La “casa de atrás”
La Vanguardia, , 28-03-2016Ana Frank tiene cuatro años cuando emigra con su familia de Alemania, cada vez más peligrosa para los judíos, a Holanda. En aquel momento los Países Bajos parecen un lugar seguro, pero en mayo de 1940 se produce la invasión. La familia Frank se esconde en la “casa de atrás” de la fábrica del padre, Otto, y allí permanecen durante casi dos años junto a cuatro personas más. Durante el encierro, Ana se desahoga en un diario, regalo de su 13.º cumpleaños. Cuando escucha por la radio al ministro de educación holandés llamando a conservar los escritos durante la guerra como testimonio para el futuro, Ana empieza a reescribir con la intención de publicar una novela. Nunca la acabó. Todos fueron detenidos. Ella y su hermana Margot fallecieron de tifus en un campo de concentración. A Ana la muerte le llegó apenas un mes antes de la liberación. Su diario es una narración estremecedora, cuya cercanía y sencillez ha facilitado su difusión a modo de vacuna contra la barbarie. Ahora, además, es material para un juego de evasión para adultos en Holanda. La iniciativa recrea la “casa de atrás”, de la que los jugadores deben escapar.
Cuando Hannah Arendt acuñó la expresión “banalización del mal” quiso explicar por qué “tantas personas normales” comulgaron con la monstruosidad del nazismo. Algunos individuos –apuntó– cometen actos crueles e inhumanos por asimilación grupal e incapacidad crítica. Si un avispado empresario holandés cree que un juego de estas características puede tener éxito en la sociedad que le rodea es que no hemos conjurado ese fenómeno. Violentos de ultraderecha irrumpieron ayer en el homenaje a las víctimas de Bruselas, mientras un bárbaro intolerante llamado Donald Trump llama a las puertas de la Casa Blanca. Incapaces como somos de discernir en sus inicios los movimientos que pueden marcar trágicamente una época, nunca es mal momento para reivindicar la lectura del Diario de Ana Frank.
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