Editorial de diario de noticias

La convivencia social en las aulas

El verdadero reto de la escuela navarra en clave de cohesión social no se juega en la inmersión lingüística sino en la corresponsabilidad de la red pública y concertada ante la población de origen extranjero, hoy muy desequilibrada

Diario de Noticias, , 21-03-2016

la convivencia lingüística y la inmersión se ha llevado gran parte del debate mediático y político coincidiendo con la prematriculación. Sin embargo, otra vertiente tan importante o más que ésta, la convivencia social, ha quedado en un segundo plano. A falta de los datos finales de la matrícula de este año, las estadísticas manejadas por el Consejo Escolar en su último informe son muy claras: un 83,71% del alumnado de origen extranjero se escolariza en la red pública y un 16,29% en la concertada. El total de este tipo de alumnado es más bajo que nunca (10.216 alumnos frente a 13.399 en 2011) pero al mismo tiempo el desequilibrio entre redes se ha acentuado sin precedentes históricos. Más que de redes habría que hablar de centros, ya que hay colegios de la red pública con un índice bajo y centros de la privada que realizan un importante esfuerzo educativo y social para trabajar con un alumnado que tiene unas necesidades educativas diferentes por su contexto socioeconómico y cultural. Pero, excepciones al margen y sabiendo que es un tema con causas y visiones complejas, la foto general sí debería motivar una reflexión y, quizá, una acción. En la vecina CAV se ha abierto recientemente un debate parlamentario que se ha saldado con la petición del Parlamento al Gobierno de elaborar un Plan Estratégico para la Escuela Pública con el doble objetivo de fortalecer a los centros que acogen a un mayor número de alumnos con dificultades por su desconocimiento de la lengua, problemas para adaptarse al ritmo escolar…., por un lado; y evitar la concentración de alumnado de origen extranjero en unos pocos centros, por otro. Es cierto que el factor residencial es determinante y que la anterior Administración, en su recelo ante el modelo D, tampoco promovió la apertura de la enseñanza en euskera a este tipo de alumnado, pero no se puede obviar que en Navarra tanto la red pública como la concertada reciben financiación pública y que esto debería devenir en una responsabilidad compartida también para asumir este fenómeno social. Respetando siempre la libertad de elección de centro pero garantizando que sea real. Una educación integral no consiste en ver a las personas diferentes en los materiales escolares o en vídeos, sino en el pupitre de al lado y el patio del colegio. Ahí si que Navarra se juega la verdadera convivencia y cohesión social de las futuras generaciones.

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