Turquía, el final del viaje

El traslado de 202 emigrantes desde Lesbos hasta Dikili marca el inicio de las deportaciones masivas acordadas por Bruselas y Ankara

Diario Sur, DARÍO MENOR , 05-04-2016

De refugiados a deportados. Las 202 personas, en su mayoría paquistaníes y bangladesíes, que hicieron ayer el viaje de regreso desde las islas griegas de Lesbos y Quíos hasta Turquía, son las primeras víctimas del acuerdo al que llegaron Bruselas y Ankara el mes pasado para devolver al país euroasiático a los inmigrantes y refugiados atrapados en Grecia tras el cierre de la ruta balcánica. Las deportaciones continuarán al ritmo de unas 250 personas diarias. Las autoridades helenas esperan así disminuir el número de residentes del centro de acogida de Lesbos donde han sido recluidos los 2.000 inmigrantes llegados desde Turquía tras la entrada en vigor del tratado el pasado 20 de marzo.

Pese a que con este acuerdo la UE intentaba provocar un efecto disuasorio entre los refugiados para que cejasen en su empeño de llegar a Europa, durante el fin de semana arribaron a las costas griegas alrededor de 1.400 personas. Además, la Guardia Costera turca detuvo ayer una embarcación con 60 personas a bordo, en su mayoría afganas, que navegaba por las aguas del Egeo hacia territorio griego.

Con las primeras luces del alba, los 202 deportados ayer al puerto turco de Dikili zarparon de Lesbos y Quíos en tres barcos. El viaje de ida lo habían hecho jugándose la vida en lanchas muy precarias; el de vuelta, en medio de un gigantesco despliegue policial. De hecho, en cada nave por cada inmigrante había al menos un miembro de la Agencia Europea para la Gestión de las Fronteras (Frontex).

También participó en la operación un buen número de funcionarios turcos y de fuerzas antidisturbios griegas, que controlaron la manifestación convocada en Quíos por los vecinos de la isla para criticar las deportaciones. En Lesbos se registró igualmente otra protesta en la que participaron asociaciones de defensa de los derechos humanos, cuyos militantes mostraron carteles en los que podía leerse ‘Stop deportaciones’, ‘Parad este sucio acuerdo’ y ‘Europa, despierta’.

Un episodio «desastroso»

«Las deportaciones de hoy son simbólicas por muchas razones. Son el punto de partida de lo que ya se ha convertido en el episodio más desastroso de la política de asilo europea. Lo más inquietante es ver a quién le tocará a hora, quiénes serán los siguientes», se preguntó Gauri Vangulik, vicedirectora de Amnistía Internacional para Europa y Asia Central. «¿Y cómo reaccionarán? ¿Qué pensarán las mujeres y los niños sirios que están en el campo de refugiados de Lesbos cuando vean estas naves hacer el viaje de vuelta? Es un desastre. Espero que al menos se impida la deportación inmediata de los refugiados», comentó Vangulik.

Los sirios, iraquíes y afganos que han quedado atrapados en Grecia en su viaje hacia otras naciones europeas tras el cerrojazo de la ruta de los Balcanes rechazan de plano volver a Turquía, donde muchos dicen haber sido víctimas de malos tratos. Algunos incluso aseguran estar dispuestos a morir antes que regresar.

Aunque Yorgos Kyritsis, portavoz del Gobierno griego, aseguró que los deportados ayer no habían pedido asilo en su país, es común la queja en los centros de acogida de que no les brindan el tiempo y la información suficiente para poder hacerlo. En Lesbos ha habido una ola de peticiones en los últimos días para tratar de evitar las expulsiones. Kyritsis contó que entre las 202 personas devueltas a Turquía había dos sirios que debido a «motivos personales» optaron por no solicitar la acogida a las autoridades griegas.

Las ONG se quejan de la poca información ofrecida acerca de los inmigrantes que han sido obligados a retornar a territorio turco y sobre las pocas garantías de protección que encontrarán en este país. Ankara rechaza de frente estas acusaciones. En un curioso llamamiento, el primer ministro turco, Ahmet Davutoglu, instó ayer a la Policía de su país a mostrar con los inmigrantes y refugiados «la misma compasión» que con sus compatriotas. Que se echen a temblar, pues su Gobierno se ha acostumbrado a la brutalidad policial y al pisoteo de las libertades civiles.

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