Turquía, entre la solidaridad y la desconfianza

La Vanguardia, Ricardo Ginés, 06-04-2016

Bruselas desea atajar el flujo masivo de refugiados hacia Europa y ha convertido a Turquía, tras el acuerdo alcanzado en marzo, en su tabla de salvación. O eso parece. Pero no va a ser fácil. La primera deportación masiva —202 desplazados devueltos a Turquía— tuvo lugar el lunes y hoy se espera otra más.

Pero ayer el disgusto provocado por los planes de creación de enormes campos de refugiados fue de nuevo palpable en el país euroasiático. Ya la semana pasada los habitantes de Dikili, a cuyo puerto en el oeste de Turquía llegaron los primeros centenares de expulsados del sueño europeo, protestaron.

Ayer fueron los habitantes de la provincia de Kahramanmaras, en el sur, los que alzaron su voz contra la creación de una “ciudad contenedor” para unos 27.000 refugiados sirios. “No hay que pasar por alto que el área destinada a los enormes campamentos en Kahramanmaras está dominada por pueblos de mayoría aleví y que la zona conoció un pogromo de alevíes a manos de suníes en 1978 —en la que confluyen también motivos políticos, aparte de religiosos— y en la que murieron un centenar de personas. La gente de allá no lo ha olvidado, es un trauma, y no se siente segura si refugiados sirios —en su mayoría suníes— se asientan cerca”.

El que así reflexiona es el veterinario Özgür Öztürk, iniciador de un grupo de solidaridad —no de ayuda, puesto que el concepto es “jerarquizante”, enfatiza— con los refugiados en Ayvalik, en el oeste de Turquía. Porque no solo hay muestras de rechazo hacia los desplazados en Turquía, sino que numerosas son también de bienvenida. Sobre todo después de que la foto del niño Aylan Kurdi —postrado sin vida sobre la arena de una playa turca— se hiciera mundialmente famosa el verano del año pasado, el sentimiento de solidaridad se ha hecho acuciante.

“La imagen de Kurdi, tan repetida en las redes sociales entonces, también nos apesadumbró. Teníamos un foro de discusión abierto, de democracia de base, a raíz del movimiento Gezi (protestas antigubernamentales de 2013), y decidimos tomar cartas en el asunto”, explica Öztürk.

Dicho y hecho: los integrantes del foro se dirigieron a las diferentes autoridades en Ayvalik que tienen relación con los refugiados. Supieron pronto —para su sorpresa, puesto que no se ven desplazados en las calles— que Ayvalik es un importante punto de transferencia de emigrados —del orden de diez mil detenidos el verano pasado; afganos, iraníes, kurdos y sobre todo sirios– hacia otras partes del país. Entonces se interesaron por las carencias de los refugiados.

Una vez establecidas las necesidades, el Foro Ayvalik hizo un llamamiento a la población civil, sobre todo a través de las redes sociales. Se necesitaban urgentemente abrigos en invierno y agua con el calor. Compresas para mujeres, leche para bebés y pañales siempre. Cientos de personas —y no solo de Ayvalik y de toda clase y condición— respondieron y comenzaron los envíos en otoño del año pasado.

Ahora, el núcleo duro de los voluntarios es un pequeño grupo de 15 o 20 personas en la ciudad. Con las primeras entregas, han ido guardando lo que reciben en un depósito a la espera de las demandas de los que tienen a cargo el traslado de los refugiados. La comunicación es fluida con las autoridades y las necesidades se intentan paliar lo mejor que se puede, a menudo improvisando.

“Ayer por ejemplo, nos llaman desde la policía. Se nos dice: son unos cuarenta y cinco refugiados, tantas mujeres, tantos niños. Tienen estas necesidades”, explica Öztürk que el procedimiento es ya habitual. “Luego lo colgamos en el grupo de Whatsapp, esperamos la respuesta, viene la gente, y lo entregamos”, añade.

–¿Y cómo responden los refugiados?

–Lo agradecen a veces, pero los refugiados no hablan mucho, no quieren resultar un lastre. Sólo lo hacen cuando realmente necesitan algo –comenta Öztürk.

Tiene una voz pausada y las ideas claras. El acuerdo entre Bruselas y Ankara le parece “de escándalo, odioso”. Pero no sólo acusa a Europa: “También el Gobierno turco es culpable, porque ha contribuido a crear la guerra en Siria”.

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