Alemania y la extrema derecha
Diario Sur, , 21-03-2016Alemania, las elecciones regionales del domingo día 13 de marzo en tres de sus länder han confirmado lo que ya parecía inevitable: un nuevo partido de extrema derecha racista y xenófobo se ha convertido de facto en la alternativa a la actual mayoría de gobierno, formada por los dos grandes partidos, el conservador CDU/CSU y el socialdemócrata SPD. La joven formación Alternativa para Alemania, AfD, es ya la segunda fuerza en Sajonia – Anhalt, por detrás del CDU y por delante de Die Linke, que es tercero, y del SPD, cuarto. En Baden – Württemberg es tercero, por detrás de los Verdes y de la CDU, y en Renania – Palatinado es también tercero, aunque en esa región han resistido el SPD y la CDU, por este orden, que mantiene un claro liderazgo.
La razón más clara del declive de la coalición gubernamental ha sido sin duda la política compasiva de Merkel en materia de inmigración, manifestada en unas declaraciones en las que se mostró dispuesta a acoger a todos quienes llamaran a la puerta del país. Pero en circunstancias normales, la oposición a esta actitud probablemente excesiva de la canciller se hubiera canalizado a través del apoyo al SPD, el otro gran partido de gobierno. Pero al haberse aliado innecesariamente estas fuerzas hasta acaparar 503 de los 650 escaños del Bundestag, la oposición a las grandes políticas no se ha conseguido organizar a través de las minorías testimoniales de la Cámara baja, Die Linke y Los Verdes, y lo ha hecho mediante el surgimiento de un peligroso populismo emparentado con el Frente Nacional francés.
En los sistemas parlamentarios multipartidistas, lo razonable es que las fuerzas políticas configuren una dialéctica potente entre el poder y la oposición, de forma que esta controle a aquel y la ciudadanía pueda promover espontáneamente la alternancia cuando el gobierno de turno se desgaste más de lo tolerable. Por el contrario, las grandes coaliciones a la alemana bloquean y desvirtuan el pluralismo, desactivan el debate de ideas, fomentan la idea malsana del pensamiento único y terminan distanciando el proceso político de la ciudadanía.
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