tzeko, ikasteko eta mundua ezagutzeko etxea uztea; eta beste bat, auskalo nongo agintariek erabakitzea pertsona multzo baten paketea hartu eta beste lurralde batera eramatea.
Horietako asko seguruenik lehendik ere emigranteak edo halakoen seme – alabak dira. Euskal Herrian finkatu dira, euskara ikasi dute eta euren seme – alabak ikastolara eraman dituzte. Halako batean, familia hartu eta Asturiasera joan behar dute, bablea ikasi eta eurek erabaki ez dutena onartu behar dute. Ondoren, Euskal Herrira etorriko diren beste batzuekin hasiko da zikloa.
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