«No me puedo creer que nos estén haciendo esto»

Las primeras expulsiones de refugiados disparan las peticiones de asilo en Grecia, pero no frenan las llegadas desde Turquía

La Voz de Galicia, LETICIA ÁLVAREZLa Voz en Lesbos,, 05-04-2016

De madrugada y sin avisar, las autoridades griegas fueron embarcando una a una a las primeras 202 personas expulsadas a Turquía en tres embarcaciones. Los migrantes subieron la escalinata cabizbajos, cargando los pocos enseres que habían traído en su camino a Europa. Un intento de transmitir una imagen aseada de control, sin el dramatismo de mujeres o niños llorando en la oscuridad de la noche. Según las autoridades helenas, los deportados eran en su mayoría hombres de Pakistán y Bangladés que no habían solicitado asilo. Solo dos sirios pidieron la devolución voluntaria.

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A. L. C.
La ejecución del acuerdo entre la UE y Turquía sorprendió incluso a los activistas, que habían preparado una manifestación pero llegaron cuando el primer barco ya había partido. «Turquía no es un país seguro», reza la pancarta que colocaron en un edificio ante el puerto. La isla de Lesbos se había blindado de policías que temían un brote de violencia que, al final, no se produjo. Los deportados iban acompañados cada uno de un miembro de Frontex. Hasta la isla se acercaron también miembros del servicio de migración turco para revisar las listas de retornados.

En Karetepe, el campo de recepción donde malviven los que llegaron antes de la entrada en vigor del acuerdo con Turquía, la imagen de sus compañeros subiendo al barco provocó la indignación. «No me puedo creer que nos estén haciendo esto», explicaba Hammod. El joven ingeniero sirio tiene a su hermana detenida en el campo de Moria. «Ya ha pedido asilo. Es la única oportunidad que le queda».

La primera consecuencia de las expulsiones ha sido el aumento de las peticiones de asilo entre los que están retenidos en campos, según el representante de Acnur, Boris Jeshirkov, quien aseguró que el Alto Comisionado de la ONU ha pedido hacer seguimiento a los refugiados en territorio turco. Según dijo, la mayoría de los 2.800 agolpados en Moria [sirios, iraquíes y afganos] han mostrado su voluntad de empezar con los trámites.

«Odio decir esto, pero eran casos fáciles» denunció Eva Moncure, una portavoz de la agencia europea que gestiona las fronteras exteriores de la UE. En Dikili, el puerto turco donde eran esperados los primeros expulsados, todo se desarrolló también sin contratiempos. La misma imagen de desdramatizada calma. Los funcionarios turcos subieron a los barcos y estrecharon la mano a los agentes de Frontex. Los inmigrantes fueron conducidos por una pasarela protegida por vallas a una carpa instalada en el mismo puerto donde se les tomaron las huellas y se les hizo un chequeo médico. Luego, a los autobuses rumbo a campos situados en Kirklareli, cerca de Bulgaria.

El nuevo escollo con el que se puede encontrar el acuerdo con Turquía pasa por la tramitación de las solicitudes de asilo. Según la ley aprobada por el Gobierno heleno, no puede demorarse más de 15 días. Sin embargo, las comisiones para revisar los expedientes no empezarán a funcionar hasta el jueves con un «programa piloto» en el que participarán 30 funcionarios y sus respectivos intérpretes. Si los plazos se incumplen se tendrían que parar las deportaciones.

El miedo a ser devueltos a Turquía y el aumento de las patrullas en el Egeo no impiden que sigan llegando a Grecia personas que huyen de la guerra. Unas horas antes de comenzar las devoluciones, desembarcaron en la isla de Lesbos 120 personas. Tan solo en el fin de semana, con la mejora de las condiciones meteorológicas, arribaron otras 1.400 personas.

Cuando la policía trasladó desde el campo de Moria a los migrantes devueltos a Turquía, el centro de retención se blindó de antidisturbios. Fue imposible acercarse a las vallas y mucho menos rodear el recinto. Las personas que paseaban a lo lejos intentaban saludar. Las organizaciones internacionales continúan denunciando las condiciones extremas en las que malviven los detenidos.

«Hay personas que nos han dicho que se suicidarán si son enviados de vuelta a Turquía, otras dicen que saltarán de los barcos», explica Simona Mortolini, la jefa del equipo de Save the Children en Grecia. «Están absolutamente desesperadas. Han vendido todo lo que tienen para pagar el viaje de Turquía a Grecia arriesgando sus vidas para cruzar el mar. Ahora no tienen donde ir porque en sus países de origen solo hay guerra», se lamentó.

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